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Una psicóloga justificó la pedofilia y desató el escándalo


Una psicóloga justificó la pedofilia y desató el escándalo



Laura Gutman, autora de “La biología humana” y “La revolución de las madres” publicó un artículo titulado “La sistematización del abuso sexual sobre los niños” en el que, confusamente escrito en primera persona, justifica a los abusadores por haber sido niños desamparados y abusados; como si se tratara de un círculo vicioso que avala la violencia sexual de adultos sobre niños.

La autora, quien ya creó polémica con el texto "Cuando las madres entregamos a nuestros hijos", en el artículo dedicado al abuso sexual intentó justificar a nivel emocional qué motiva a un adulto a ultrajar a un menor, e incluso llega a comparar el abuso con "intentar nutrirse".

Realmente incomprensible e inaceptable que se avale de esta manera algo tan nefasto como el abuso de menores.

Reproducimos el artículo completo que disparó la polémica, y resaltamos algunas de las frases más llamativas :

Los abusos no los cometemos las personas de mente atormentada. No. Somos personas como casi todos, un poco más hambrientos y un poco más torpes, porque al fin y al cabo lo único que hacemos es tratar de nutrirnos, pero de una manera burda y estúpida.

Los adultos nos enamoramos de un niño necesitado, solo, desamparado y que nos inspira ternura. ¿Por qué? Porque ese niño nos recuerda al niño que fuimos: tímidos, exigidos y a la deriva. Ese niño ejerce sobre nosotros una atracción automática. Queremos protegerlo y amarlo de alguna manera. ¿Cuál es el problema? El problema es que somos totalmente inmaduros. ¿Por qué? Porque no fuimos amados durante nuestra niñez, ni cuidados, ni protegidos ni amparados. Crecimos esperando obtener amor alguna vez. Así crecimos. Pero nuestra capacidad emocional se estancó en aquella espera. Vivimos dentro de un cuerpo de adulto pero tenemos organizadas las emociones como si fuéramos niños hambrientos. ¿Qué nos pasa cuando nos relacionamos con un niño tierno? Lo queremos devorar. ¿Cómo lo devoramos? Lo tocamos. Lo acariciamos. Lo abrazamos, nos frotamos contra él. Le compramos regalos. La confidencialidad compartida, el secreto guardado entre ambos como un estupendo tesoro y los pequeños momentos de encuentro son vividos -desde nuestra emocionalidad infantil- como un momento sublime. ¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo? Depende. Podemos percibir que es una relación socialmente condenable. Pero honestamente, también es condenable que nuestra infancia haya sido horrible, que nadie se haya ocupado de nosotros o incluso que la única persona que nos cuidó, nos haya proporcionado amor bajo la misma forma de abuso. ¿Entonces? ¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Desde nuestro punto de vista de adultos con emocionalidad de niños…sólo tratamos de satisfacer nuestro vacío.


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