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Un pueblo junta plata para una chica violada

UN CASO POLEMICO : SAN PEDRO, A 90 KILOMETROS DE LA CAPITAL JUJEÑA

Un pueblo junta plata para que una chica violada pueda abortar


Tiene 17 años. La golpearon y violaron a la salida de un boliche. Estuvo internada en un hospital, donde no le dieron la píldora del día después. Es en el mismo pueblo de Romina Tejerina, presa por matar a su beba.




Silvina Heguy SAN PEDRO, JUJUY. ENVIADA ESPECIAL
[email protected]


En San Pedro están lloviendo cenizas. "Benditas cenizas", dice algo resignada la chica de pelo oscuro mientras trata de atrapar una falsa gota. La quema de la caña de azúcar cubre con una lluvia gris y suave al pueblo jujeño. La chica cuenta que acá se alegran aunque ensucie porque es señal de trabajo. Tiene 17 años, dos meses de embarazo y antes del 17 de marzo "era de las que no mostraban miedo", pero que ahora hasta el ruido del gato la asusta.

Esa madrugada, la chica que ahora caza cenizas llegó al Hospital Paterson. Se había escapado de su violador y desde la comisaría de la Terminal de Omnibus, donde llegó semidesnuda y corriendo, la llevaron a la Guardia de Urgencia. Estaba golpeada. Apenas podía abrir el ojo izquierdo. Tenía la cabeza partida. Y comenzaba a vivir una larga pesadilla que sólo la deja dormir si se se agarra como "una garrapata" a su hermana.

N., es menor y su identidad está protegida, quiere abortar. Cuando el martes se lo pidió al director del hospital y recibió un "no", varios de sus vecinos se enteraron y comenzaron una colecta para juntar fondos y ayudarla. La Multisectorial de la Mujer de la provincia los apoya y otros movimientos por los derechos humanos también. Sus amigos abrieron una casilla de correo ([email protected]).

"Decidimos no judicializar el caso porque llevaría tiempo y el embarazo avanza y la vida de N. peligra. Con la ayuda, vamos a viajar a un centro médico donde no se castigue el aborto por violación. Hay jurisprudencia que dice que no hay diferencia entre una violación a una mujer demente, que el Código Penal permite, y a una normal", explica Mariana Vargas. Ella es la abogada de N. y es también la defensora de Romina Tejerina, la chica de San Pedro que fue condenada a 14 años de prisión por haber apuñalado a su beba. La tuvo en el baño, después de haber ocultado el embarazo. Denunció que la violaron.

La mañana del 17 de marzo fue la asistente social del hospital quien avisó a la defensora de Menores sobre la violación de N. Y fue ella quien hizo la denuncia.

"Allí en la Guardia —dice Vargas— no le dieron la pastilla de anticoncepción de emergencia", que ordena para estos casos el Programa Nacional de Salud Sexual. "Con ella se hubiera evitado el embarazo. La gran falla es en la asistencia a las víctimas. Así se hubiera evitado el embarazo de N. y también el de Romina".

"La ginecóloga que la atendió me explicó que no le dio la famosa píldora porque la chica le había dicho que estaba por menstruar. Y, de hecho, dos días después lo hizo durante un día", explicó ayer a Clarín, Carlos Carrizo, director del hospital. Pero médicos que atendieron a N. explicaron que podía tratarse de una pérdida.

N. no es la única víctima de la violencia sexual en San Pedro. Era junio de 2005 cuando vio a la hija del compañero de trabajo de su papá en la tele. Romina Tejerina tenía 20 y estaba siendo juzgada por la muerte de su beba a la que, dijo, le vio la cara de su violador.

Pero ni Tejerina ni N. son las única víctimas de la violencia sexual. "Estamos registrando más casos de violaciones —explicó el director del hospital—.Y de menos edad".

Después de estar internada durante dos semanas, N. salió del hospital. Ese viernes se enteró que una vecina había sido violada y el martes otras dos compañeras del colegio comercial dejaron de ir a clases. También fueron violadas.

"Son muchos los casos", confirma Elsa Colqui, de la Casa de la Mujer, un centro de asistencia a las víctimas de la violencia que cuenta con la ayuda de León Gieco. "Somos nosotras quien debemos cambiar las cosas: de nuestras familias salen los violadores".

N. apenas conocía al suyo. Se lo había presentado un amigo en la puerta de un boliche. Después la siguió y la amenazó con una navaja. Ella se defendió. Hasta ese día era de las que no demostraba miedo.

"Yo no sé el significado de ser madre. No quiero darles una deshonra a mis viejos. Me miro al espejo y no quiero tener una vida así. Mi viejo es sereno, cuida durante la noche, arriesga su vida. Mi mamá dejó de estudiar por tener a sus hijos. No tenemos plata. Sé que ellos soñaban con que yo estudiara. Yo no quiero tener un hijo a la edad que tengo ni dejar el colegio. Me faltan dos años. Les quiero dar una alegría. Ellos se rompen el lomo para darme a mí todos los días un plato de comida. Quiero ser abogada", dice.

Fuente:
http://www.clarin.com/diario/2007/06/02/sociedad/s-04815.htm
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