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¿Villanos o chivo expiatorio?: Scioli puso a los countries

Actualidad


Martes 04 de Noviembre de 2014 07:02:00


¿Villanos o chivo expiatorio?: Scioli puso a los countries en el centro de la polémica por las inundaciones


04-11-2014 El gobernador bonaerense afirmó que la "proliferación sin precedentes" de los barrios privados es la principal causa. "En Valentín Alsina, donde están con el agua hasta las rodillas no hay barrios cerrados", arremetió Sergio Massa y los intendentes quienes lo acusaron de desviar culpas. La polémica






Era una inundación más hasta que el gobernador Daniel Scioli hizo una de las declaraciones más polémicas de los últimos tiempos. No se limitó a "echarle la culpa" al cambio climático ni a las dificultades presupuestales sino que apuntó contra un villano de alto contenido simbólico: los countries y barrios privados de la provincia de Buenos Aires.

Para el gobernador, la "proliferación sin precedentes" de los barrios cerrados es la causa principal de las inundaciones.

Con este argumento, el mandatario provincial aprovechó para disparar contra los intendentes massistas que lo cuestionaron en repetidas oportunidades por la falta de obras.

Scioli los acusó de tener "problemas de planificación urbana" en sus municipios y encaró su discurso en línea con el gobierno nacional al decir que, "cuando se da una desigualdad tan grande de que hay una cobertura de un 50 por ciento del territorio solamente de barrios cerrados, esto va en detrimento del resto de la población".

La polémica no se hizo esperar. Los primeros fueron los acusados directos en el marco político.

De inmediato, el otro presidenciable y flamante ex intendente de Tigre - municipio que se caracteriza por tener estos barrios, en especial el reconocido Nordelta - Sergio Massa, salió a recordarle al gobernador que es la Provincia la que aprueba la construcción de los barrios privados.

"En Valentín Alsina donde están con el agua hasta las rodillas no hay barrios cerrados. Tampoco en Virrey del Pino, Laferrere, Azul o Pringles y, sin embargo, hay inundación. Eso es buscar culpables y no soluciones, y lo que tenemos es buscar soluciones", replicó Massa en declaraciones a la prensa.

Pero más allá del esgrima político, lo que quedó instalado en otra jornada trágica es hasta qué punto las explicaciones del gobernador apuntan a un problema real de mala planificación territorial o si, una vez más, la acusación es apenas parte de un "relato" que busca culpables para desviar responsabilidades políticas propias.

Desde el gobierno nacional, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich se limitó a decir que "los factores que influyen a las inundaciones son propios de cada lugar" y que los dichos del gobernador Daniel Scioli "no es excluyente" de otros factores que también incentivaron las inundaciones.

Es por esto que sorprendió la velocidad de reflejos de Scioli para encontrar inmediatamente un villano por las inundaciones cuando todavía está freso el recuerdo de la trágica inundación de La Plata.

En aquella ocasión, la evidencia de que la gravedad potencial de una inundación había sido advertida desde el ámbito universitario e ignorada por parte de las autoridades provocó una seria crisis política.

Tras la reacción de Scioli, quienes criticaron al gobernador apuntaron a que su principal objetivo era desviar culpas ante los 5.203 evacuados, 19 partidos afectados y la ciudad de Luján que quedó otra vez completamente inundada y el agua llegó hasta la Basílica, ícono religioso y turístico.

Por otro lado, los "sciolistas" e integrantes del gabinete provincial acompañaron sus dichos e incentivaron el foco social de la polémica y hasta redoblaron la apuesta.

El ministro de Desarrollo Social bonaerense, Eduardo Aparicio, consideró que el anegamiento de un barrio privado en Pilar es "un acto de justicia divina", en medio de las inundaciones que afectan a más de 50 distritos en la provincia de Buenos Aires y que se han cobrado la vida de dos personas.

