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Una niña tatuada para ser esclava












La marcaron como a ganado. Un tatuaje de código de barras con precio y desprecio. A Gianina, testigo protegido A1, se lo hicieron después de raparle cabeza y cejas. "Esto es lo que vales, lo que pagué por ti", escupió Nelutu, cuyo nombre verdadero es Iulian Tudorache. No tuvo pudor en imponer, con tinta en la piel de una adolescente, su valor monetario: 2.000 euros.









Prostituida a la fuerza, Gianina poca resistencia ofreció. Entre risas y terror. Disfrutaban ante los golpes de Tudorache, su mujer y sus cómplices. El horror estaba en el rostro de prostitutas que veían su futuro. La foto de la muñeca derecha de Gianina es la protagonista de la campaña #contralatrata de la Policía. Una imagen tan real que parece inverosímil. Su dolor, si sirve de consuelo, busca acabar con traficantes de mujeres, esclavistas del siglo XXI. Una cadena que, en su caso, comienza en Bucarest y el último eslabón termina en el centro de Madrid. Allí Gianina, indefensa, vejada en la calle Montera, al lado de un McDonald's, un fastfood del sexo en España...

La voz de Gianina es como ruido blanco. Suena a melancolía que ha madurado con el tiempo. Los expertos dicen que padece "como secuela un trastorno orgánico de la personalidad grave". Pero es valiente. Este viernes, durante el juicio a sus verdugos, se enfrenta a las preguntas de la fiscal -de la sección 5 de la Audiencia Provincial de Madrid- con entereza. El proxeneta que la tatuó, moreno, chaqueta de piel negra, agacha la cabeza, cual avestruz que no tiene escapatoria. "Me decía que me iba a matar", cuenta Gianina. Él se tapa los oídos por largos ratos como no queriendo escuchar. El negrero Tudorache, Nelutu, se enfrenta a las acusaciones por "trata de seres humanos y prostitución coactiva de menor de edad...". Sólo por eso, 18 años. La suma de todos los delitos por los que está procesado suman 52 años.

Analfabeta, a Gianina le ha costado todo en la vida. Sin educación básica, era una superviviente en esta Europa en la que parece que esta palabra estaba descartada. Vio una luz de espejo cuando un tal Alí -Traian Iulian Dumitrana, también llamado Alex- le ofreció un trabajo en España. Ella le creyó. Él era un experto en generar confianza. No sabía lo que pasaría después.

Contactamos con investigadores de la policía rumana para saber quiénes eran estos despiadados. "Los nombres aquí en la policía rumana de los delincuentes son Iancu Tudorache y su pariente Iulian Tudorache. Eran amigos y lugartenientes del gitano Ioan Clamparu, el famoso mafioso rumano condenado en España, Cap de Porc [Cabeza de cerdo]. En las conversaciones de los chulos, las chicas tenían códigos como "paquete" , "bicicleta" , "equipaje" [bagaj]... Ellos -Ioan e Iancu- tenían en Rumania un grupo compuesto por 30 personas que recolectaban (sic) chicas jóvenes de las comarcas de Ialomita y Constanta, prometiendo trabajos seguros y bien pagados en España. Solamente en La Junquera [Cataluña] tenían un grupo de 200 chicas. En la calle Montera tenían 13 muchachas trabajando, dos de ellas menores, de 15 y 17 años..."
















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