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7 razones para vivir sin un gobierno


Los ojos del mundo están puestos sobre las acciones de aquellas personas con poder, quienes son capaces de decidir el destino de un país entero y a veces de muchos. Mientras se nos enseña la obediencia como el camino más lógico y sobre todo inevitable, hay otros que no están muy de acuerdo con ello.








1. La creación de autoridad se manifiesta en una desigualdad de trato.

El motivo número uno para vivir sin un gobierno es que asignarle a alguien un cargo público es injusto. Todos deberíamos decidir y no sólo una persona, así se la haya escogido entre todos. Más allá de cualquier crítica que pueda hacerse sobre la confiabilidad del sistema electoral, las cuales son importantes, hay que señalar en primera instancia no es una buena idea que alguien, por ser elegido, pueda decidir sobre todos, restando valor a las opiniones de quienes integran la nación. Pienselo bien: usted elige, quizás salga su candidato o quizás no, pero en todos los casos, si después el afortunado que resulta electo decide hacer algo distinto a lo que prometió, usted no puede reclamarle ni echarlo, no tiene garantías de nada. Este funcionario puede jugar con su salud, instalando una planta nuclear a dos cuadras de su hogar, puede aceptar que se arrasen las reservas forestales y que se contamine el agua del río cercano y también puede decidir que una ruta pase por donde está su casa y usted se tenga que ir. ¿Qué le parece que una persona que no conoce mucho pueda decidir así sobre los recursos de todos y hasta sobre las cosas que son suyas en particular?


2. El gobierno es una máquina de quitarnos las cosas.

Con una excusa o con otra, siempre tenemos la obligación ciudadana de "colaborar". Lo escribo entre comillas porque la colaboración es voluntaria y, en cambio, lo que damos al gobierno es más bien arrebatado de nuestras manos. Esta actitud de apropiarse las cosas los demás ya dice mucho sobre lo que son nuestros gobernantes. Pero aún insisten en tratar de justificar su mal proceder con razones bonitas. Hablarán de que hacen esto o aquello. La verdad es que a veces no sabemos ni cuánto nos están quitando a nosotros, más difícil es saber cuánto le quitan a los demás. Así que es mucha la facilidad para engañarnos y hacernos creer que usan el total del dinero aportado para nosotros, cuando la situación es diferente. Podemos poner en duda cualquier cuenta que nos hagan. Además, los gobernantes no se fijan ni siquiera en la situación de las personas antes de quitarles el dinero: no importa si usted está pasándolas malas, le quitarán lo que tiene y arrégleselas. Después, para oscurecer más las cosas, darán ayuda social y generalmente esperarán un apoyo a cambio de ese "favor". Te quitan la posibilidad de supervivencia y después te la venden a cambio de tu dignidad.


3. Es imprudente confiar tanto a alguien que no conocemos.

Puede simpatizarle mucho un político o puede detestarlo. En los dos casos, probablemente ya se haya dado cuenta de lo poco que los conoce en realidad. Usted no sabe quién es esa persona en su vida privada, cómo trata a su familia, cómo es con sus amigos, si es fiel o infiel, si es inteligente o solamente un charlatán. La verdad es que elegimos a los gobernantes como un ciego los colores de la ropa que usa. Entonces, ¿por qué exponer a nuestra familia y a nuestros seres queridos a que un tercero los perjudique con sus decisiones? Recuerde que hay gente que muere todos los días debido a la inseguridad, hay personas que van a la cárcel por defenderse de los inadaptados que quieren hacerles daño y hay personas que se supone deberían recibir un correctivo y son dejadas en libertad para hacer lo que deseen a los demás, todo esto gracias a la ayuda de nuestro sistema de justicia y a leyes que favorecen a la gente que no se adapta bien a la convivencia con los otros. Pero no es la única forma en que nos puede afectar delegar nuestro poder de decisión en las manos de un tercero. Impuestos altos a veces se agregan a servicios básicos como el gas, el agua y la electricidad, disminuyendo en muchas familias el poder adquisitivo y la calidad de vida. La inflación puede empobrecer la gente. Y una declaración de guerra puede llevarnos a situaciones poco confortables, como tener que pensar en ir a la cárcel, abandonar nuestro país o matar personas contra las que nada tenemos.


4. El gobierno es algo impuesto, no voluntario.

A pesar de la falsa impresión de democracia que esperan dar, los republicanos se traicionan cuando no reconocen una libertad esencial del individuo, que es la de abandonar una organización que consideramos perjudicial, porque hace daño a los demás y los manipula. El gobierno nos trata como súbditos, al pretender que aceptemos a la fuerza cosas que rechazamos en lo profundo de nosotros, en contra de nuestros valores personales. No importa que sea una persona ética o una persona concentrada sólo en su propio interés, de cualquier manera se le exigirá quedarse de brazos cruzados cuando quiera hacer algo o moverlos cuando no quiera. Básicamente, eso es la ley. Y no hay una manera de quedarse huérfano de un gobierno, porque ya se han asignado el territorio entre los distintos grupos políticos. También, porque los ideólogos republicanos no han pensado en la posibilidad de que alguien quiera renunciar a su horrenda creación. Y esas personas existen.


