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Un cordobés en Cuba (parte 1)

Bañada por el Mar Caribe y el Océano Atlántico, Cuba resguarda tesoros históricos y culturas vivas y diversas.



Como olvidada y perdida, sitiada por mares y océanos, se encuentra la pequeña isla de Cuba. Dentro de ella nos espera la historia en carne viva de un pueblo que atravesó grandes y difíciles momentos, paisajes deslumbrantes y una cultura carismática y alegre.

Allí se encuentra La Habana, capital de Cuba, famosa por su sabroso ron y sus habanos frescos; tierra del Mojito, de la Canchánchara y del Cuba Libre. Donde remplazamos nuestras comidas típicas por “Moros y Cristianos” y todo tipo de bicho que transite el mar.

Santa Clara, donde descansan los restos de Ernesto “Che” Guevara, figura impecable, intachable e inmaculada para los lugareños. Sitios donde también se encuentran playas paradisíacas que contrastan en sus colores vivos con la Cuba “real”. Donde la revolución ha triunfado pero se ha estancado.

Lugares donde las culturas se funden para darle lugar a nuevas formas de vida. Entramos, como su pueblo suele llamarla, en “la Cuba de Fidel”.




Después de ajustar mi reloj y preguntar varias veces cuál era la hora local, tuve que convencerme que a las seis de la tarde empieza a oscurecer en Cuba. Además tuve que cerciorarme de que habíamos llegado a la capital del país. Muy pocas luces se veían desde las ventanillas del avión y otras tantas pocas fuera del aeropuerto. Cuando la luz natural en Cuba se desvanece, su población también lo hace. Quizá sea por el mismo hecho de quedarse a oscuras por falta de luz eléctrica. Pocas personas quedan sentadas en las escaleras que conducen a sus casas, charlando o tomando algo.

Habana Vieja por la noche

La Habana Vieja es un lugar histórico. No sólo refiero a su valor simbólico sino también al material. Caminar por sus callejas y callejones te regresan automáticamente sesenta años atrás. Pocas luces, poca gente caminando y mucho silencio. La sensación de inseguridad crece, pero es rápidamente aplacada por la extensa presencia de personal policial y militar. Cuando pregunto si Cuba es insegura obtengo una de estas dos respuestas: o bien responden “Aquí no hay inseguridad, esta es la Cuba de Fidel”. O bien escucho el siguiente comentario: “Aquí en la Habana hay tres millones de habitantes, y dos millones son policías”, a lo que le sigue una sonrisa cubana y forzada risa de mi parte.

Continuamos nuestra caminata hasta un lugar característico de la ciudad llamado “La Bodeguita”, famoso por haber sido refugio recurrente del escritor norteamericano Ernest Hemingway, donde se comparte el mejor mojito de la ciudad. Lejos de ser siniestra, La Habana parece una ciudad que se quedó en el tiempo, que se encuentra estancada. El mundo avanzó, pero Cuba no siguió su ritmo. Quizá quiso hacerlo, pero no encontró el camino justo. Esto genera una comparación insoslayable que concluye en una Cuba desactualizada del resto del mundo.



En “La Bodeguita” comemos nuestra primera comida cubana: Moros y Cristianos, Ropa Vieja (carne desmenuzada) y un plato de camarones deliciosos. Todo esto acompañado del verdadero Mojito cubano, compuesto por ron, gaseosa, hielo y hierba buena. Fijamos nuestros nombres en las paredes (como es tradición del lugar) y volvemos al hotel a descansar. La mañana siguiente esperamos desentrañar La Habana en su esplendor y con la luz del día.

En la parte II seguiremos explorando el contraste con La Habana de día, el mausoleo del "Che" en Santa Clara y otros lugares más.

¡No te lo pierdas!
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