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Un sueño de cuatro décadas

El padre Alejandro Patterson junto con otros curas llegó al país en 1973 y comenzaron a trabajar en una barriada pobre de la ciudad. Empezaron con un rancho pequeño y hoy sostiene un complejo educativo con guardería, jardín de infantes, escuela primaria y secundaria.

Desde 1973, cuando llegó junto con otros sacerdotes desde remotas tierras, el padre Alejandro Patterson está en el país. Sin embargo, nunca perdió su acento gringo y todavía le cuesta utilizar algunos términos.




Lo que no le cuesta es empeñarse en construir.

“Nos decían que no hiciéramos nada acá, porque a toda esta gente la iban a sacar, que era inútil”, recordó. Igualmente, porfiaron en construir y hoy en el barrio funciona un complejo educativo con guardería, escuela primaria, escuela de apoyo y ahora también escuela secundaria.

El viernes, en la Escuela María Reina Inmaculada se realizó la entrega de frazadas de la campaña Brindemos Calor, una iniciativa impulsada por la Fundación Banco Bica, LT 14 y EL DIARIO en la que cientos de personas colaboran para fabricar mantas a partir de cuadrados tejidos.
El padre Alejandro recibió la donación, que se repartirá entre los chicos del barrio, y dialogó con esta Hoja.

COMIENZOS. “Vinimos en 1973 y uno de los primeros lugares que visitamos fue éste. No hablábamos castellano pero fuimos primero con los chicos”, contó.
En Maccarone no había más nada que las pobres casillas de las familias. Es decir no había comedores comunitarios, ni centros de salud.



Los curas construyeron en un rincón un ranchito parecido a los demás y desde allí empezaron a trabajar. Servía de cocina, de comedor y también de guardería para los gurises del barrio. Con el tiempo, y con el aporte de familiares y amigos que vivían en Irlanda o Estados Unidos, fueron construyendo otras dependencias y agrandando la guardería.

“Lo que notábamos era que los chicos empezaban la escuela y después de tres o cuatro meses abandonaban. Eso era porque no tenían ninguna base, entonces decidimos crear un jardín de infantes para que tengan alguna formación previa”, señaló.

Pero los chicos tenían que ir a una escuela fuera del barrio y eso dificultaba un poco más la cosa. Por eso, una empleada del Consejo General de Educación les sugirió que fundaran una escuela primaria allí mismo.



Y así se hizo. Las aulas, la cocina, los salones se fueron anexando, un poco desordenadamente, aprovechando el poco espacio que les quedaba contra la barranca del arroyo.

Hoy el establecimiento luce imponente y con varias aulas, oficinas, y un inmenso gimnasio cubierto. Allí, todos los alumnos toman el desayuno, reciben una colación a media mañana, almuerzan, toman la merienda y reciben una última comida, además de ir a la escuela, a talleres de formación, artes y oficios, de recibir clases de apoyo y de formación espiritual.

AYUDA. “Sin la ayuda de la gente no podemos hacer nada. Antes recibíamos donaciones de nuestros amigos de afuera, pero después de 40 años muchos de ellos murieron. Los argentinos ayudan si ven que se está haciendo algo, no vale la pena llevar propuestas, quieren ver algo que está establecido”, dijo después.

Oriundo de Sudáfrica, el padre Alejandro se educó en Dublin, Irlanda.
“Nos agrupamos con gente que amaba a María Reina Inmaculada y que entendía que no sólo había que rezar sino también servir al Reino de Dios”, aclaró.

Vino sabiendo poco del país, que había muchos católicos pero pocos sacerdotes.
“En Sudáfrica vivimos en escuelas pobres, vimos de cerca la injusticia del apartheid. Mandela estaba todavía en la cárcel. Por eso fue un alivio saber que se terminó ese flagelo”, señaló.
DROGAS. En 40 años, muchas generaciones han pasado por la escuela. Han recibido no sólo educación sino también formación de todo tipo, ayuda alimentaria, contención.

“Mucha gente que ha pasado por acá busca una solución afuera del barrio. Decimos que nosotros educamos para la exportación”, bromeó. Dijo también que los vecinos se encuentran con muchos obstáculos para progresar y mejorar sus vidas en el barrio.



“Tenemos un gran flagelo que son las drogas. La gente que más progresa son los que venden drogas, por eso sienten que para progresar tienen que meterse con los narcos. Si ellos aceptan, la culpa es de ellos. Si nosotros no ofrecemos otra alternativa, la culpa es nuestra”, advirtió.
El padre Alejandro repitió que en los últimos años se ha acrecentado el problema de las adicciones. “La adicción a la droga es un escape a las dificultades de la vida. Es un escape fácil que termina destruyendo a las personas”, recalcó.

Asumir responsabilidades
“La educación escolar no es el único factor necesario para combatir la pobreza. Hay que educarlos, ayudarlos, valorar su trabajo y difundir que no pueden vivir con sus manos tendidas para que la plata les caiga del cielo. Tienen que asumir responsabilidades con su propia vida e ir cultivando una cultura de trabajo, aspecto que ha disminuido mucho. Eso complica el trabajo de educación porque no tienen ejemplo de gente que quiera progresar con el trabajo”.

Sana envidia
A lo largo de la charla, Patterson confesó sentir “sana envidia” por los curas que viven en las villas en las que trabajan, pero él no puede hacerlo porque lo nombraron párroco de San Miguel, una parroquia que tiene una extensa jurisdicción de la que Maccarone es sólo una pequeña parte.
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