"Ayer estuvimos con Franco (La Porta, secretario de Servicios Públicos bonaerense) visitando Pilar, y también nos avisaban que un barrio de Pilar, importante, y estos barrios cerrados, también sufrió el anegamiento de agua, lo que quiere decir que en un momento llega para todos. Dios es justo, de arriba nos mira a todos por igual", fueron las desafortunadas declaraciones del funcionario.

En tanto, el ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía fue más moderado y anunció que el gobierno provincial verificará que "todos los barrios privados tengan la aptitud hidráulica, aunque la zonificación haya sido aprobada por el municipio y si hubiese aprobación el paso siguiente es saber si se hicieron obras por fuera de lo permitido". "En cualquiera de estos casos seremos muy duros", concluyó.

Profecías incumplidas
Los barrios cerrados son una insignia de la década del 90 y un sinónimo de "seguridad" para muchas familias que decidieron "levantar campamento" desde la Ciudad a distintos municipios de la provincia de Buenos Aires, distrito que Daniel Scioli gobierna desde hace ya siete años.

Lo cierto es que pocas profecías se han mostrado tan erradas en la Argentina de los últimos años como esa que aseguraba la inexorable decadencia de los barrios privados.

Criticados desde todos los puntos de vista imaginables -desde filosóficos hasta económicos, pasando por los ambientales-, esta modalidad de vivienda trascendió ampliamente al mercado inmobiliario para transformarse en un verdadero símbolo de la fragmentación social que está caracterizando a la sociedad argentina.

En los años '90, un 35% de los porteños de clase media-alta se mudó a estos nuevos barrios.

Desde el análisis de los sociólogos, urbanistas, arquitectos e intelectuales en general, no habría futuro posible para este fenómeno que explotó en los años del gobierno de Carlos Menem y desde entonces no para de crecer.

Algunos lo consideraban una moda pasajera, mientras que para otros encontraría su propio freno en las limitaciones y desventajas que el "estilo de vida country" implicaba.

Entre los argumentos que se desplegaban para anunciar la inexorable decadencia de los country había una lista extensa.

Por ejemplo, que su expansión implicaba la transformación de tierras que podrían tener valor productivo para la agricultura o de humedales importantes para el equilibrio del ecosistema. Y que, por consiguiente, en algún momento este impacto económico-ambiental haría eclosión.

Se señalaba también que la misma demanda iría decayendo, porque a cada habitante del country que trabaja en el centro de Buenos Aires le implica largas horas cotidianas de viaje el traslado desde 60 kilómetros en autopistas siempre congestionadas.

También que la molestia que implicaba el hecho de vivir aislado de los principales servicios urbanos -tales como colegios, sanatorios, bancos, centros comerciales- pondría un límite al atractivo que esta modalidad de vida podría tener para sectores de la clase media acostumbrada a tener todo a mano.

Y uno de los argumentos más potentes apuntaba a que la gente tomaría conciencia de lo perjudicial que resulta criar hijos pequeños "en una burbuja" dentro de la cual se ignora la realidad que ocurre más allá de los muros del barrio cerrado.

Podría decirse casi que había un clamor por parte de la intelectualidad argentina para que se pudiera revertir ese fenómeno al que se veía como una afrenta al gran objetivo histórico de construir una sociedad homogénea e integrada.

Los barrios cerrados en el conurbano llegaron a ser comparados con el estilo de vida medieval, en el que las masas desarrapadas quedaban extramuros y los privilegiados vivían en las villas o castillos, sólo requiriendo de sus vecinos los servicios destinados a la clase inferior.

"En la periferia bonaerense, colmada de urbanizaciones cerradas, los vecinos 'de afuera' no conocen a ‘los de adentro' y viceversa. Unos caminan por las veredas mientras que los otros no bajan de sus autos hasta llegar a la puerta de su casa", escribe Maristella Svampa en su libro "Los que ganaron: la vida en los countries y barrios privados de Buenos Aires".

Y el ex ministro de Educación, Daniel Filmus, también advirtió sobre otro fenómeno que es potenciado por esta fragmentación social: el hecho de que los "niños country" no concurran a las mismas escuelas que las de los chicos que viven extramuros, que en su gran mayoría son de gestión estatal.

