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Susana Giménez: "La única que sigo pendeja soy yo"

Una diva al rojo vivo.El jueves reestrena “La Mary”, película que filmó hace 40 años con Carlos Monzón y en la que se enamoraron. Aquí recuerda una fogosa historia, con violencia e infidelidades. Y cuenta cómo se ve hoy.
En su living. Susana recibió a Clarín en su casa, en un espacio deliberadamente kitsch.

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Walter Domínguez

“¡La única que sigo pendeja soy yo!”, grita Susana Giménez y larga una de sus carcajadas típicas. Se refiere a quienes participaron  en La Mary, la película que rodó en 1974, hace 40 años, que reestrena el jueves, y que la marcó para siempre. Una historia de amor, de locura y de muerte, sobre una joven humilde, que se enamora, que lucha por llegar virgen al matrimonio, que tiene premoniciones sobre la muerte de sus familiares y que termina envuelta en un crimen pasional.
Y una historia de amor, de locura y de muerte en su vida real, ya que en ese rodaje conoció a uno de los amores -si no, el amor- de su vida, con el que compartió la locura de los celos, las infidelidades y la violencia. Y que sólo terminó con la muerte de él. Claro, hablamos de Carlos Monzón, el recordado campeón del mundo de los medianos, que fue pareja de Susana durante cuatro años que los tuvo en el centro de todos los flashes, y que murió en un accidente automovilístico en 1995, luego de pasar unos años en la cárcel por el asesinato de su esposa Alicia Muñiz.
En el living de su casa de Barrio Parque -un living tan Susana, con su mesa con paño para jugar a las cartas, con su decorado deliberadamente kitsch-, la diva recibe en exclusiva a Clarín para hablar de por qué decidió apoyar este reestreno, sabiendo que tras él vendría la revisión de todos los recuerdos: los alegres y los dolorosos.
¿Lo hacés por plata?
No, por orgullo. El cine nunca fue muy importante para mí. Hice muchas comedias, algunas buenas y algunas mierdas inmirables. Pero esta fue la película que yo elegí y la única dramática.
¿Estás buscando que te reconozcan como actriz?
La verdad que no, porque yo sé que estoy bárbara en la película como actriz. Pensá que hago de una mina desequilibrada, hay que componer el papel. Porque si no siempre hacés de vos. Yo siempre hacía como soy yo, con el culito al aire, con toda la cosa física. En cambio, en esta tuve que actuar.
Antes de que entrara Monzón en escena, la historia del filme comienza con Susana leyendo en su cama un libro de Emilio Perina que tenía dos cuentos: La Mary y El fiscal. Susana decidió que tenía que llevar esa trama al cine. Se apoyó en su novio de entonces, el productor Héctor Cavallero, y en Mirtha Legrand. “Le dije a la Chiqui que me moría porque Daniel (Tinayre) dirigiera la película. ‘Venite a las cinco a casa, yo le digo’, me contestó. Y Daniel se enganchó con el libro de manera impresionante. Entre él y el hermano de La Chiqui (el director José Martínez Suárez) escribieron los diálogos.
Y el elegido original para protagonizar con Susana no fue Monzón, sino el italiano Terence Hill, actor de moda por los spaghetti western junto a Bud Spencer. “Lo llamé yo -recuerda Susana-, siempre la única que hablaba inglés. Pero no le dije que era la actriz, me hice pasar por una secretaria”. Resulta que Hill pidió 300 o 400 mil dólares -”una cifra impagable para una película argentina, aún hoy”, dice Giménez- y a Tinayre se le ocurrió llamar al campeón del mundo.
“No es un actor, es un boxeador, le dije -sigue Susana-, pero Daniel se lo había puesto entre ceja y ceja. Al final acepté, era un aditamento más. Tinayre creía que iba a ayudar a la difusión internacional, pero la verdad es que en Europa la película no funcó”.
Monzón, que venía de rechazar una propuesta para filmar con Pier Paolo Pasolini -”No, con ese puto no, me quiere tocar”, recuerda Susana cómo le había argumentado Monzón su negativa-, dio el sí.  Y  chocaron los planetas.
El primer encuentro de la dama y el campeón fue en el hotel Sheraton, en un cóctel para mostrarle la pareja protagónica a la prensa. Cuando Héctor Cavallero los presentó, Monzón le dio un beso en la boca a Susana, que se indignó. “¿Qué le pasa a este pibe? Es un guarango, me le quejé a Héctor. ‘El es así’, me dijo. Veía el negocio”.
