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[6] Super Soldiers Apollo

Lee desde el capítulo 1: http://www.taringa.net/posts/offtopic/18133124/Super-Soldiers-Apollo.html


CAPITULO 2: BIENVENIDO AL HOYO, CONÓCELO (parte 3)



Llegando la tarde y el aire comenza a enfriarse. La línea amarilla los condujo a todos de vuelta a la explanada de la base, donde unos militares los esperaban con jabones y mangueras.
-Es hora del baño

Las pobres chicas intentando ocultar su intimidad aún no se sentían seguras rodeadas de asistentes todas ellas mujeres.
-A ver muchachas ahí les va el agua. –suelta agua con una cubeta-.

Todas con sus manos comenzaron a retirarse la mugre de la cara y cuerpo, les dosifican jabón líquido para cuerpo y las hacían compartir esponja. No era lo más higiénico, pero era lo que había.

Las chicas estaban separadas, obviamente, de los chicos usando cortinas de hule amarillas, dispuestas en un extremo del patio, mientras que a ellos les toco bañarse al aire libre solo rodeados por militares. Los muchachos fingían no imaginar todo aquello que pudieran ver pasando de las cortinas.
-¿Que están esperando? quítense todo. –Decía el sujeto con manguera en mano-.
-Pe… Pero –le respondió un muchacho-.
-Se desvisten ahora o los desvestimos nosotros y créanme que no les va a gustar tan...
En el acto todos obedecieron sin que el sujeto terminara de hablar.

Ellos tuvieron que lavar su cabello con jabón en barra, y el agua de la manguera estaba fría
-Enjabónense todo, lávense bien ahí.
-¿Por qué rayos no nos dejan ducharnos de manera decente en regaderas? –dijo John balbuceando por el frio-.
-Los hubiéramos dejado, pero las instalaciones estuvieron cerradas durante años y se cortó el suministro de agua -mientras los rocía con la manguera-. Tomará tiempo reinstalar todo bien.

Secos todos, descubrieron que sus ropas habían desaparecido. Los militares las recogieron y más o menos infirieron de qué tallas de prendas serian suficiente conseguir. Tanto a hombres como a mujeres fue igual: una camiseta de tirantes blanca, trusas negras (sostenes deportivos para las chicas, claro), pantalones militares de camuflaje gris azulado, y botas color gris claro.

Antes de continuar, una Apollo le muestra tres muchachos a otro Apollo encargado del lugar. Dos chicos de piel blanca, uno con cabello castaño largo, el otro de color negro, los ojos de ambos oscuros, están delgados y con ojeras, y una niña de cabello oscuro liso, de ojos oscuros, piel blanca y un poquito gordita.

-¿Qué hacemos con estos tres? Tienen 14 y ella 13, son menores según la ley.
-Pues –vacila un poco- llévatelos, supongo que estarán bien en el Colegio Técnico.
-¿No sería mejor si los reportamos?
-Ya hicimos papeleo y tomaría mucha burocracia, en fin, tiene edad para entrar a la escuela esa. Llévatelos.
John alcanzo a verlos salir del lugar, no sin antes ver a la niña muy sería despidiéndose. John le devuelve el gesto.

Luego de estar relajados y duchados,
-Chicos, si me hacen el favor, pasen a la cafetería, les tenemos la cena.
La cafetería esta apenas iluminada por algunas luces blancas difusas. El ambiente es tibio y olía tenuemente a plástico. Sentados John y Arthur vieron enseguida llegar a las chicas y entre ellas a María, la cual no dudó en sentarse junto a ellos.

-La cena está servida –dice el soldado con un ridículo mandil mientras abre las puertas de la cocina-.
De adentro salieron sujetos con carritos con contenedores metálicos. Abriendo los contenedores revelaron hamburguesas, que empaquetadas en celofán solo bastaba hervir para cocinar y activar los saborizantes.

Después, Apollos pasaron a cenar también. Sentándose muy familiarizados junto a los chicos, comieron y platicaron a gusto con ellos. Comieron, bebieron, bromearon un rato entre todos… comenzaron a conocerse y a llevarse bien.

Ya de noche y las iluminarias encendidas, todos salen para observar que la explanada estaba desierta y húmeda debido a la ducha exprés de antes. En eso otro Apollo más se les acerco.
-Hey, hay un balón de fútbol por ahí, ¿no quieren jugar?

