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7 razones por las que extraño la universidad





Nunca estamos conformes. Siempre queremos algo diferente a lo que tenemos. Estando en el colegio, solo queremos llegar a la universidad para sacarnos ese feo uniforme y no tener que cumplir estrictos horarios. En la universidad, queremos volver al colegio y usar esos feos uniformes de nuevo para no tener que pensar en qué ponernos cada día. Luego, entramos a la universidad y solo queremos terminarla para no estudiar más y ganar nuestro propio dinero. Y así nos pasamos la vida. Es algo paradójico.

Ahora que por fin terminé la universidad, añoro mis días de libre estudiante en los que podía hacer realmente lo que quisiera. Por eso, y por estas 7 cosas más, muero de ganas de volver a ser universitaria:



1. Veía a mis amigos todo el tiempo

Ahora tengo que pedir hora para ver a cada uno. Lograr reunirnos todos es una misión imposible. Si logro que coordinemos horario, nos vemos en una reunión flash, y siempre alguno de los dos debe irse por algún motivo. Si nos llegamos a encontrar, nunca falta el “tenemos que vernos” o “tenemos que hacer algo todos”, algo que siempre queda solo en palabras.

2. Yo controlaba mis horarios

Siempre traté de cumplir con todas mis clases, y lo logré casi en un 100%. Pero esa sensación de que era libre de asistir o no, me mantenía muchísimo más relajada. Me enseñó acerca de la responsabilidad. Además, no era un horario estricto con una hora de almuerzo como en el trabajo, sino que a veces tenía algunas clases por la mañana, otras por la tarde, y hasta días en que no tenía. Podía aprovechar mi tiempo y hacer todo tipo de cosas.




3. Podía vestirme como quisiera

Mi rango de colores actual durante la semana es negro, gris, blanco, café. Bueno, a veces me pongo un poco loca y uso azul. WOOOOW. Mi armario está lleno de falditas y blazers y elegantes zapatos, que nada de cómodos son. Cuando hace frío apenas tengo qué usar. Por las mañanas tengo que calcular un bueeeen tiempo que perderé viendo qué diablos usaré. Extraño poder ir casi en pijamas a clases y que a nadie le importara.

4. No he encontrado una cafetería igual

Aún extraño ese pastel de chocolate de la cafetería. No he encontrado uno igual. También extraño a los chicos que atendían. Éramos buenos amigos y alegraban mis mañanas.

Ir a desayunar, almorzar, o simplemente a pasar un rato, era como estar en casa.



5. Nada se compara a las desveladas de proyectos en equipo

Sufríamos, pero pasábamos momentos realmente inolvidables. La dinámica que se daba era incomparable. Pasando el umbral del sueño hablábamos cosas ridículas y graciosísimas, que en ningún otro estado se dan. Hoy no hay nada que se compare a eso. De hecho, una desvelada puede ser causal de despido en el trabajo, pues el rendimiento al otro día es paupérrimo. A las 10 DEBES estar durmiendo. Tu consciencia te lo dice una y otra vez.

6. Ya no tengo acceso ilimitado a los libros

La biblioteca de mi universidad era inmensa y bellísima. Te daban ganas de sentarte ahí por horas a leer. El silencio era muy respetado y todos hacían lo mismo que tú. Había un sinfín de pasillos con libros de todo tipo y no había límite para pedir. Podía pasarme una tarde entera viendo cuál sería el próximo libro que conquistaría.

7. No he conocido aún personajes como mis profesores

Cuánta rabia me hicieron pasar, pero cuánto los quise, y no se comparan con un jefe. Me enseñaron tanto, de materia y de vida. Personajes que son imposibles de olvidar y muy difíciles de volver a encontrar.

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