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Uruguay: Parece que esta vez la heladera no anda






Uruguay: la izquierda camina a una derrota impensada





Lacalle Pou ha hecho una campaña electoral con grandes aciertos. Es joven, y el electorado dio señales de reclamo de renovación generacional, y su campaña publicitaria ha sido alegre, contagiosa, y con éxito para transmitir esperanza.


.- La izquierda uruguaya tiene mil interpretaciones sobre lo que le está pasando. Pero no tiene la explicación. Y en la medida en que la coalición oficialista Frente Amplio, se quede en la trampa de la discusión sobre el diagnóstico, corre riesgo de perder la capacidad de reaccionar. Y si la reacción no va en línea correcta y con el impacto que precisa, entonces va a sufrir una derrota que en términos políticos, es la más dura de su historia.

La izquierda uruguaya nació como expresión política en 1910, y luego de años de esfuerzos por concretar la unidad, logró armar una potente coalición en 1971 que a partir de entonces ha ido ganando espacio en Uruguay. Tanto, como para ganar el gobierno nacional en 2004 con Tabaré Vázquez, y repetir en 2009 con José Mujica. Va por la tercera.

El Frente Amplio triunfó en el 2004, repitió en el 2009, y sentía que estaba asegurada la victoria en el 2014… porque Tabaré Vázquez, su candidato, terminó la gestión con una aprobación de 75 por ciento; porque desde 1990 es el político más popular del país; porque el actual gobierno también tiene altísima aprobación (52 por ciento aprueba y sólo un 28 desaprueba); porque el país vive una bonanza económica que lleva más de una década; porque la mejora de ingreso per cápita ha sido de 4,5 por ciento anual acumulativa… y porque en el mundo se habla con elogios del presidente José Mujica. La lista podría seguir.

Además la inflación ha estado controlada, el salario ganó poder adquisitivo cada año como no se registra en la historia, el desempleo es muy bajo, el consumo creció, aumentó el nivel de confort en los hogares, el parque automotor creció y miles de hogares tuvieron por primera vez vehículo propio, los uruguayos accedieron a tecnología (incluso gratis para los escolares que reciben una Tablet para uso personal), el servicio de salud se expandió a todos, la pobreza bajó, se hicieron decenas de planes para indigentes … a gente que tenía problemas de visión los operaron gratis para que pudieran ver.

¿Son tan desagradecidos los uruguayos? No es tan simple el caso. Pero, si los resultados económicos son tan buenos, y son valorados por la gente, y si el candidato presidencial oficialista es el más popular de todos estos años, ¿por qué la izquierda uruguaya tiene riesgo de perder el gobierno?

Surgen dos explicaciones: una sobre el motivo de la baja de adhesiones al Frente Amplio, y otra respecto al crecimiento del favorito de la oposición, el diputado Luis Lacalle Pou (abogado de 41 años).

Qué pasa con Lacalle Pou

Lacalle Pou ha hecho una campaña electoral con grandes aciertos. Su consigna es “por la positiva” y no sólo mantuvo eso en la interna de junio (para ganar la postulación presidencial) sino que la mantiene ahora. Propone y evita criticar. Lo que no significa que dirigentes de su sector sí apunte duro contra el gobierno. Pero él queda al margen. Y la gente sintoniza con eso de evitar las batallas campales. Es joven, y el electorado dio señales de reclamo de renovación generacional, y su campaña publicitaria ha sido alegre, contagiosa, y con éxito para transmitir esperanza.

¿Eso es todo? ¿Es producto de marketing como quiere hacer creer el oficialismo? No; falta lo principal. Asumió esta carrera con mucho profesionalismo, con equipos multidisciplinarios que están muy coordinados, con diseño de una estrategia por etapas, sin dejar nada a la improvisación. Eso parecería normal, pero viendo cómo se manejó el oficialismo, fue una ventaja comparativa. Lideró su equipo, pero escuchó y aceptó consejos.

También fue implacable a la hora de tomar decisiones, hacer listas de candidatos y borrar todo lo que creía que lo podía afectar en imagen. Se desligó de la imagen de su padre, el actual senador Luis Lacalle que fue presidente del Uruguay en 1990-95. Evitó comparaciones con el pasado y rechazó que lo etiquetaran como “de derecha” o como “el hijo de …”. Y conectó con la gente. E incluso cuando ha cometido errores, los ha pagado muy barato.

¿Pero por qué baja el Frente?




Y convencidos de que Tabaré era el ídolo ganador, decidieron marcarle la cancha, porque no les gustaba que gobernara en forma inconsulta con la organización…
Convencidos de la victoria, sus dirigentes se concentraron en la puja interna sobre el “tono político-ideológico” del “tercer gobierno”. Y convencidos de que Tabaré era el ídolo ganador, decidieron marcarle la cancha, porque no les gustaba que gobernara en forma inconsulta con la organización. Lo desafiaron, lo debilitaron. Creyeron que era bueno hacerle sentir que no se trataría de un triunfo personal, sino colectivo. Y que eso debía tener en cuenta para gobernar.

El Frente se preocupó de atender a las familias pobres y cargó impuestos sobre la clase media. El ascenso social de muchos, con la satisfacción de mejorar, chocaba con una presión impositiva que sentían como exagerada. Muchos sienten que el gobierno dilapidó la bonanza; que termina con un déficit equivalente a 3,4% del PIB luego de tantos años de crecimiento. Hay una percepción de un sector de clase media que considera que la mejora económica se dio por un contexto internacional muy favorable, o sea que no hay tanto mérito del gobierno.

Pero sobre lo que anda mal, por ejemplo seguridad y educación, la culpa sí es del gobierno. La inseguridad es la principal preocupación de los uruguayos –desde fines de 2008- y aunque este gobierno aumentó el presupuesto policial y las medidas represivas, el discurso público ha sido confuso, y la gente no siente que hay una autoridad dispuesta a protegerle, a cuidarle, y a ser implacable con el delito. La educación es otro problema. La percepción de deterioro en el servicio de enseñanza contrasta con el fenomenal incremento presupuestal para este sector.

Podrá haber mil explicaciones de un lado y otro. Pero lo cierto, claramente visible, es que la campaña de la oposición, tiene alegría, entusiasmo, es viva, se impulsa desde la esperanza. Y la campaña del oficialismo, es gris, no contagia emoción, y últimamente ante el nerviosismo de los riesgos, se ha centrado en criticar y descalificar a sus adversarios, fundamentalmente a Lacalle Pou, pero también a Pedro Bordaberry. Y muchas veces las críticas son por ser los hijos de …

La oposición sonríe. El oficialismo se ofusca. A dos meses y pico de la primera vuelta (26 de octubre), el Frente Amplio sigue liderando pero con baja de adhesión. Le sobra tiempo y fuerza para frenar su caída (ya está cerca de su piso) y cambiar el tono de la campaña. Pero la izquierda no transmite señales de que lo pueda hacer. Como en la novela de José Saramago, “Ensaio sobre a cegueira”, la dirigencia frenteamplista parece que perdió la facultad de ver, sin darse cuenta lo que le pasaba.

Sin una estrategia política adecuada a un tiempo que no consideraban y a un candidato que no estaba en sus cálculos, sin mayor profesionalismo en la comunicación al electorado, sin fortalecer su unidad interna y sin alegría, así, el Frente Amplio camina a una derrota que, de concretarse, será muy dolorosa.





















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