Que pregunta, se divirtieron tanto que no importo cual equipo anotó más goles. Eso y todo lo anterior les fue bueno y les cayó de maravilla.
-¡Eso sí que estuvo bueno! –dijo un chavo secándose el sudor-.
-¡Sí! –le respondió una chica muy alegre-.

Terminando de jugar un rato, todos estaban sentados recargándose en las paredes de los edificios. En eso un Apollo les habla.
-Jóvenes, pasen por favor adentro del auditorio, el sargento tiene algo que decirles.

Obedeciendo a la indicación entraron al auditorio, el cual es una sala blanca muy amplia y de techo alto. En las paredes están adosadas pantallas encendidas pero no transmitían ninguna imagen. Estando de pie unos instantes la puerta que estaba enfrente de ellos se abrió. Un Apollo sin casco sale de ella, el sujeto es afroamericano, trae corte con rastrillo y usa una bien arreglada barba candado.

Acercándose firme a ellos, las pantallas muestran el Escudo de la Federación.



Con su autoritaria voz gruesa habla de manera muy audible.
-Desde Terra, hacia las estrellas: Paz, Justicia y Orden. Ese es el lema de nuestra federación y de nuestras fuerzas armadas. El Orden es el resultado del cumplimento de la Justicia; la Justicia es resultado de la instauración de la Paz y la Paz solo se practica cuando hay un estructurado Orden. El lema representativo de nuestras naciones NO se contradice.

En toda su vida no habían entendido con tanto tacto la simpleza del lema, el sujeto logró captar su completa atención.
-Es nuestro deber mantener inquebrantable el lema de nuestra federación, y eliminar todas las amenazas que busquen mitigar su significado. Es por eso que están aquí. Durante los próximos 3 años entrenaran para ser lo mejor de lo mejor. Se prepararan para convertirse en soldados de La Armada y servirán a su patria.

Todos los muchachos se azoraron ante lo oído, comenzaron a mirarse y preguntarse entre ellos pero hubo uno solo que capto de inmediato la condición del asunto.
“Esta nueva ley que obliga a los estudiantes de bajo rendimiento escolar en educación media superior, siendo del primer grado de preparatoria, técnica, general o privada… a que presten su servicio en La Armada, eso incluyendo los 3 años de entrenamiento y la posibilidad de entrar en el programa Apollo”

John comenzó a recordar de golpe.
-¡¿Que?! –pregunta muy nerviosa una chica-.
-Lo que escucharon, sus preparativos este día fueron para introducirlos oficialmente como cadetes militares y posible, POSIBLEMENTE, ser reclutas para el Proyecto Apollo.
-Oiga, oiga –levanta la vos una chica muy altanera- yo estoy en total desacuerdo en formar parte de esta basura.
-Tranquila Lizeth –trata de calmarla su amiga un tanto tímida agarrándola del brazo-.
Lizbeth, de piel blanca y pecosa, es de cabello liso largo hasta el cuello, alta y muestra marcado carácter. Su amiga es más baja que ella, de piel pálida y ojos grandes
-Tu cállate Damaris –le dice a su amiga mientras se la quita de encima-.
-¿Tienes algún problema? –pregunta con calma el sargento-.
-Dije que yo me niego totalmente a seguir con esto. Quiero irme a mi casa ahora.
-¡Yo también! –dijeron algunos por allá-.
-¿Sabes de la ley que se proclamó hace unos días?
-Claro que lo sé, sus asuntos política, ya no saben cómo alimentar esta empresa que llaman guerra.

Esa personalidad luce familiar.
-Entonces no tengo que explicarte que tú nos perteneces ahora.
-¡YO NO LE PERTENEZCO A NADIE! Quiero irme a mi maldita casa, ¡quiero que todo esto se termine ya! Sigo esperando desde la mañana a que me regresen a mi hogar. Yo no quiero formar parte de esto solo para apoyar causas perdidas de los políticos. Si tanto quieren terminar esta guerra, tenemos muchos misiles nucleares ¿qué no? ¡Solo basta con oprimir un botón! Yo no quiero ser la vengadora de todos los que murieron por culpa de esta guerra. A mí no me estén embarrando en sus porquerías y estupideces.

