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Un cordobés describe cómo el cáncer resiste la quimioterapia

Fernando López Díaz lideró un equipo del Instituto Salk (EE.UU.) que logró revelar un proceso clave para cambiar el paradigma en las terapias antitumorales. Estudió Bioquímica en la UNC



Como una colonia de bacterias o cualquier especie animal o vegetal, las células cancerosas evolucionan para sobrevivir. Una dosis de quimioterapia puede matar a cientos de miles de células cancerosas, pero una sola célula que sobreviva gracias a una única mutación genera rápidamente un nuevo tumor resistente a los fármacos.
Este mecanismo de resistencia tiene a mal traer a las empresas farmacéuticas que por el momento están corriendo por detrás de la cura del cáncer. Es una lucha similar a la que ocurre con los antibióticos y las bacterias resistentes a ellos.
Hasta ahora no se conocía en detalle cómo hacían las células cancerosas para sobrevivir a la quimioterapia. Un equipo liderado por el cordobés Fernando López Díaz ha logrado describir parte de este mecanismo en un estudio minucioso realizado con herramientas bioinformáticos. El trabajo realizado en el Instituto Salk, de Estados Unidos fue publicado esta semana en la revista científica Penas .
La resistencia se produce porque las células cancerosas de un mismo tumor no son idénticas, tienen leves variaciones genéticas. Estas variaciones clave no están en el ADN, la molécula que contiene la información genética responsable de toda la maquinaria celular.
Están en el ARN, la molécula que decodifica los genes y produce las proteínas. Que ocurra en esta molécula tiene dos complicaciones. La primera es que el cáncer evoluciona más rápidamente de lo ocurriría si fueran mutaciones en el ADN.
La segunda es que estos cambios no se fijan en la descendencia, por lo que la células “hijas” no pierden su arsenal genético y pueden generar rápidamente una nueva resistencia.
“La idea de evolución en cáncer ya fue propuesta en 1976 por Peter Nowel, pero no había una tecnología que nos permitiera estudiar este proceso analizando cada célula como individuo de la población”, cuenta López Díaz, quien estudió Bioquímica en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Y agrega: “Recién en 2012 se lograron secuenciar los genomas completos de células únicas y surgió la posibilidad de estudiar mutaciones en el genoma. Nuestro estudio arrancó en 2011 y es el primero que adaptó esta tecnología para analizar el proceso evolutivo del cáncer”.
En el estudio, López Díaz colocó células de mama precancerosas y de cáncer metastásico en placas y les agregó paclitaxel, una droga de quimioterapia. Imitó el tratamiento que recibe un paciente enfermo de cáncer.
Las células sobrevivientes, por lo general una o dos entre millones, comenzaron a repoblar las placas con células más resistentes a los medicamentos y que tenían cambios sutiles en su ARN.
Gracias a herramientas bioinformáticos, el equipo analizó más de 80 mil segmentos del ARN de cada célula. Para comparar en un estudio típico de células individuales se observan unas sólo cien piezas de ARN.
“No nos sorprendió que las células podrían readquirir la diversidad en su expresión génica después de una dosis de la quimioterapia. Pero nos quedamos impresionados por lo rápido que podían hacerlo”, comenta López Díaz.
Cuando el equipo analizó los perfiles genéticos de las células sobrevivientes, tuvieron otra sorpresa.
“Pensamos que veríamos células estresadas con algunos cambios. En cambio, después de unas pocas duplicaciones, retomaron el patrón normal de expresión de genes y readquirieron sensibilidad a los fármacos”, explica Beverly Emerson, autorasenior del trabajo.
Este comportamiento adaptativo permitiría a las células de cáncer estar listas para una nueva amenaza imprevista.
Cambios en las terapias
Según el cordobés, su trabajo demuestra que el actual paradigma farmacológico para combatir el cáncer no va a ser efectivo a largo plazo.
Y explica: “Los caminos que usamos hoy se basan en desarrollar una droga que ataca un blanco molecular. Si hay resistencia, con suerte desarrollamos otra terapia que no ataque el mismo blanco molecular, o una droga mejorada de segunda o tercera generación que siga reconociendo su blanco a pesar de la mutación, pero es una carrera en desventaja porque la célula generará resistencia”.
López Díaz explica que el siguiente paso para lograr una terapia exitosa es repetir este estudio con células de muestras clínicas.
“Luego, podremos adaptar la tecnología para emplearla como una plataforma de descubrimiento para encontrar drogas y señales extracelulares que puedan detener la diversificación. Si lo logramos, podríamos tener una terapia potencialmente mucho más duradera que las actuales”, explica.
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