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Volvió el uno a uno en Argentina

Un pan lactal, US$ 1,89 ($ 7,79); un porrón de cerveza Heineken, US$ 1,90 ($ 8); un paquete de azúcar, US$ 1,33 ($ 5,49); un paquete de pañales Huggies de 24 unidades, US$ 16,9 ($ 70); una lata de Coca-Cola, US$ 0,98 ($ 4,05); un combo de McPollo US$ 6,79 (28 pesos). Estos son los precios en la Argentina, pero que en muchos casos ya no tienen nada que envidiarles a los que se ven en grandes ciudades de los Estados Unidos, como Washington o Nueva York, según un relevamiento hecho por La Nacion. Con un tipo de cambio relativamente estable y una inflación que, según estimaciones privadas y provinciales, ronda el 20-25% anual, muchos bienes ya están en el país casi al mismo valor que en EE.UU., si no más.

"Mi marido es norteamericano y vivimos acá. Compramos toda la ropa nuestra y de nuestros hijos por Internet, y mi suegra la trae cuando viene; también para mis sobrinos", cuenta Cecilia Galli, de 35 años. "Acá no podemos comprar. Allá compramos cosas lindas, cool , de excelente calidad y muy baratas; somos cero consumistas y medio hippies ", asegura esta licenciada en Comunicación Social.

La indumentaria, la electrónica y ahora varios alimentos ya son en la Argentina casi más caros que en la principal economía del mundo. El tipo de cambio real bilateral, que surge de restarle al dólar de las pizarras el impacto de la inflación, y sirve para medir el poder adquisitivo de una moneda en relación con la de otro país, en este caso de la Argentina versus la de EE.UU., se encuentra en torno a 1,17 a 1. Esto significa, a grandes rasgos, que para comprar lo que en la Argentina se adquiere con un peso, en EE.UU. se necesitan 1,17.

"Si bien la Argentina vive un proceso fuerte de fortalecimiento de la moneda, al mismo tiempo que EE.UU. experimenta un proceso de debilitamiento de su moneda a nivel mundial -ya que el dólar está perdiendo valor con respecto al euro o al real, entre otras divisas-, todavía no llegó a los niveles de EE.UU.", aclara Miguel Kiguel, profesor de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella. "Lo que sí es cierto es que la Argentina se está encareciendo." Ernesto Kritz, de SEL Consultores, coincide: "Es probable que la canasta sea más barata en la Argentina que en EE.UU., pero estamos acercándonos rápidamente".

De acuerdo con estudios privados, de mantenerse el ritmo de devaluación actual y de avanzada de la inflación, el tipo de cambio real bilateral ya se ubicaría en torno a 1,05 a fin de año, apenas un 5% por encima de los valores de 2001, antes de la devaluación. No son pocos los que ya aprovechan esta suerte de 1 a 1, que se vivió en los años de la convertibilidad. Juan Martín M., de 31 años, cuenta que acaba de volver de Miami, donde fue con su mujer embarazada para comprarse todas las cosas que van a necesitar para el bebe que está por nacer. "Compramos el carrito, ropa, de todo... Es demasiada la diferencia. El cochecito de bebe, más el huevito y el aparato para engancharlo en el auto salió US$ 199; acá no baja de $ 1700 el más económico de todos. Lo mismo, un osito de excelente calidad, US$ 12, cuando en la Argentina no conseguimos nada por menos de 100 pesos", ilustra este profesional, que pide no ser identificado por el apellido.

Para los exportadores argentinos, cuenta Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), "esto hace que cada vez les sea más difícil competir" y, según dice el analista, es en bienes finales, donde más se valora la marca y donde se está notando una mayor diferencia.

"Vemos que se está exportando menos volumen; quienes antes exportaban 50 contenedores a EE.UU., hoy están en 30", confirma Juan Pablo Palacios Hardy, presidente de Silver Freight, una agencia de carga internacional que gestiona importaciones y exportaciones de empresas. "Y todos los que eran exportadores esporádicos desaparecieron."

Uno de los sectores que está batallando el problema de la menor competitividad es el de los vinos, que sólo hace poco ha logrado que EE.UU. se transformara en su principal destino de exportación. "Siempre es atractivo entrar en EE.UU. porque las puntuaciones que allí se dan son muy importantes para posicionar los vinos en otros mercados, como, por ejemplo, en Canadá", explica Carmen Goyenechea, de la bodega Familia Goyenechea, que con 140 años de historia ya había comenzado a exportar en los años 70. "Pero hoy también es difícil llegar a los precios que nos exigen, que es en torno a los US$ 2 y 3 por botella en el caso de los varietales", añade. Goyenechea aboca el 75% de su producción al mercado interno, lo que le permite compensar en parte los menores precios de EE.UU., "un mercado en el que por marketing y publicidad es importante mantenerse".