El completo silencio impero. Luego de al parecer pensarlo un poco, el sargento la pide que se le acerque.
-¿Puede venir un minuto, señorita?
La chica obedece con mucha resistencia. Estando frente a él, el sargento le da una orden a un Apollo cercano.
-Dame esa mesa de ahí
En el acto, la mesita metálica esta puesta. El sargento saca un cuchillo de la funda en el pecho del Apollo. Y planta su palma izquierda en la mesa
-¿Conoces el juego de picar la mesa sin pinchar tus dedos? –le pregunta a la chica y de inmediato se pone a practicar el juego-.
-Si, lo conozco.
-Bien. ¿Quieres intentarlo? –la calma con la que concede el cuchillo llama la atención de todos-.
-Está bien –como resignada, toma el cuchillo y se pone a practicar-.
-Tranquila, esta afilado, tomate tu tiempo –le dice mientras comienza a dar vueltas a la mesa.
Despacio la chica clava el cuchillo entre los espacios de sus dedos mientras todos observan.

Sin advertirlo toma el cuchillo de otro Apollo cercano y de manera violenta encaja la navaja en la mano de Lizbeth rebanando los huesos del metacarpiano. Los gritos agudos de la chica marcaban dolor profundo tumbándose ella junto con la mesa clavada por el cuchillo también.
Con mucho y urgido esfuerzo usa los pies para desclavar la navaja y se retira lastimosamente el objeto de su palma para luego aplicarle presión. Todos se alarmaron pero sentían miedo de ser reprendidos por tratar de ayudarla. De manera brusca el sargento le tapa la boca levantándole la cabeza de lo fuerte que la oprimía

-¿Crees que lo que sientes es dolor intenso? –la chica suelta abundantes lagrimas- Así como tú estabas distraída, antier todos los de la Capital estaban ocupados atendiendo sus asuntos cuando Elisium descendió y lo destruyó todo. Masacraron con lluvia de bombas a casi innumerables personas y eso no acabó ahí.

Los chicos se prepararon para lo que fuera decirles el sargento. Ojala les hubieran advertido que sería de lo más desagradable.

-No solo bajaron a destruir y matar, vinieron a cometer los más viles, perversos, actos fuera de lugar -la mira directo con sus ojos oscuros-. Pequeños niños de primaria, como lo pudieron ser tur hermanos o tus primos fueron degollados y sus cuerpos muertos exhibidos, humillados, todos tendidos y amontonados en los patios. Personas adultas, como lo pudieron ser tus padres, las obligaron a saltar de las azoteas de sus trabajos impactándose contra el suelo. Ancianos como lo pudieron ser los amigables vecinos retirados de tu colonia los desmembraron vivos con simple fuerza bruta. Y niñas, jovencitas como tú y todas las de aquí… créeme, hubieran preferido haber muerto a pasar por lo que pasaron…

Todos, incluyendo a militares y Apollos presentes, mostraron completa ira, aguantando cualquier acto con los puños fuertemente cerrados. Los chicos fueron los más impactados y esto era porque no habían caído en cuenta. Todo este tiempo vivieron algo que les pareció tan irreal que lo tomaron ligero, como si se tratara de una simulación. Pero nada estaba más lejos de la verdad, fue cuando por fin entendieron la gravedad del asunto.

-No son causas perdidas lo que queremos lograr –continuo el sargento- y si lo eran, ahora ya tenemos razones suficientes para continuar. Sí, todo podría terminar apretando un simple botón. Pero eso sería rápido y lo que queremos es justicia, y a la justicia le toma su tiempo –lo dice con una férrea convicción-. Y no, no queremos la venganza. La venganza se sirve fría, y nosotros queremos que cada bala lo cuente.

John comenzó a sentir dureza en el pecho, tensión en el vientre y rigidéz en las extremidades. Tocó sus heridas, miró sus manos engarrotadas de rabia, está enfadado.
- Los haremos pagar por sus atrocidades.

Tranquilamente suelta a la muchacha y la deja en el piso, se acerca abriéndose paso entre muchachos que dan quejidos y lagrimean. Se planta en frente de John, cuando este lo mira observa como su armadura está dañada del pecho. El sargento toma su mano entregándole algo y cierra su puño.
-Les devolveremos el daño que nos provocaron.
Retirándose el sargento, John abre su mano y lo vé, su pecho volvió a sentir una sensación familiar.

Es una bala.



continuara...


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¡HASTA LUEGO!

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