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tucuman-El Molino: el barro, el miedo y la desocupación








Debajo de un refugio, a la vera de Ruta 65, funciona la improvisada cocina que abastece a unas 250 personas que comen en el lugar o llevan sus platos hasta la casa para alimentar a su familia.

En la zona aún no se dictan clases y creen que se verían interrumpidas hasta fin de mes. La escuela Javier Frías es el sitio donde se reciben las donaciones que llegan de diferentes ciudades de la provincia.

En una de las cuadras más afectadas del poblado, donde unas 20 familias perdieron casi todo, se puede escuchar desde lejos música de cumbia que intenta ponerle color, a la desolada calle cubierta con barro, agua y piedras desde donde se percibe un tenue olor a podrido.

Cerca de ahí una mujer embarazada se saca los zapatos, se coloca unas harapientas zapatillas para cruzar un arroyo y llegar a su casa, distante a 500 metros. “Vengo de control del Hospital de Concepción y voy preparar la comida para mi marido. En estos días tuve que hacer este trayecto a pie, imagínese con este barro y el calor lo difícil que es para mí”, contó la joven con voz de resignación a Primerafuente.

Don Juan Ledesma se acercó espontáneamente hasta el equipo de primerafuente y con una abrazadora sonrisa, nos dijo “al mal tiempo buena cara” y nos invitó a pasar a su casa. El hace muchos años que vive en El Molino y no recuerda una inundación tan dañina. “Fíjese cómo quedaron los fondos de nuestras viviendas, no existe la medianera tuvo que ingresar una máquina para poder sacar el barro, troncos, ramas, chapas, de todo. Muchos nos quedamos sin nada. Hay vecinos que hasta los animales perdieron. Tenían gallinas, perros y el agua se los llevó, un desastre. Pero como le dije antes, a mal tiempo buena cara, ya nos vamos a recuperar. Hay mucha gente solidaria que nos está dando una mano”, explica, con los ojos llorosos, don Juan.
El Molino, está a 8 Km. al oeste de Concepción y es un zona agropecuaria por excelencia, dentro del departamento Chicligasta por la diversidad de sus cultivos. Hay campos con arándanos, papa, soja, caña de azúcar y limones entre otras plantaciones, donde miles de personas trabajan de sol a sol para mantener a su familia.

“Estamos parados desde hace 10 días, las fincas fueron devastadas por el temporal. Hay más de 2500 compañeros que nos quedamos sin trabajar en la cosecha del limón o en el de arándano. Yo vivo con mi esposa y mis dos hijas; casi perdimos todo. Con mucho esfuerzo pude levantar las paredes de mi casita y el río me llevó hasta los materiales de construcción que tenía. Tendremos que empezar de nuevo y espero que se resuelva rápido todo este problema de las inundaciones porque no tenemos trabajo”, contó Hugo Gutiérrez, quien trabajaba en una de las fincas con limones que fue arrasada por el agua.

Rafael Medina para Primera Fuente



Él es Cristian Bulacio, la persona a la que Beatriz Rojkés tildó de "pedazo de animal" y "vago de miércoles".
Trabaja en la cosecha del limón, la papa y el arándano. Además vende ropa.
No tiene diez mansiones, ni una. Tiene una casa vacía porque perdió todo con la inundación. El agua llegó hasta la altura de la cintura. Su abuela es discapacitada y apenas se pudo escapar de la crecida.
Por eso, Cristian le pidió a Rojkés que mande máquinas para volver a encauzar el río.
Ella le dijo que "si se ponían loquitos" no iba a llegar nada. Y cumplió: las máquinas no llegaron nunca y el río puede volver a desbordar.

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