5. Los gobernantes suelen corromperse.

Aunque se hayan creado las leyes supuestamente para ayudarnos, los primeros en infringirlas son los mismos que las imponen, o sea, jueces, funcionarios del gobiernos, policías, legisladores. Estas personas están obligadas a cumplir y a hacer respetar la ley pero ¿qué puede importarles?, si son ellos mismos los que tienen el poder de juzgar y decidir. Aunque haya otros de su oficio que legalmente pudieran juzgarlos, entre corruptos se entienden. Y lo peor de todo es que tienen toda la razón de hacerlo, porque salen ganando si lo hacen y no consiguen nada si no lo hacen. El peligro de ser juzgados es poco, ya que cuentan con poder y están bien relacionados. Así que lo más normal y obvio es enriquecerse por estos medios ilícitos, que son muy rentables. Esto significa generalmente la colaboración directa con mafias, en perjuicio de las personas como usted. Zonas liberadas para el robo, venta de personas para hacerlos esclavos, robo de dinero recaudado por el fisco, inacción cuando algunos infringen las leyes y bloqueo a la competencia de otros. Usted mismo podría continuar la lista de las cosas malas que hacen quienes tienen el poder en sus manos.


6. El gobierno no soluciona aquellas cosas para las que fue creado.

Escuché bastante sobre las funciones del gobierno, pero me doy cuenta (como usted ya lo habrá hecho) que ninguna se cumple. ¿Se puede decir que vivamos en una sociedad justa, cuando los ladrones ejercen libremente su actividad a cambio de sobornos? ¿Y qué pasa con la economía, acaso parece muy sólida cuando tenemos que implorar a todos los santos que no haya un nuevo aumento de precios? ¿Y el sistema de salud pública es muy rápido y eficiente, cuando los médicos hacen paro a menudo por las malas condiciones de los hospitales y la falta de suministros? ¿Se puede hablar de un transporte público excelente, cuando más de la mitad de los pasajeros viajan parados y apretados? ¿Y qué podemos decir de nuestra representación en el exterior, qué imagen damos como país cuando un presidente traiciona a los que nos ayudaron y otro es un arrogante que vive ofendiendo a los demás? Y si en áreas importantes el gobierno fracasa tan estrepitosamente, ¿usted opina que cumple o no con las funciones por las cuales nos aseguran que se justifica su existencia?


7. El sistema es hipócrita.

Cuando se nos enseña en la escuela o cuando hablamos con alguien de temas políticos, nos suelen venir con cosas muy curiosas. La primera es que el gobierno nos concede libertades. Mirelo bien, analicelo. Usted ya es libre, nació así. Pero viene alguien con un código de leyes y alza la cabeza con orgullo por el permiso que "le da" de hacer algo. Esto es un engaño, porque usted ya era libre, sin necesidad de que venga nadie. Y lo peor es que el código está hecho para obligarlo y exigirle cosas. Todo lo contrario de lo que pretende que hace. También dice protegerlo, y le ordena no protegerse ni defenderse, porque el juez y el policía lo deben hacer. Pero si el juez y el policía lo desamparan, aún si es su derecho, se lo castigará por tomar acciones personalmente, tal como si usted fuese un inadaptado que se dedica a perjudicar a inocentes. Esta situación desgraciadamente no es rara y crea un conflicto que termina beneficiando a quienes se dedican a hacer daño a los demás para conseguir un beneficio, ya que usted debe permitir que sigan haciendo el mal o puede actuar pero será castigado, convirtiéndose la ley en una protección para el inadaptado que se ha hecho de buenas relaciones. Además, dice que concede libertades, pero alegarse semejante mérito es una manera de encubrir las limitaciones que se ordenan en cuanto a lo que se puede hacer. Retomemos lo primero que dije. Usted ya es libre, nació con una libertad plena. Entonces, viene alguien y le da permiso de hacer algunas cosas pero hasta cierto punto. Aparte de esto, muchas veces le cobrará por el permiso de hacerlas, cuando realmente la libertad es de nacimiento y no se la puede conceder nadie. Y habrá situaciones que pongan en peligro su vida o su salud y, debido a que el gobierno estuvo repartiendo obligaciones y derechos por ahí, usted se verá obstruido en la solución de su problema o se verá envuelto en uno. Podemos pensar en un estanciero que desvía el curso de un río importante para la vida de cierta comunidad o en una empresa petrolera que contamina el agua de uso común con sustancias tóxicas. Esto sucede de verdad y el gobierno ha sido un estorbo para las personas que reclaman el acceso a agua limpia y saludable, de la que ya disponían. También, hay casos de personas fueron obligadas a ir a la guerra o a defender puestos fronterizos cuando no tenían deseos, bajo amenaza de encarcelarlos. Algunas historias relacionadas son muy tristes.








Para terminar, aclaro que aquí se trata de filosofía y que cualquiera que desee infringir alguna ley, deberá hacerse cargo personalmente. Yo no me hago responsable de nadie que haya malinterpretado esto. Él es el responsable de sus acciones. Que quede claro que no quiero que usted apoye una insurrección. Se trata de hablar del asunto para que podamos mejorar como sociedad y no de dar golpes, por la simple razón que veo mal el ejercer presión para que se acepte un modelo. Cuando sea el tiempo, será como cuando sale el sol, que todos lo ven. Así será el día. Cuando alguien les diga que trae la forma de crear una sociedad perfecta, no le crean. Si hablan de una revolución salvadora, no escuchen. Si les proponen negocios turbios para enriquecerse, no les hagan caso. Si dicen que siguiendo una religión van a mejorar sus vidas, no presten atención. Si les piden que apoyen un partido político porque traerá mucho bien, no los oigan. Porque van a venir personas de malas intenciones que con discursos elegantes y con apariencia de logros van a engañar a muchos, si es posible aún a personas inteligentes. Y lo que van a traer realmente es sufrimiento. Pero gracias a la gente sensata, no van a durar demasiado.


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