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10 motivos para odia metal gear solid.

10 motivos para odiar: Metal Gear Solid

Hace ya más de diez años que toda la comunidad de videojugadores se puso de acuerdo en alabar el precioso vestido de seda invisible del Emperador Kojima. Algo que, por otra parte, tampoco es tan extraño en un sector acostumbrado a idolatrar dioses de plástico. Lo que sí es extraño es que todavía ningún niño irresponsable haya señalado al emperador al grito de: ¡Mirad todos, está desnudo! ¡Está desnudo! Pues ya iba siendo hora…

1. El argumento es del montón. Es decir, el juego va de un super agente especial al que mandan a una base militar terrorista a frenar una amenaza nuclear (hasta aquí todo muy normal), ¡orquestada por su hermano maligno! (toma del frasco carrasco). Y ya está. El resto son fuegos de artificio protagonizados por ciber ninjas, mechas gigantes, tipos con bigote y muchas horas de conversaciones vacías. Ah, y por supuesto al final te quedas con la chica. Faltaría más.

2. Y ya que hablamos de mechas y ciber ninjas, ¿por qué no dedicar el siguiente punto a los personajes? En el mundo de Hideo Kojima, dar carisma a un personaje consiste en hacerlo lo más extravagante posible y meterle un pasado tristísimo. Así, tenemos a un ninja futurista con una infancia traumática, a un pistolero del oeste moderno, a un sujeto capaz de volar y leer mentes con una mascara de gas… etc, etc. Por suerte el gordo con patines que lanza cartuchos de dinamita llegaría en la segunda parte…

3. Sin embargo, los problemas narrativos no terminan con la historia y los personajes, no. También tenemos el nefasto desarrollo de los acontecimientos, que nos lleva una y otra vez a protagonizar situaciones realmente lamentables. Que sí, que mola mucho que Psychomantis te lea la memory card, pero tras eso se dedica a lanzarte sillas para que tú las esquives tumbándote en el suelo. EPIC.



4. Claro que si los acontecimientos que protagonizamos son nefastos, no menos nefasto es el ritmo que nos conduce a ellos. En el mundo de Hideo Kojima no puedes estar cinco jodidos minutos sin que alguien te de la brasa un cuarto de hora por teléfono. Aunque estés en mitad de un tiroteo o intentando escapar de un enemigo. Cada cinco minutos, como un reloj, “tiiiiriiiim, tiiiiiriiiim”: y hala, a decir gilipolleces disfrazadas de buen guión.

5. Pero bueno, todo lo anterior podría ser perdonable si el juego fuese divertido o tuviese una buena jugabilidad, pero lo cierto es que ésta también es mala de huevos. En primer lugar, los soldados genoma, mejorados genéticamente y no sé qué chorradas más, no ven más allá de dos palmos. Claro que tú tampoco lo haces, porque la cámara intenta putearte siempre que puede. Así que bueno, al menos estáis en igualdad de condiciones.

6. En segundo lugar, y esto es sangrante, está el asunto de que los cadáveres desaparezcan. A ver, estamos en un jodido juego de infiltración donde prima el sigilo y el no dejar rastros. ¡HOLA! Juegos coetáneos como Tenchu no esfumaban a tus victimas por arte de magia… claro que juegos coetáneos como Tenchu eran buenos y siguen siéndolo.

7. ¿Y la vista en primera persona? ¿Para qué cojones me das una vista en primera persona si no permites usar el arma en ella? ¿De qué sirve? Ah, sí, ya me acuerdo para qué servía. Para, en ocasiones, paliar el atroz ángulo de cámara al que solemos estar sometido. Menos mal, qué haríamos sin ella.



8. Por último dentro de esta serie de cuatro puntos sobre jugabilidad está el “backtracking”. Quizás a mi se me clavó como una puñalada y realmente no es para tanto, pero recuerdo con un odio feroz el momento en el que tuve que volver sobre mis pasos para recoger el puto rifle de francotirador. Joder, como odio el “backtracking”.

9. Dejando de lado la jugabilidad, tenemos el tema de la duración. El juego es corto y el único incentivo para rejugarlo es usar camuflajes ópticos y demás mierdas, que al final lo único que hacen es que pasarte de nuevo el juego sea más fácil. No pido que haya logros ni nada parecido, pero cuando terminabas Tenchu 2 podías jugar con Tatsumaru. Joder, eso sí que molaba.

10. En un aspecto un poco más fuera del videojuego, tenemos la profunda repulsión que me causan los sujetos como Kojima (de los cuales, por desgracia, hay bastantes en la industria), que es ese tipo de gente totalmente convencida de su genialidad y que está encantada de conocerse. Porque amigos, si un genio de verdad como Tim Schafer es capaz de no salir posando como un gilipollas, este tipo también puede.




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