Así y todo, en la última década EE.UU. viene perdiendo relevancia como mercado para las exportaciones argentinas. En 2001, explicaba el 10% de las exportaciones, mientras que en 2010 representó el 5%, según DNI. En el mismo período, apenas se modificó la ecuación con la Unión Europea, se consolidó Brasil como el principal socio comercial y creció el comercio con Africa y China.




Bienes sí, servicios no

"Después de la devaluación, en la Argentina todo era mucho más barato que en EE.UU., pero esa situación tampoco era la normal", advierte el economista Francisco Gismondi. "Hoy estamos viviendo una situación más parecida a lo normal. El problema es que si el tipo de cambio real sigue apreciándose así, sí nos vamos a ver superapreciados", ilustra.

Es que, según destacan los expertos, pese a que en EE.UU. se pueden conseguir bienes más baratos, todavía los costos de los servicios superan por lejos los de la Argentina. "Lo que pasa es que cuando uno va afuera de viaje, se trae bienes, no servicios", aclara Gismondi. En teoría, cuanto más fuerte es una economía, paga mejores salarios, por ende, los servicios son más caros.

Así, por ejemplo, en la Argentina sigue firme el negocio de outsourcing de profesionales, que ofrecen desde análisis económico hasta servicios contables. Multinacionales como Accenture, IBM y Exxon Mobil son sólo algunos ejemplos de compañías que mantienen en el país grandes centros de profesionales para atender la demanda de otros mercados en el exterior.

Del mismo modo, comer en un buen restaurante en Nueva York sigue siendo más costoso que hacerlo en uno equivalente en Puerto Madero (no así en los locales de comida rápida, donde el peso de los servicios es menor), o contratar un servicio de salud básico, que en el país se puede conseguir a partir de los $ 500 mensuales, en EE.UU. no bajaría de los US$ 500; lo mismo que una empleada doméstica, que en la Argentina puede cobrar de 12 a 18 pesos la hora, en EE.UU. exigiría entre US$ 20 y 25.
Un debate abierto

La inflación es lo que está volviendo a la Argentina más cara en términos de dólares y está llevando a que varios sectores industriales clamen por un reacomodamiento del tipo de cambio para recuperar la competitividad. Aunque, por sí solo, un movimiento del dólar de las pizarras no solucionaría el problema. Ya que, dice Kiguel, el tipo de cambio real -que la moneda esté fuerte o débil- no depende sólo de la política cambiaria y de la inflación, sino que también está dada por la balanza de pagos: cuántos dólares entran y salen del país. Y hoy la Argentina, gracias al boom de las commodities y de la soja, es receptora neta de dólares, con lo cual naturalmente tiene una tendencia a que se aprecie su moneda, tal como está sucediendo en Brasil, que si bien mantiene baja su inflación no puede evitar que el real se fortalezca ante el dólar (ver recuadro).

Para Gabriel Vidal, director de Criteria Sociedad de Bolsa, en tanto y cuanto sigan entrando dólares de la soja, la economía argentina podrá funcionar con desequilibrios en algunos sectores. "Brasil hace cuatro o cinco años que tiene precios desequilibrados", ilustra. Mientras que Jorge Carrera, subgerente de Investigaciones Económicas del Banco Central, asevera que el tipo de cambio real deflactado por salarios muestra que, frente a sus principales socios comerciales -ya no sólo el dólar, sino también el euro y el real-, la Argentina se ubica aun 45% por encima del promedio de 1995-2001.

El riesgo, alerta un economista que pide no ser identificado, es que los argentinos piensan más en términos de dólar que de otras divisas, por lo que ante cualquier ruido político o económico si existe la percepción de que el tipo de cambio está atrasado, es posible que la gente se vaya a la moneda norteamericana. "Cuando la gente ve que es más barato veranear en Miami que en Pinamar, empieza a ahorrar en dólares." Por ahora, más que ahorrar, algunos argentinos aprovechan para consumir en EE.UU.

Con la colaboración de Rafael Mathus Ruiz (Nueva York), Silvia Pisani (Washington) y Alberto Armendariz (Río de Janeiro)

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