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Uso tampon y le cortaron una pierna. . .





A los 24 años, Lauren Wasser lo tenía todo: hija de dosmodelos, 180 cm de estatura, una rubia melena, ojos azules y una estructuraósea que recordaba a la de Lara Stone. Había renunciado a una beca integral debaloncesto en un centro de primera división para perseguir su sueño de sermodelo, una carrera que inició a la temprana edad de dos meses, cuando aparecióen la portada de la edición italiana de Voguejunto a su madre. Cuando no estaba desfilando, tomaba clases de improvisaciónen Groundlings, jugaba baloncesto por diversión o daba paseos de casi 50 km enbicicleta. Tenía un apartamento en Santa Mónica y se prodigaba por losacontecimientos sociales de Los Ángeles. 







"Todo funcionaba a base de miradas", recuerda. "Yo era aquella chica, pero no era consciente deello". Lauren tenía tantos amigos que el día que se reunieron a las puertas delcentro de salud St. John para despedirse de ella, la cola daba la vuelta aledificio.





Todo empezó el 3 de octubre de 2012. Aquel día, Lauren sesentía un poco apagada, como si hubiera contraído la gripe. Además, tenía laregla, así que corrió al súper más cercano para comprar su marca de tampones habitual, Kotex NaturalBalance. En ningún momento se le ocurrió asociar el uso de los tampones almalestar que sentía por todo el cuerpo. Después de todo, Lauren llevaba onceaños lidiando con la menstruación, e ir a comprar tampones era parte del ritual.Como la mayoría de chicas, a los 13 años su madre le había explicado lasvirtudes y los defectos del uso del tampón y le había enseñado a aplicárselo,recalcando la importancia de cambiarlo cada tres o cuatro horas. No era unaregla difícil de seguir. Lauren asegura que aquel día se cambió el tampón porla mañana, por la tarde y por la noche. 







Horas después, esa misma noche, decidió pasarse por lafiesta de cumpleaños de su amiga en Darkroom, en Melrose Avenue. "Intentéactuar con normalidad", explica, aunque a esas alturas a duras penas lograbamantenerse en pie. "Todo el mundo me decía que tenía un aspecto horrible".Condujo de vuelta a Santa Mónica, se quitó la ropa y se derrumbó en la cama. Loúnico que quería era dormir.





Lo siguiente que recuerda al despertar es ver a su cockerspaniel ciego encaramado a su pecho y ladrando con insistencia. Alguien estabaaporreando la puerta y gritaba, "¡Policía, policía!". Lauren se arrastró hastala puerta y en cuanto abrió, un agente entró para inspeccionar el apartamento.La madre de Lauren, recién salida de una operación de cirugía, se habíapreocupado al no tener noticias de Lauren y había avisado a la policía para quehicieran una comprobación.



"No había podido sacar al perro, así que había pis y mierdapor todas partes", recuerda. No sabe cuánto tiempo estuvo en la cama, nirecuerda si cuando despertó era de día o de noche. La policía le pidió quellamara a su madre y se marchó.






Lauren reunió fuerzas para dar unas cuantas zanahorias alperro del frigorífico medio vacío y llamó a su madre, quien le preguntó sinecesitaba una ambulancia. "Estaba tan enferma que ni siquiera era capaz detomar esa decisión", relata Lauren. "Le dije que quería irme a la cama y que lallamaría por la mañana. Y eso es lo último que recuerdo". Al día siguiente, sumadre volvió a llamar a la policía, y esta vez les acompañó una amiga suya.Cuando entraron en la casa, se encontraron a Lauren tumbada boca abajo en elsuelo de su dormitorio.





La trasladaron rápidamente a St. John, con una temperaturade 41 grados y, según los sanitarios, a diez minutos de morir. Sus órganosinternos se estaban obstruyendo y había sufrido un grave infarto. Los médicosno eran capaces de estabilizarla y nadie sabía qué le pasaba hasta que llamarona un especialista en enfermedades infecciosas, que inmediatamente preguntó,"¿Lleva puesto un tampón?". Efectivamente, lo llevaba. Se lo extrajeron y loenviaron al laboratorio. Los resultados fueron positivos en la prueba delsíndrome del shock tóxico (SST).







Este síndrome fue bautizado en 1978 y consiste, básicamente,en el agravamiento de una infección bacteriana, generalmentepor estafilococos. No es una enfermedad exclusiva de las mujeres, pero desdehace décadas se ha asociado su aparición al uso continuado de tampones, debidoal elevado número de muertes causadas por este síndrome durante la década de1980.