¿Cuándo empezó el romance?
El rodaje duró tres meses y medio, supongo que  a los dos meses. Héctor se había ido a París, yo estaba sola. Y se dio. Había una cosa que iba in crescendo. Las escenas eran muy fuertes. El era muy agradable, muy simpático. Jugábamos juntos al truco contra los cámaras, los técnicos, me hacía reír. Y tenía un gran atractivo. Tenía un lomazo, a mí me gustan mucho los morochos y esa cara de indio que tenía, me parecía divina.
Hay algunos mitos de esa filmación. Uno es que en la escena en la que hacen el amor en un ascensor lo hicieron de verdad.
No, no. En el ascensor, no. Sí me acuerdo que fuimos al estreno de la película en Santa Fe, la provincia de Carlos, y en esa escena, como La Mary quería bomba todo el día, uno del público le gritó: “Tirá la toalla, Monzón”.
El otro mito es que cuando filmaban las escenas de pasión y alguien gritaba “corten”, ustedes seguían...
Sí, a veces sí. Es verdad, pero pasa en muchas filmaciones, también. ¿Qué calor hace, no?
No. Serán los recuerdos.
No, no. Cuando vos tenés atracción con la pareja que estás trabajando, suele ocurrir mucho esto. Esta película era muy fuerte.
¿Cómo ves a la distancia la relación con Monzón?
Fue una relación seria, buenísima, pero con altibajos. Y nos peleábamos mucho.
¿Te celaba o lo celabas vos?
El era muy celoso. Yo también, pero la verdad es que las minas se le tiraban encima. Y no cualquier mina, Ursula Andress, Natalie Delon, Marisa Mell, eran todas. Y el tipo tenía éxito porque era espléndido. Y aparte era campeón del mundo. Tenía una connotación sexual, la manera de caminar, de mirar. Y era muy mujeriego.
¿Por qué termina la relación?
El empezó a cambiar. Terminó su carrera, no tenía nada que hacer. Chupaba. Y cuando chupaba, se ponía muy agresivo. Y yo no iba a soportar una agresión. Hubo una sola, en Italia. Ya se había roto el enamoramiento y él estaba agresivo con todos. Si yo saludaba a alguien en el avión, él no me hablaba. Me la pasaba mirando para abajo. Y no soporté eso.
Siempre contás que él te fue infiel con una italiana. ¿Vos le fuiste infiel con Cacho Castaña? ¿Es verdad que Cacho se tuvo que ir en el baúl de un auto por miedo?
Sí, fue real. Fue una vez en Mar del Plata, ya estábamos casi en el final. Y yo ya no quería saber nada más, mentalmente había partido. Era violento, no disfrutaba ya.
¿Se vieron después de cortar?
No (es tajante). Yo no quise verlo, y mucho menos después de lo que pasó (se refiere al asesinato de Alicia Muñiz). Ni lo quiero tocar al tema, porque es muy feo. Y eso es todo producto del alcohol, de la falopa y de la gente que lo empezó a rodear.
¿Es el amante que más recordás?
No puedo decir eso, porque tuve muchos. Pero sí que era muy buen amante. Yo lo quise mucho, traté de mejorarlo muchísimo, aprendió muchas cosas. Le dieron un premio en Biarritz como el hombre más elegante de Europa. Y la verdad es que tenía un lomo increíble: flaco, altísimo, la ropa le quedaba fabulosa.
¿Y vos qué aprendiste con él?
Y, de boxeo. Aprendí dónde tengo que pegar para desmayarte.
¿Algo de su calle?
Ojo, que yo no soy una fifí. Yo soy muy canchera. Puedo ser amiga de Barack Obama como de un barrendero. Me gusta la gente interesante. El era una persona muy generosa. Venía a casa, ya cuando dormía conmigo, y preguntaba quién hacía las compras, porque él quería dejar la guita, porque no le parecía que yo tuviera que pagar las cuentas. Y eso no me ha pasado con otros hombres.
Y viendo tu carrera en perspectiva, ¿te gustó lo que hiciste?
Estoy absolutamente en paz, creo que he conseguido mucho más de lo que esperaba. No me puedo quejar, seria una hija de puta si lo hiciera. Lo más impresionante es perdurar a través de las décadas. Porque llegar es mucho más fácil que mantenerse. No te digo ahora, que sale cualquiera en televisión, hasta un chorro. Influye la dedicación que le pongas, el talento, un montón de cosas. Pero veo a esa chica y las ambiciones se le cumplieron y más.







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