Check the new version here

Popular channels

Villa thertyone golfing clab

DYLAN REALES, CON SÓLO 11 AÑOS DE EDAD, JUEGA AL GOLF EN LA VILLA THERTYONE GOLFING CLUB




A los 11 años, Dylan Reales es un talento en potencia. Ya tiene el handicap de un adulto pese a que vive en la Villa 31 y, según su madre, toma clases “si sobra algún peso para poder pagarlas”.

Dylan Reales ya había estado en algunos estudios de TV, pero mamá Macarena no podía entender a la productora que lo invitaba al programa de la “Señora Mirtha”. Finalmente, cuando la chica dijo que un sábado a la noche era complicado para tener despierto a un nene, y que sería mejor que almorzara el domingo, a la madre le cayó la ficha: “Era para ir a lo de Mirtha Legrand”, recuerda con una sonrisa. Su hijo, con 11 años cumplidos el 15 de octubre, mostró la misma tranquilidad y madurez que exhibe en los links de golf.





“Vivir en la villa no es lindo. Sueño con ganar el Masters y tener plata para comprarle una casa a mi mamá”, le dijo a la Chiqui mientras mostraba el palo de escoba con el que había empezado a pegarle a lo que encontrara por la calle dos años antes. Se lo fabricó su abuelo Julio tras escuchar al nene contarle que lo que realmente le gustaba no era el fútbol (ojo, Dylan jugaba en Platense) sino los inmensos y verdes campos de golf que veía por el cable en la tele de la casa en un segundo piso de la Villa 31, el anárquico y precario conglomerado urbano que ya reúne a 40.000 almas en los arrabales de Retiro.

Dar su dirección casi le cuesta el futuro a Dylan, cuando una señora Cristina le dijo que no había vacantes para las clases gratuitas en el Campo Municipal en los Bosques de Palermo. Pero Daniel Ocampo, uno de los profes, recordó que muchos de los mejores golfistas como el Chino Fernández, el Pigu Romero, el Pato Cabrera o José Coceres fueron hijos de la necesidad y no de casas con excesos. “Los villeros son buenos para el golf. Venite el sábado a las clases que vos tenés cara de jugar bien”, lo invitó. Y Dylan empezó a ir.





“Al principio iba sólo los sábados, cuando había clases gratuitas. Mientras tanto se divertía pegándole a las piedras o a las frutas que había en la feria; el abuelo siempre lo llamó El Loco del Palo. Cuando pudimos le compramos un juego para chicos. Pero le duró poco porque se lo robaron una noche entrando a la villa. Deben haber pensado que era una fortuna y lo vendieron como chatarra”, recuerda Macarena.

El nuevo juego tuvo su reemplazo gracias a que un caddie le contó a Claudio Borghi la historia del pibito durante una vuelta. Sin haberlo visto jugar, Borghi le pidió permiso a Don Julio para darle una suma que, con lo reunido por sus padres, le hizo tener un nuevo set de palos. Por eso le bordaron un agradecimiento al Bichi en la bolsa que diariamente sube y baja de la casa con una soga.

Dylan mostró su calidad y bajó 11 golpes el handicap de base para todo principiante hasta alcanzar 25, suma similar a la que tienen los adultos que juegan de informalmente una década, lo que marca su potencialidad. Mientras cumple con el pedido materno: “Me pidió que no descuide la escuela y que ordene la pieza”. Todas las mañanas va al Instituto Comunidad Filii Dei y por las tardes toma el tren en Retiro para estar hasta siete horas en los links palermitanos.

Mientras mamá cuida a sus tres hermanos menores y a dos tíos adolescentes, papá Cristian es el que sale a parar la olla. Por eso la carrera se hace cuesta arriba. “Cuando jugaba al fútbol había que comprarle un par de botines y una pelota. El golf es un deporte muy caro. El juega todas las tardes gracias a que lo becaron y no paga la vuelta. Pero toma clase si sobra algún peso para poder pagarlas. En la Copa de las Américas llovieron invitaciones para ir a torneos. Nosotros agradecemos mucho, pero si no nos ayudan con un viático no lo podemos llevar. Lo mismo pasó en el programa de Mirtha: al aire, muchos llamaron diciendo que querían ayudar; pero después, sólo el señor Basilotta de los Alfajores Guaymallén honró su palabra. Nos invitó a la fábrica y allí le dio una buena cifra para que se compre palos nuevos”, asegura su madre. Mientras, Dylan brilla...



YO DIGO

Ernesto Rodríguez III: "Dejen crecer en paz a Dylan"

La historia de Dylan Reales tiene los componentes para ser el corazón de un culebrón: pibe que sale de los arrabales y se destaca en un deporte de cajetillas, supera el prejuicio inicial de una empleada que lo desprecia por ser villera y a fuerza de t al ento se vislumbra como un futuro crack. ¿Podemos poner a enfriar el champán para celebrar futuros éxitos de este pibito que sopló 11 velitas hace dos semanas? El golf es un deporte en el que la madurez deportiva llega pasados los 30, así que al nene le falta recorrer muchísimo camino. En el medio habrá más tropiezos que triunfos que deberá superar con muñeca, corazón y mente fría. En cada potrero florecen los futuros sucesores de Maradona y, antes que apareciera Leo Messi, los vendedores de ilusiones candidatearon a Leandro Depetris y otros purretes como él como herederos del linaje del Diez. Así les fue... Flaco favor le harán a Dylan los que se sacaban fotos con él y el Pato Cabrera en el Pro Am de la Americas Cup, si siguen felicitándolo como a una estrella por su madura aparición en la mesa de Mirtha Legrand. Déjenlo crecer en paz. Y déjenlo que juegue, que sólo es un pibe.


ACÁ EL VÍDEO EN LEGRAND







Dejame unos puntitos pal' vino amigo
0
0
0
0
0No comments yet