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Tres años de cepo menos reservas, más inflación

Ni bien ganó la reelección, Cristina impuso restricciones a la compra de dólares. Los resultados.




El cepo cambiario fue el primer acto administrativo de Cristina Kirchner ni bien triunfó en las presidenciales de 2011 con el 54% de los votos. En estos tres años, se perdieron 20.252 millones de dólares de las reservas del Banco Central, el dólar oficial saltó de $ 4,26 a $ 8,50 y el blue, protagonista de estos tres años, saltó de $ 4,49 a 15 pesos, aunque hace un mes estaba en $ 16.

También fue el cepo cambiario, y la escasez de dólares, lo que llevó a la Argentina a caer nuevamente en un default.

La invención de la "restricción externa" fue tal vez el peor error político y económico del kirchnerismo. Y el más perdurable. Desde fines de 2011, se aceleró la inflación, se achicó la inversión, se agrandó el déficit fiscal y se desplomó el comercio exterior. La economía pasó de crecer a contraerse.

El cepo fue también una razón importante para explicar la derrota electoral del oficialismo en las elecciones legislativas de 2013, que terminaron enterrando el sueño de una nueva reelección para Cristina Kirchner.

La falta de dólares o restricción externa, es un problema exclusivo de la Argentina. En el mundo las cosas son distintas. Este año, los países emergentes lograron financiamiento en los mercados por 100.000 millones de dólares, a tasas de entre el 4 y el 6% y plazos promedio de 10 años.

En resumen: sobran los dólares. Solo hay que mostrar una economía medianamente prolija para conseguirlos.

En el arranque del cepo, se prometía desde el Banco Central, desde la AFIP, desde el Gobierno en general, que las restricciones no alcanzarían a los que tuvieran todos "los papeles en orden".

Cristina Kirchner en persona decía que el cepo era poco menos que una fantasía de la prensa opositora. Ponía como ejemplo la cantidad de dólares que los argentinos gastaban viajando por el mundo. En parte tenía razón: viajar al exterior fue la manera más barata de conseguir dólares.

Pero la realidad obligó al Gobierno a cerrar cada vez más el grifo.

En estos tres años, los ciudadanos fueron sufriendo restricciones graduales: recargos por consumir con tarjeta de crédito fuera del país o por comprar vía internet, recargos para comprar dólares, permisos para comprar dólares para viajar al exterior.

La perversión del modelo obligaba a buscar resquicios o llevaba a sentir "alivio" si se abría parcialmente el cepo por la vía del "dólar ahorro".

Con el cepo se multiplicaron las acepciones para nombrar al dólar: el dólar bolsa, el dólar contado con liqui, el dólar ahorro, el dólar tarjeta, y se expandió, obvio, el dólar blue.

El Gobierno gasta más horas hombre en medidas policíacas para controlar esos mercados que en tomar decisiones sensatas. Una podría ser reducir la inflación, que automáticamente bajaría la urgencia de los ciudadanos por sacarse de encima los pesos.

En este tiempo pasaron dos ministros de economía (Amado Boudou y Hernán Lorenzino) y dos titulares de Banco Central (Mercedes Marcó del Pont y Juan Carlos Fábrega). Pero paradójicamente, el ideólogo de la medida, Axel Kicillof, ganó más poder. Tanto que logró el desplazamiento de Guillermo Moreno.

Kicillof está cada vez más convencido, contra decenas de evidencias que dicen lo contrario, de que va por el buen camino.


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