Crecimiento inesperado
Así, en esa mezcla de intelectuales que se espantan por cómo los countries atentan contra los valores tradicionales argentinos de cohesión social y preeminencia de una cultura de clase media, y los analistas inmobiliarios que destacaban todas las incomodidades de ese estilo de vida, no resultó extraño que surgieran contundentes pronósticos de decadencia.

Un artículo del diario La Nación de hace diez años profetizaba que para el año 2014, dos tercios de los porteños que en los años '90 se habían mudado a los countries iniciarían el camino de regreso al centro de la ciudad.

"El éxodo de hoy hacia los countries va a desaparecer porque supone la total dependencia del automóvil. El Estado pudo haberlo evitado realizando ciudades satélite vinculadas con la Capital por autopistas y subterráneos, como en Estocolmo", pronosticaba el fallecido arquitecto Mario Roberto Álvarez.

Mientras que la urbanista Odilia Suárez afirmaba que habría un masivo regreso a Buenos Aires porque vivir allí supone muchas horas de traslado hacia los lugares de trabajo. Y fundamentaba su pronóstico en el hecho de que había un cuestionamiento internacional hacia las urbanizaciones cerradas: "En Estados Unidos pierden terreno porque no previeron barrios con viviendas sencillas cercanas para los key workers (trabajadores clave): jardineros, empleados de seguridad, las empleadas", afirmaba.

La realidad es que todo este cúmulo de profecías negativas se mostraron totalmente erradas: no sólo no se detuvo el éxodo hacia los countries, sino que éstos siguen desarrollándose a toda velocidad e incluso comenzaron la expansión geográfica desde la rica zona norte del conurbano bonaerense hacia las áreas oeste y sur, históricos enclaves de clases media-baja.

Hoy, los countries ya suman más de 600 en el conurbano bonaerense y ocupan unos 350 kilómetros cuadrados. Respecto de hace una década, el incremento en cantidad de urbanizaciones es del 50 por ciento.

El último censo demostró que, por efecto de los countries, hay zonas del conurbano que tuvieron una explosión demográfica en una década.

En Pilar, reducto por excelencia de los barrios cerrados de la zona norte, la población creció 28 por ciento. En Ezeiza, al suroeste de la Capital, con 23 countries ya ocupados y otros 15 en ejecución, se registraron las más fuertes cifras de crecimiento poblacional: 35 por ciento en una década.

Son cifras de crecimiento expresivas si se considera que el crecimiento promedio de la población argentina en una década fue del 10 por ciento.

La reinvención del country
La cuestión, entonces, es qué es lo que sostiene la fuerza del fenómeno country, a pesar de la extensa lista de desventaja que los expertos advertían.

Y las primeras pistas apuntan a tres factores:

El primero es económico: para una familia de clase media sigue siendo una inversión factible, que puede agrandarse con el tiempo en un formato modular (primero se compra el lote, se empieza con un dormitorio, luego se construye otro, y así). El costo de ingreso, desde ese punto de vista, es relativamente bajo, en contraste con los crecientes costos de los departamentos en Buenos Aires.

Pero el precio es sólo uno de los motivos por los cuales los barrios cerrados siguen expandiéndose.

El segundo gran motivo es que esta industria ha sido lo suficientemente flexible como para saber reinventarse y limar algunos de sus defectos iniciales.

Hoy ya hay una cantidad de servicios grande, que hace que no sea necesario hacer varios kilómetros en auto para ir a una farmacia.

Por otra parte, la oferta se diversificó para captar a nuevos tipos de público. Y lo que un comienzo era un producto destinado a la pareja joven con hijos pequeños, hoy se diversificó e incluye ofertas específicas para jóvenes solteros, padres separados que quieren seguir cerca de sus hijos, parejas mayores sin hijos o jubilados.

En definitiva, todo indica que para aquellos que ven en los countries la suma de todos los males modernos, las noticias no son buenas. El estilo de vida intramuros goza de buena salud.
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