(Un solo tampón no es suficiente para provocar el SST; esnecesario que la persona sea portadora del estafilococo. Cerca del 20 por ciento de la población albergaesa bacteria en el cuerpo.)
Las mujeres llevan siglos utilizando tampones y objetossimilares durante sus ciclos menstruales, pero en los últimos 50 años lacomposición de estos ha cambiado, pasando de estar fabricados con fibrasnaturales como el algodón a elaborarse con materiales sintéticos como el rayóny el plástico, de los que son muy amigos, sobre todo, los grandes fabricantescomo Playtex, Tampax y Kotex. Estas fibras sintéticas y la capacidad deabsorción de los tampones constituyen el caldo de cultivo ideal para la apariciónde estafilococos. Cuando Proctor & Gamble comercializó un tampónextraabsorbente llamado Rely en los 80, crearon la tormenta perfecta para el SST,que no tardó en cobrarse varias vidas. Según un estudio realizado por el Yale Journal of Biology and Medicine,"la carboximetilcelulosa en gel" que contienen los tampones Rely "actuaba comoel agar en una placa de Petri, ofreciendo a la bacteria un medio viscoso en elque desarrollarse".





En el hospital, los médicos le decían a la madre de Laurenque rezara por ella y que fuera preparando su ataúd. Indujeron a Lauren alcoma. Las noticias de su hospitalización se filtraron a las redes sociales ypronto empezaron a llegar amigos y conocidos para darle el último adiós.
Por supuesto, Lauren no recuerda nada de aquello. Ni laspublicaciones de Facebook pidiendo que se rezara por ella ni los paseosnerviosos de sus amigos en su habitación, ni siquiera el momento en quetuvieron que afeitarle la rubia cabellera, apelmazada después de tantos días encama. Lo que sí recuerda es despertar, desorientada, viendo que le estabaninfundiendo litros de fluido en el cuerpo y convencida de que estaba en Texas.





"Tenía la barriga hinchadísima y tubos por todas partes. Nopodía hablar", recuerda. Junto a su cama, había un tubo lleno de toxinas negrasque le habían extraído del torrente sanguíneo. Miró por la ventana y vio unahilera de pequeñas casas que hicieron pensar a su confuso cerebro que seencontraba en el suroeste. Tenía el cuerpo completamente hinchado y lo sentíatotalmente ajeno a ella. "Pensé que quizá me había sobrepasado con la comida",explica. "No tenía ni idea de qué estaba ocurriendo".
Peor que la desorientación era la quemazón continua quesentía en las manos y los pies. La infección se había convertido en gangrena. Tres años después, mientrasme cuenta su historia en una cafetería de Los Ángeles, Lauren sigue sinencontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentía. Era el dolor másatroz que he... No sé cómo describirlo", confiesa. La trasladaron a UCLA parasometerla a terapia de oxigenación hiperbárica con la esperanza de conseguirque la sangre volviera a fluirle por las piernas.
Mientras Lauren esperaba para empezar el tratamiento, huboun momento en que se quedó sola en la sala. Su madre y su padrino habían salidoun rato y la habían dejado sentada en una silla enorme. Detrás de una cortinahabía una mujer hablando por teléfono. Lauren pudo oír la conversación. Lamujer insistía en la urgencia de algo, en que lo que fuera de lo que estabanhablando debía suceder cuanto antes. Después dijo, "Tengo aquí a una chica de24 años a la que va a haber que amputar la pierna derecha por debajo de larodilla".





"Pensé, Dios mío, estáhablando de mí", dice Lauren. "Voy aperder la pierna".









Mientras Lauren estaba ingresada, su madre había iniciadouna demanda colosal que afectaba a Kimberly-Clark Corporation —el fabricante ydistribuidor de los tampones Kotex Natural Balance— y a las cadenas de supermercadosKroger y Ralph's, que vendían esta marca de tampones. Usar tampones de la marcaKotex no implica un mayor riesgo de sufrir SST que con cualquier otra marca,pero en la demanda se mencionan porque eran los que Lauren utilizaba; con esteproceso, los abogados de la familia de Lauren esperan llamar la atención sobreel uso de materiales sintéticos en la fabricación de tampones. La demandarecalca que todos los imputados son "responsables, por negligencia, actodeliberado, imprudencia o por incumplimiento de la ley", de la situación deLauren. (Un portavoz de Kimberly-Clark se negó a hacer comentarios para esteartículo argumentando que la empresa "no hace declaraciones sobre procesosabiertos".)




