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"También son buitres los descuentos impositivos que sufren l

"También son buitres los descuentos impositivos que sufren los trabajadores"

La frase salió de la CGT de Moyano. El mínimo no imponible sigue en la cima de los reclamos. Pero el Jefe de Gabinete fue claro y el Gobierno no moverá un dedo al fin para actualizarlo. Un paro general, la opción.



Frente a las polémicas privatizaciones de su tiempo, Menem solía decir que iría "hasta el hueso y sin anestesia". Era su manera de comunicar que no había ni una puertita abierta a la negociación. Quizás como resabio de su otrora condición de menemista, Jorge Capitanich, se despachó esta semana con aquel mismo estilo brutal.

En una de sus tantas intervenciones, el jefe de Gabinete comunicó –blanqueó sería más apropiado decir—que el Gobierno no moverá un dedo al fin para actualizar el mínimo no imponible de Ganancias, un reclamo en el que coinciden las cinco centrales sindicales. Llevan todo 2014 agitando esa demanda, al compás de las falsas esperanzas que sembró la administración K, al insinuar repetidas veces que consideraría la cuestión. Pero no.

Dos aspectos clave para destacar de las palabras del ex gobernador chaqueño: la admisión por primera vez de que el Gobierno necesita esos fondos (que el sindicalismo pretende reducir), para distribuirlos de la mejor manera posible, según palabras del relato oficial. Capitanich evitó reconocer que esos dineros tributados por los trabajadores son imprescindibles para el sostenimiento de un gasto público que crece a diario. Al punto de ser el del gobierno kirchnerista uno de los más altos del mundo.

Además de caricaturizar a los sindicalistas como émulos de Hood Robin (un improbable personaje que roba a los pobres para repartir el botín entre los ricos), Capitanich volvió con aquello de que pagan impuestos menos del 15 por ciento de los trabajadores.

Por si fuera poco, hubo más. El funcionario dio a la dirigencia gremial otro furibundo baño de realidad, al anunciar que el Gobierno no tolerará que se reabran las paritarias para reparar el estrago que hizo la inflación sobre los salarios, amén del impuesto al trabajo que pagan los sueldos que sobrepasan los 15 mil pesos.

Muchos gremios se lamentan ahora de no haber hecho más presión en la previa de las paritarias de abril-mayo para desdoblar las negociaciones, en previsión de que el proceso inflacionario podría convertir los aumentos obtenidos en números más que modestos. Entonces, finalmente, primó la voluntad oficial de homologar acuerdos por un año. Y se creyó que el Gobierno cedería y modificaría el mínimo no imponible, aunque más no sea exceptuando el aguinaldo.

"Acá no solamente están los fondos buitres. También son buitres los descuentos impositivos que sufren los trabajadores", braman en la CGT de Moyano, que mantiene en barbecho y sin fecha definida la huelga que ya aprobaron sus organizaciones, junto a las de Barrionuevo. Hablan ya de septiembre. Maquillan el desconcierto que tienen sobre cómo responder a Cristina, con un poco creíble "manejo de los tiempos".

El camionero quiere asegurarse un triunfo antes de ponerle fecha a otra huelga. Como sea, todo va a fuego lento, incluidos los encuentros con dirigentes que abrevan en otras aguas, como el actual diputado y ex líder de la CTA, Víctor de Gennaro. Lo único que comentaron para afuera sobre lo hablado, café de por medio, es la supuesta coincidencia a la que habrían llegado para que la dirigencia obrera tenga más penetración en las lides políticas. Fueron despiadadas las críticas al Gobierno en aquella reunión de bajo perfil.

Pero otro estatal, Pablo Micheli en este caso, actual mandamás de la CTA anti k, está ahí del borde de un ataque de nervios. Se impacienta con la lentitud del reloj de arena de Moyano para lanzarse al ring de una vez. Tiene un tendal de reclamos que exceden el impuesto a las Ganancias; tema por el cual paró ayer el gremio bancario. Micheli habla también de la precariedad de los jubilados, de suspender los despidos, de reabrir paritarias...

Mientras, Caló sigue aferrado al palo mayor del barco kirchnerista. No había ayer en su gesto sonriente y contemplativo en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada, ningún signo de acusar recibo de los tantos desaires que le hizo el Gobierno.

Sentado junto al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, aplaudió a cuál más cada definición de la Presidente. Anoche parecía satisfecho con los anuncios de la doctora Kirchner para plantarle cara al default, buscando proteger y promover el empleo. Muchos obreros de la industria metalmecánica –el sector más castigado por la recesión—deberán, lamentablemente, acogerse a alguno de los tantos planes promocionales en danza.

"Caló es una cara, nada más. En la CGT mandan los sindicalistas con peso y autoridad", señaló a Infobae un vocero de la central oficialista, refiriéndose puntualmente al constructor Gerardo Martínez y al estatal Andrés Rodríguez, de UPCN.

Quizás sea así no más. El titular de la UOCRA estuvo ayer discretamente en la Rosada para ver cómo recuperar los 20 mil puestos de trabajo que según sus cuentas perdió la actividad de la construcción. De Vido le habría garantizado que esos despidos serían compensados por la contratación masiva de albañiles para trabajar en iniciativas de obra pública. "No es lo mismo perder dos mil empleos en capital que un poco menos en alguna provincia chica. Me despiden 500 trabajadores en Caleta Olivia y se arma un desastre en el pueblo", fundamentó Martínez.

Tampoco nadie imagina con una lanza al ataque al líder de UPCN. Y mucho menos después de que el Gobierno viene de efectivizar como personal de la planta permanente del Estado a unos 7500 empleados, que el gremio buscará transformarlos en afiliados.



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