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"Teníamos más dinero que cosas para comprar"

El primogénito del famoso narco colombiano afirma que sin la corrupción su padre no habría sido "ni la mitad" de lo que fue



El colombiano Pablo Escobar ha pasado a la historia como el narcotraficante más importante de todos los tiempos, capaz de construir un imperio alrededor de la droga, de amasar cantidades incalculables de dinero y de mantener una guerra con el propio gobierno de su país. Ahora, 22 años después de su muerte, su hijo ha decidido relatar su versión de aquella historia convertida en leyenda en el libro 'Pablo Escobar, mi padre' (Península), que ha llegado a las librerías españolas esta semana.

"Vivíamos en un mundo de fantasía, teníamos más dinero que cosas para comprar", ha asegurado este miércoles Sebastián Marroquín --nombre que adoptó para abandonar Colombia-- durante una entrevista concedida a Europa Press. El hijo del narcotraficante se encuentra en España esta semana para promocionar estas memorias, por las que recibió las últimas amenazas hace apenas a un mes, tal y como ha asegurado.

Tardó en contar esta historia un año y la publicó cuando tuvo la sensación de no sentirse amenazado. Ahora, con este libro cree que ha tocado las "fibras íntimas" de las verdades de Colombia, porque cree que había gente "muy cómoda con la versión que construido durante dos décadas".

"Se ha hecho pensar que Pablo Escobar fue un loco que tuvo Colombia, pero sin ayuda y sin corrupción, este libro no habría sido ni la mitad de espeso, mi padre no habría podido llegar a ser ni la mitad de lo que fue", ha sentenciado el autor, quien asegura haber revelado algunos secretos incómodos en estas páginas.

Una de las certezas que tiene sobre el famoso narco es que se suicidó, a diferencia de la versión oficial, que asegura que fue disparado en el corazón cuando intentaba huir de las fuerzas armadas. "Si sabía que lo iban a ubicar, ¿por qué no tenía los zapatos puestos?", se pregunta su hijo, quien señala que él eligió "su último día y su última batalla". Además, durante varios años escuchó a su padre explicarle donde tenía que disparar para morir: "En el oído".

Uno de los capítulos hace referencia también a algo que entonces era conocido y que conecta con la historia reciente de España. Tras un atentado que tuvo lugar en el edificio Mónaco, en el que se encontraba su familia, Escobar solicitó a un miembro de ETA conocimientos sobre explosivos y entonces comenzó "una ola de terrorismo mayor".

"Utilizó el know-how de ETA para someter al estado colombiano a su voluntad", según relata el hijo, pero asegura que no fue más allá porque estaba centrado en la guerra del país. Asimismo, en estas páginas desvela los planes de secuestro de, entre otras personalidades, Chabeli Iglesias, hija de Julio Iglesias.

"AMOR INCONDICIONAL"

Estos recuerdos están dedicados a su hijo, a su "compañera de aventuras", a su madre, a su hermana, a su familia y a "los escasos amigos que trascendieron el miedo". No aparece su padre, pero asegura que su amor por el "no es negociable". "La muerte no me impide ver el daño que le hizo a muchas personas pero prevalece el amor", ha dicho.

Su figura como "gran padre", "cariñoso", "respetuoso" con su esposa, de "buenas palabras" y familiar contrasta con la violencia que salpica su biografía, en la que miles de muertes se relacionan directa o indirectamente con su persona. "Era un hombre bueno en casa y malo cuando cruzaba el umbral", ha dicho su hijo, quien asegura que tenía "la misma capacidad" para amar a su familia con "intensidad" como para "odiar a otros".

Desde su muerte, en 1993, José Pablo Escobar (Medellín, 1977) ha buscado una "línea de defensa" en la que ubicar sus afectos, eso sí, "por respeto a las víctimas", según ha precisado, puesto que aunque no idolatra ni es un "fan absoluto" de su padre, siente un "amor incondicional" hacia él.
La vida que Pablo Escobar construyó a su alrededor era una "fantasía", según asegura Juan Pablo, quien dedica un capítulo a la multitud de excentricidades con las que solo acerca al lector a imaginar cómo era su día a día.

Una vajilla danesa valorada en 400.000 dólares --un encargo que no se hacía desde la época de las dinastías--, fajos de billetes que se convertían en las sorpresas de las piñatas, rifas de cuadros de artistas conocidos en las fiestas, o chocolate traído desde Suiza en jet privado son solo algunos de los ejemplos.

Además, la hacienda de Nápoles, finca familiar y centro de operaciones de Escobar durante mucho tiempo, tenía una gasolinera propia y taller de mecánica, 27 lagos artificiales, la pista de motocross más grande de América Latina, un parque jurásico con dinosaurios a escala real, dos helipuertos y pista de aterrizaje, 1.700 trabajadores, tres zoológicos y diez casas, entre otras cosas.
"La vida era una fantasía de tentaciones, mundo de excesos, de lujos, de viajes, teníamos más dinero que cosas para comprar. Parecíamos dueños de todo pero no éramos dueños de nada", ha señalado su hijo.

En su caso, se acostumbró desde pequeño a vivir con seguridad, tal y como recuerda en uno de los apartados, en el que asegura que un todoterreno blindado lo llevaba a la guardería, donde había una escolta armada permanente. Cuando cumplió nueve años recibió como regalo las cartas de amor que Manuelita Sáenz envió a Simón Bolívar y a los 11 años ya contaba con 30 motos de alta velocidad y 30 motos de agua.

"El narcotráfico le dio todo a mi padre y también se lo quitó todo. Hasta la vida", afirma Sebastián Marroquín en estas páginas, en las que niega todos los cálculos que se han hecho de la fortuna que llegó a reunir su padre, quien en una ocasión confesó que llegó a tener "tanto dinero" que había perdido "la cuenta". "Una vez supe que yo era una máquina para producirlo, dejé de preocuparme por contarlo", señaló.
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