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108. La posta del sexo en la pareja



Si hablar del amor es una encerrona infinita, hablar de la sexualidad y el amor es más difícil que escalar el Cerro Catedral de espaldas. El sexo en la pareja suele ser un problema binario a la hora de discutir y la gran pregunta es si es causa o consecuencia. ¿Habrá, entonces, una tercera posición?

Los que dicen que de la cama se habla en la cama poseen en sus argumentos un empirismo rutilante que termina empobreciendo el pensamiento a la hora del “¿qué nos pasa?”. Los que dicen que es secundario, resignan la magia escondida que conlleva el laberinto del orgasmo. Los que “si pero no” tienen la vida cotidiana agrisada por el día a día y son tan reales que cualquier idealización los pone en jaque.

Lo que hay que decir es que el sexo en la pareja es situacional. Es decir, que es la situación el cauce que lleva a desembocar en la sexualidad o a estrellarse contra un dique. Y cuando digo situación me refiero al clima afectivo, al momento histórico y a los objetivos trazados como pareja. No es lo mismo un vínculo sin ningún tipo de proyecto en común, como por ejemplo una pareja que recién se están conociendo, que una relación que tiene varias pantallas abiertas. En los primeros tiempos de una pareja, sólo se prenden las pantallas relacionadas con el placer, mientras que una relación que ya tiene sus tiempos de marcha, no solo tienen encendidas las pantallas del placer, sino también las de la realidad.

De los 20 a los 30

Suele decirse que esta es la etapa de la cantidad. Aquí el sexo es determinante para iniciar una relación. Si no hay piel que no haya nada. Es la etapa de los excesos, te rinde el cuerpo, las horas de sueño y, sobre todo, el cuerpo del otro. No podría concebirse, en esta franja, una pareja sin una actividad sexual implacable.

De los 30 a los 40

Acá ya empieza a incorporarse a la cantidad, un poco de calidad. Los treinta y pico es la etapa de la producción, el futuro ya no es más una utopía sino una posibilidad. Es la mistura entre la juventud y el mundo adulto. Conviven en vos la vitalidad de los veinte con la responsabilidad de los treinta. Todavía te da el cuerpo para ser, por un lado un pendejo y a la vez entrar a las bambalinas del mundo adulto. Si un día no tenés ganas porque llegaste fisura del trabajo, no es tan terrible.

De los 40 a los 50

La difícil pero maravillosa tarea del cuarentón es saber transformar la realidad en placer. Una pareja que llega junta a los cuarenta y tantos tiene abierta la pantalla de los hijos, de la economía, de los parientes, la casa, el propio cuerpo, las vacaciones, el deterioro de los padres y, también, la sexualidad. Todas esas pantallas se van moviendo como un ecualizador gráfico de acuerdo a la agudeza o gravedad de la música de la vida cotidiana. La situación, decide qué pantalla merece la inmediata atención. Los que afirman que la verdadera plenitud sexual se obtiene después de los cuarenta es porque aprendieron a saber ecualizar esas pantallas. Una cosa es no tener ganas y otra es sufrir ante la proximidad del cuerpo del otro. Mientras que a los veinte, una pareja encuentra solidez en el soporte de la sexualidad y lo toma como referente, en los cuarenta aparecen otros soportes igual de validos pero no excluyentes.


ecualizadorDe los 50 a los 60

Suelen hacerse muchos chistes sobre el sexo en los adultos que pisan los sesenta o setenta años. La sexualidad en esta etapa pasa más por la cabeza que por el cuerpo, lo importante es no dejar de tenerlo presente. Por supuesto que el cuerpo pone sus límites, pero es la imaginación y la buena vibra la que le pone límites a los límites del cuerpo.

De todos modos lo que empobrece al sexo en la pareja son las definiciones categóricas al estilo de “si no hay buena cama entonces no hay nada”. Poner la responsabilidad de un vínculo neurótico al resultado cuantitativo de una relación sexual, no solo empobrece al vínculo sino, claramente, su futuro. Todas las personas en algún momento pasan por esa sensación de querer con la cabeza y no poder con el cuerpo. Son aquellas que tienen incorporado el “deber ser” que opera como obstáculo que obtura la estructura de demora. Otros, pueden con el cuerpo pero no pueden con el corazón, en ese caso la respuesta no estaría en una cama sino más bien en un diván.

Obviamente que el sexo es fundamental en el encuentro con el otro, pero insisto, hay que enmarcarlo en el momento histórico de la pareja, no es lo mismo que suenen pájaros en tu ventana a que le caiga granizo al techo de tu corazón
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