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Una relación deteriorada con Washington

Muy interesante artículo.

Una relación deteriorada con Washington

No habrá otra reunión bilateral entre Bush y Kirchner. No la habrá, al menos, en las actuales condiciones, aceptaron fuentes inmejorables en Washington. Por primera vez desde que accedió al poder, Kirchner criticó a los Estados Unidos. Lo hizo ante el presidente de ese país, George W. Bush, y ante treinta presidentes más del continente americano. Su relación con la única potencia sobreviviente ha quedado seriamente deteriorada.

No pocos sectores de su propio gobierno respaldan la necesidad de una reconstrucción inmediata de esa relación. Sin embargo, es probable que muy pocos de sus funcionarios -o ninguno- estén en condiciones de transmitirle al Presidente sus ideas sobre el caso, quizás el más serio que le haya tocado atravesar en el poder.

La crisis desatada en Mar del Plata debilitó también a los sectores intelectuales y diplomáticos de Washington que defendían ante la administración Bush una apuesta por la Argentina y por Kirchner. Argumentaban que el país merecía un respaldo washingtoniano y que Kirchner era un político de palabra fácil, pero de decisiones previsibles. Los funcionarios que acompañaron a Bush volvieron a su país con aquellos argumentos destruidos.

Entre ellos, estuvo el flamante subsecretario de Estado para Asuntos latinoamericanos, Tom Shannon, que fue públicamente maltratado por Kirchner. No sigan patoteando, lo paró el presidente argentino en la reunión cumbre. Shannon había explicado muchas veces, al revés que su antecesor, Roger Noriega, que la relación de su país con la Argentina era muy buena y que se podía mejorarla aún más. Es difícil que ahora repita tales conceptos.

Diplomáticos norteamericanos con destino en Buenos Aires optaron por una respuesta formal ante una pregunta sobre el futuro de esas relaciones. Hubo diferencias, pero seguiremos trabajando con la Argentina en los temas en que los que estamos de acuerdo, se limitaron a contestar. Aunque formal, es probable que no estén lejos de predecir el futuro.

Washington tiene demasiados conflictos en la región (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Colombia) como para soltarle la mano, del todo al menos, a un país más o menos estabilizado. Pero Bush es un presidente que retiene, sobre todo, sus impresiones personales. El ejemplo más palpable es su relación con el presidente Lula. Algunos funcionarios de Washington sostienen que el mandatario brasileño está sobrevaluado por su gobierno, pero Bush sintonizó con él desde la primera reunión bilateral entre ellos. Lula nunca lo decepcionó.

Decepción. Esa es la palabra más habitual en Washington cuando se reclama, en medios políticos o académicos, un balance de la visita de Bush a la Argentina y de la cumbre americana en Mar del Plata. Sin rodeos: fue la peor de las tres reuniones bilaterales de Kirchner con Bush y la peor de todas las cumbres americanas que se realizaron en la última década. Con todo, Bush fue, entre los funcionarios norteamericanos, el que mejor ánimo tenía cuando abandonó la Argentina. Es que sus expectativas nunca fueron muy grandes, explicaron en Washington.

En sus dos anteriores reuniones con Bush, Kirchner fue un hombre distendido, cordial y hasta bromista, que conquistó rápidamente la simpatía del presidente norteamericano. En Mar del Plata, en cambio, Kirchner llegó al encuentro con Bush ya tenso y muy serio. Aparentemente había tomado la decisión de mantener una conversación confrontativa con el mandatario norteamericano y de llevar esa impronta a la propia cumbre presidencial. Bush casi no pudo sacarlo del monotema del Fondo Monetario y escuchó la advertencia del argentino de que pensaba retirar a la Argentina del organismo multilateral.

Casi obvio: la Argentina no puede estar mucho tiempo sin cometer serias transgresiones en el mundo.

Usted es el presidente de un país soberano. Sabrá lo que está haciendo. Yo no soy economista y, por lo tanto, no conozco las consecuencias, fue la distante respuesta de Bush a esa advertencia. Kirchner sabía de antemano que Bush no tomaría compromisos públicos ni privados respecto de las negociaciones argentinas con el Fondo. La Argentina reclama una refinanciación de 5000 millones de dólares, pero no quiere ningún condicionamiento. Ninguno.

El problema es que no existe precedente en el Fondo de semejante refinanciación sin ninguna condición escrita en el eventual acuerdo. El Fondo Monetario tomó nota, internamente, de que la Argentina carece ya del respaldo de Washington. Resultado: el acuerdo con el Fondo es "imposible" en las actuales condiciones, según adelantaron funcionarios argentinos. Sólo rezan ahora por la buena voluntad de Rato.

Un problema nuevo surgido en Mar del Plata fue que Kirchner se alejó de casi toda América latina, que antes lo había respaldado en el Fondo. Los presidentes latinoamericanos sintieron que sus ideas fueron subestimadas por el presidente argentino. Los propios presidentes del Mercosur, que coinciden con las posiciones básicas de Kirchner, no estuvieron de acuerdo con las formas que usó. En rigor, también muchos de sus aliados internos están de acuerdo con los planteos de fondo, pero no con el método de confrontación que llevó hasta el mar.

Es verdad que el Mercosur (Brasil y la Argentina, sobre todo) no pueden firmar un acuerdo de libre comercio sin que haya compromisos sobre los subsidios a los productos agrícolas por parte de los Estados Unidos. Esa posición es conocida y hasta respetada.

Pero se esperaba que Kirchner fuera el anfitrión imparcial de la cumbre y que delegara la representación del Mercosur en su presidente pro témpore, el uruguayo Tabaré Vázquez. Ganaron , sin embargo, las ansias de protagonismo y sus compromisos con los amigos que estaban en la contracumbre de Mar del Plata. Kirchner ha estado más cerca de Chávez que de Washington o de cualquier otro presidente latinoamericano, dedujeron funcionarios del Departamento de Estado. Los principales países europeos fuero notificados por Washington de sus conclusiones sobre los episodios argentinos.

Bush tiene problemas de popularidad en su país y en el mundo, pero será presidente de los Estados Unidos mientras dure el actual mandato de Kirchner. El presidente norteamericano fue imperturbable e inexpresivo durante las largas reuniones de Mar del Plata. En cambio, Condoleezza Rice no pudo disimular su cara de fastidio ante las gestiones argentinas. La Argentina perdió una oportunidad de oro para seducir inversiones con una acción distinta, dijeron en Washington.

Es notable que Kirchner haya estado preocupado por una contracumbre protagonizada por Chávez y por Maradona. Nunca Venezuela ganó tantos dólares con su petróleo como ahora, pero la pobreza de los venezolanos aumentó durante la gestión de Chávez, que -vale consignar- delante de Bush mantuvo siempre una correcta compostura. Sólo después de que se fue Bush intentó hacer una defensa de los pobres, pero el peruano Alejandro Toledo lo frenó en seco: Perdón, Hugo. No me hables a mí de pobreza, porque yo la conozco. Yo nací pobre. ¿Por qué no puedo pensar distinto?, lo calló.

Maradona es un caso aparte. El icono revolucionario argentino fue siempre el Che Guevara. Si esa antorcha hubiera pasado ahora a manos de Maradona, el cambio no sólo hablaría de la decadencia de los paradigmas. Maradona, en lugar del Che, describiría hasta un desvarío estético y moral.

Por Joaquín Morales Solá

Fuente: LA NACIÓN
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