El abogado de Lauren, Hunter J. Shkolnik, está habituado aver el lado oscuro de los productos que la mayoría considera seguros. Porejemplo, él intervino en una demanda sobre el ingrediente de un jarabe para latos que provocaba derrames cerebrales a la gente. "Me gustaría poder decir queel caso de Lauren me sorprendió, pero no es así", afirma. "No se ha cambiado eltampón desde que se produjo la epidemia de SST. Lo único que hicieron fue poneruna etiqueta diciendo 'Cuidado, puedes contraer SST", pero el material llevadécadas siendo el mismo". Para evitar la ira de la FDA, prosigue, las empresasse limitan a poner esa advertencia en las cajas de tampones. Es lo que él llamauna "carta para salir de la cárcel gratis".
Desde la década de 1980, los fabricantes están obligados aincluir las advertencias en las cajas, si bien Shkolnik aduce que en el caso deLauren, dicha información no estaba lo suficientemente clara, en especial noadvertía sobre la peligrosidad de dejarse puesto el tampón toda la noche. Ladefensa de Lauren asegura que, de la forma en que estaba escrito el mensaje,podía interpretarse que era posible llevar puesto el tampón más de ocho horas,sobre todo cuando se trata de chicas jóvenes, que a veces pueden dormir entrenueve y diez horas del tirón los fines de semana. "Los fabricantes deberíandecir, 'No duermas con él puesto. Utiliza una compresa'", concluye Shkolnik. 






No hay duda de que la mayoría de las mujeres saben que todaslas cajas de tampones contienen una advertencia sobre el síndrome de shocktóxico y, aunque lo la lean cada vez que utilicen un tampón o compren una caja,saben de su existencia, aunque sea vagamente. En EUA, las cajas tienen estemensaje:
Lea y conserveesta información antes de usar el producto. El síndrome de shock tóxico (SST) esuna enfermedad poco frecuente, pero grave, que se asocia con el uso de tamponesy puede provocar la muerte. Utilice el tampón hasta un máximo de ocho horas.Shkolnik admite que la existencia de esta información de la FDA será elmayor escollo para ganar el caso. "Parte de nuestra labor es demostrarle aljurado que no se trata de las advertencias que pueda haber en la caja, sino delhecho de que en veinte años nunca han utilizado materiales más seguros para lafabricación de tampones cuando podrían hacerlo. Los fabricantes dicen que son'naturales', cuando su peligrosidad deriva precisamente de los materialeshechos por el hombre con que están elaborados. Sus campañas de marketing hacencreer a as jóvenes que sus tampones son de algodón natural cuando no es así. Noson de algodón. Si lo fueran, las posibilidades de contraer SST prácticamentedesaparecerían".
El Dr. Philip M. Tierno es profesor de microbiología y patología en laEscuela de Medicina de NYU y ha realizado exhaustivas investigacionesindependientes sobre la relación entre los tampones y el síndrome de shocktóxico. Él coincide en que el algodón sería más seguro. "La mayoría de losgrandes fabricantes utilizan una mezcla de rayón viscosa y algodón o solo rayónviscosa. En ambos casos se dan las condiciones físico-químicas óptimas para laaparición de la toxina TSST-1 si la cepa toxigénica Staphylococcus aureus está presente en la flora vaginal de unamujer", explica. "El SST puede aparecer si una mujer no tiene anticuerposcontra la toxina o sus niveles de anticuerpos son bajos. Por tanto, loselementos sintéticos del tampón son un problema, mientras que los tamponeshechos con un 100 por cien de algodón presentan un riesgo muy inferior, casinulo".





En el hospital, Lauren se enfrentaba a una situación de pesadilla: tenerque firmar la autorización para proceder a la amputación de su pierna derechapor debajo de la rodilla. "Se me habían empezado a momificar las dos piernas",afirma. "Tenía que actuar rápidamente". El talón y los dedos de su pieizquierdo estaban muy dañados y los médicos se plantearon la posibilidad deamputar también la pierna izquierda, pero Lauren luchó por mantenerla. "Teníaun 50 por ciento de posibilidades", cuenta. "Me pusieron dos injertos deprepucio de bebé que —milagrosamente,gracias a Dios— fueron lo queme salvó el pie. Los dedos los he perdido. El talón acabó curándose, pero lotengo hipersensible y en esa zona no tengo grasa subcutánea".




Lauren todavía esjoven y su cuerpo sigue produciendo calcio para regenerar el pie afectado, peroparadójicamente, eso empeora las cosas. "Básicamente es como si caminara sobrerocas", explica. Debe someterse a frecuentes intervenciones quirúrgicas demantenimiento y todavía hoy, tres años después, sigue sintiendo dolor. Losmédicos le han dicho que es posible que cuando tenga 50 años haya que amputarnuevamente.



