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Un niño de 2 años fue el primer caso del nuevo brote de ébol


Varios trabajadores que luchan contra el ébola en el hospital de Kenema, Sierra Leona (AP)

Esta es la historia de cómo una ciudad de poco más de 200,000 habitantes puede cambiar completamente el mundo, sus prioridades y por supuesto sus miedos. En ella, un pequeño niño de 2 años murió el 6 de diciembre después de enfermar misteriosamente. Un nuevo brote de ébola acababa de empezar en Guéckédou (Guinea Conakry) y él era su paciente cero.

A partir de entonces una serie de desgracias empezaron a acumularse y han terminado dando como resultado el peor brote de la historia, en los casi 40 años de existencia de la enfermedad. A los pocos días de la muerte del pequeño, su madre, su hermana de 3 años y su abuela también fallecieron presentando los mismos síntomas.

Pero es que en el funeral de esta última, dos de los asistentes, de otras aldeas, fueron contagiados. Rápidamente se fue extendiendo la enfermedad, sin que los trabajadores de la salud a nivel mundial fueran conscientes. Cuando por fin se dieron cuenta, ya era muy tarde. Había decenas de muertos y miles de infectados. La situación de Guéckédou, en la frontera entre Guinea, Liberia y Sierra Leona, unida a las mejoras en carreteras y servicios, posibilitó la rápida expansión del brote.

Hasta este momento, siempre que se había manifestado la enfermedad había sido factible aislar el lugar, sin embargo, en esta ocasión, con tantos focos, era una tarea complicadísima. Silenciosamente el ébola había llegado a muchos rincones de los tres países y localizar todos los casos era una misión muy difícil de cumplir.

De hecho, las autoridades sanitarias estiman que serán necesarios muchos meses para para poder erradicarlo una vez más. En este tiempo, pueden morir miles. No es el único coste de la pandemia. A los escasos recursos sanitarios de los tres países y la poca cantidad de médicos especializados en el ébola, hay que añadirle el creciente número de fallecidos de personal médico y de enfermería, lo que dificulta la labor.

Además, los expertos temen que dedicando todos los recursos en la lucha contra este virus, aumente trágicamente el número de víctimas de malaria o disentería, otros dos graves problemas en la región.

El ébola fue identificado por primera vez en República Democrática del Congo y en Sudán, en 1976, cuando ambos países sufrieron un brote simultáneo. Se le dio ese nombre por el río Ébola, que fue donde se produjo su mutación más letal (la cepa Zaire, que infectó a 318 personas).


Trabajadores de Médicos sin Fronteras se equipan antes de entrar en un centro de aislamiento (Reuters)

Se caracteriza por fiebre, vómitos, diarrea y hemorragias y aunque se desconoce su origen, se cree que son los murciélagos de la fruta los portadores, lo que explicaría que siempre aparezca en zonas en la que habita esta especie. No existe de momento ningún remedio para el ébola, que tiene una tasa de mortalidad superior al 90%.

Las escasas muertes a lo largo de la Historia (unas 2.500 en los últimos 40 años, antes de empezar este brote) han hecho que las autoridades sanitarias se afanasen más en buscar curas para otras enfermedades como la malaria.

Sin embargo, la situación actual está obligando a trabajar a contrarreloj para parar este brote que se está extendiendo con una rapidez inusitada, dejando un reguero de muerte y dolor nunca visto antes.
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