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Un virus sin control en la madre patria.

Se extiende como una peste la alarma generalizada en España y Europa ante el surgimiento del primer caso de contagio del virus del ébola en Madrid. Se trata de una enfermera del equipo que trató la enfermedad virulentamente contagiosa a dos misioneros españoles que fueron repatriados de Africa en aviones especiales.

En medio de una ola de escándalos y malas noticias, uno de ellos compromete a 86 personajes asociados a Caja Madrid, ahora Bankia, la irrupción del temido ébola en España, por primera vez fuera de Africa, cayó como una bomba de la que se han hecho eco los medios internacionales.

A medida que pasan las horas se multiplican las críticas cada vez más duras, algunas hacen responsables de lo sucedido a la "negligencia" del Ministerio de Sanidad. Con rosto sombrío, la ministra de Salud Pública, Ana Mato, anunció la gravísima novedad, que de inmediato alarmó a toda España, pero pidió calma porque ya se investigaba lo que había pasado. Mato es una personalidad muy próxima a Mariano Rajoy y no cuenta con mucho apoyo dentro del PP porque su marido es un ex alcalde del extrarradio de Madrid entre los más importantes imputados por el caso Gurtel, el mayor escándalo de corrupción en España.

La Comisión Europea pidió a España que aclare los hechos que han provocado el contagio por ébola registrado en Europa y convocó para mañana una reunión especial de expertos de los Veintiocho sobre este asunto.

Las primeras evidencias indican que la enfermera, una gallega de 40 años, estuvo dos veces en contacto directo con el doctor y sacerdote Manuel García Viejo, contagiado en Sierra Leona y repatriado. Una vez para atenderle en su habitación y otra, la más peligrosa, para recoger sus fluidos y eliminarlos. Al día siguiente de su fallecimiento la enfermera se fue de vacaciones sin cumplir con el protocolo de control de 21 días prescrito.

Tres días después se presentó en el Hospital de Alcorcón, Madrid, explicando que tenía fiebre y que había estado en contacto con pacientes contagiados de ébola. El médico que la atendió le explicó que su nivel febril no llegaba a lo indicado por el protocolo. Así que la mando a su casa.

Seis días más tarde, con la fiebre muy alta, la enfermera se presentó de nuevo en el servicio de emergencias del hospital. Esta vez se la tomaron en serio. "Fue convenientemente aislada", dijeron las autoridades del centro médico cuando horas después se confirmó que la paciente tenía ebola.

Médicos y enfermeras rechazaron esta información señalando que lo único que se hizo, en medio de una gran alarma, fue trasladarla desde la precaria sala donde estaba en urgencias a otra vecina. El "aislamiento" consistió en las habituales cortinas.

Para entonces había sido avisado el centro de atención del Hospital Carlos III-La Paz, donde se había instalado a todo correr un piso preparado para tratar casos de ébola. El centro había sido cerrado y hubo que trabajar a toda prisa. "Un centro contra el ébola no se improvisa en tres días", denunciaron los sindicatos sanitarios a los que de inmediato se les abrió un expediente por alarmistas.

O sea que entre el 30 de setiembre y el 6 de octubre, la enfermera tuvo contacto con numerosas personas que pueden haber sido contagiadas. Ahora que la calma negligente ha sido reemplazada por la inevitable alarma, se trata de identificar a esas personas y a otras que tuvieron contacto con ellos.

Treinta trabajadores que participaron en el tratamiento de los dos religiosos finalmente fallecidos han sido citados por el Carlos III. Personal sanitario de este centro denunció que los trajes de aislamiento utilizados no cumplían los requisitos de seguridad prescriptos. En lugar del exigido nivel 4 de seguridad biológica tenía solo el 2.
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