"Cuando llegué acasa me quería morir", dice. "Antes era 'la chica' y luego, de repente, mefalta una pierna, voy en silla de ruedas, solo tengo medio pie y ni siquierasoy capaz de andar hasta el lavabo. Estaba en cama, sin poder moverme, con lasensación de que aquellas cuatro paredes eran mi celda". A veces saltaba de lacama, afectada por el síndrome de miembro fantasma, y acababa en el suelo. Loúnico que la hacía olvidar pensar en el suicidio era su hermano de 14 años. "Noquería que viniera a casa y viera que me había rendido", explica.





Lauren reconoceque le costó mucho tiempo adaptarse a su nueva situación. "Recuerdo que llorabasentada en un pequeño taburete en la ducha, con la silla de ruedas esperándomefuera", lamenta Lauren. "Te jode la vida. Vives tu vida pensando, Soy un atleta o, Soy una chica guapa, pero esto era algo físico sobre lo que notenía ningún control. Me llevó un tiempo asimilar si todavía valía la penavivir, si seguía siendo guapa".
Durante ese proceso contó con la ayuda de su amiga fotógrafaJennifer Rovehttps://instagram.com/fotofetish/ro, quien tomó cientos deinstantáneas de Lauren durante su recuperación a modo de terapia. Mientras ibanpor la ciudad haciendo fotos, adquirieron la costumbre de preguntarle a laschicas que se encontraban si conocían el síndrome de shock tóxico o si pensabanque existía realmente. La mayoría decía que no.





En otoño, Lauren espera poder presentarse al Congreso con larepresentante Carolyn Maloney. Estacongresista de Nueva York está luchando por que se apruebe la Ley RobinDanielson, llamada así en honor a una mujer que murió de SST en 1998. Laaprobación de esa ley "permitiría establecer un programa de investigación sobrelos riesgos que conlleva la presencia de dioxina, fibras sintéticas, fraganciasquímicas y otros componentes en los productos de higiene femenina". La medidaya ha sido rechazada nueve veces antes siquiera de llegar al proceso devotación.
Con esta demanda, Lauren y sus abogados pretenden que hayatransparencia, no que se dejen de usar tampones. Realmente, este producto esútil a la hora de controlar el flujo menstrual.
Por ahora, sin embargo, Lauren no soporta ver anuncios detampones, con todas esas chicas corriendo alegremente por la playa o tirándosepor un tobogán con unos shorts de un blanco inmaculado. Por lo general, ningunode esos anuncios advierte sobre el SST. "No puedo tirarme por un tobogán, no meapetece ponerme un bañador ni podría zambullirme en la playa si quisiera", selamenta. "Ese producto me ha jodido bien".





Como ocurre con los cigarrillos, Lauren quiere que lainformación de advertencia en las cajas de tampones sea más grande y más clara."Sabes que los cigarrillos pueden matarte, así que es tu decisión si losfumas", dice. "Si yo hubiera conocido toda la información sobre el SST, jamáshabría usado tampones". Y jamás volverá a usarlos.




Lauren y su amiga no suelen hacer fotos de su prótesis y secentran más bien en la cara. Pero hoy me han enseñado las fotos de su últimasesión. En ellas, Lauren lleva un lápiz de ojos de un negro intenso y está depie. Puede verse perfectamente la pierna prostética enfundada en una zapatillaNew Balance. Posa con la mirada atenta pero desapasionada de una modelo. Hanpasado tres años desde que ocurrió todo aquello: el recipiente con las toxinas,la cámara hiperbárica, la visita del representante de dispositivos protésicospresentándole las diversas opciones disponibles... Hoy incluso hace bromas alrespecto. Llama a su pierna amputada "Piernecita" y al pie. "piececito".




Le pregunto si sigue jugando a baloncesto, pensando en quemuchas vidas tienen un antes y un después. "Cuando juegas bien, juegas biensiempre", responde.
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      satanclau5

      lo siento, mi escepticismo me esta llamando

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      skatecorepunk

      es re linda la puta madre!

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      Bitcoins

      En el hospital, los médicos le decían a la madre de Laurenque rezara por ella y que fuera preparando su ataúd.

      😯 😐

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      JohnSanchichon

      No importa si me creen o no pero a mi me paso la misma infección en mi pene... 😟 casi muero estuve 3 semanas internado! perdi 15 kilos y ahora tng una protesis de pene!

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      GuillermoL33

      Pobre mina...

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      mghigu
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