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Últimas noticias de la vida


Últimas noticias de la vida



19/06/08

Por Miguel A. Semán


(APe).- Entraron en el centro comercial tan solas y distintas como sólo pueden estarlo una mujer de casi ochenta años que va a matar a su hija y después suicidarse, y una hija discapacitada que está a punto de morir y no lo sabe.

La madre, en soledad, habrá empezado a concebir las muertes mucho tiempo antes y habrá cargado con ellas como un embarazo lento y silencioso.

Tal vez durante algún paseo haya decidido que el shopping de la calle Calchaquí, en Quilmes, no era un mal lugar. Otra tarde, habrá elegido el día. Lo habrá señalado en el almanaque para dejarlo venir como se deja venir un feriado lejano, pasando de un minuto a otro, como si jugara a la ruleta rusa con su corazón enfermo.

Al fin, el 11 de junio de 2008, una cámara las descubrió cuando entraban en el baño, tranquilas, casi normales, y las dejó grabadas en blanco y negro y gris.

Después llegó la noticia: “Anciana mata a su hija discapacitada en el baño de un shopping y se pega un tiro”.

Recién entonces supimos que existían.

Más espectadores que hermanos, amigos o vecinos nos enteramos de la existencia del prójimo a través de sus últimas noticias y las últimas noticias suelen mostrar finales trágicos. Tal vez por eso tomamos el fin por el todo y creemos en la muerte como síntesis, remate y conclusión de las vidas de los otros. Nos equivocamos.

La vida, como la buena literatura, me dijo un amigo que escribe novelas, no es el final sino el “mientras tanto”. Es todo lo que nos pasa mientras queremos llegar a no sabemos dónde. Para estas mujeres del barrio “El Rocío” de Florencio Varela que se fueron a morir a Quilmes, el “mientras tanto” no debe haber sido fácil. Quizás, fue mucho más triste que apretar dos veces el gatillo.

Los vecinos dicen que la madre amaba a su hija, que era viuda y estaba enferma del corazón y que la desvelaba la idea de dejarla sola.

La torturaba una soledad futura y ajena. No la soledad chiquita, aunque también terrible, de las tardes y las noches vacías, sino la gran soledad del desamparo. Ese desierto en el que entramos cuando no nos queda nadie y somos incapaces de valernos por nosotros mismos, ese desierto que el Estado debería achicar y entibiar un poco poniéndole techo, paredes, calor y comida.

Eso fue lo que empezó a matar, hace ya muchos años, a las mujeres del shopping. No el tiro del final ni un corazón endeble sino la larga incertidumbre del “mientras tanto”. No saber qué sería de una sin la otra en un país donde no nos importamos.


FUENTE:
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
Edición: 1286
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