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A 31 años del golpe de 1976

Hubo una fuerza de izquierda revolucionaria que luchó contra el golpe de estado, resistió y luchó contra la Dictadura.



El presente trabajo esta basado en una conferencia y debate que dio Jacinto Roldan el 16 de junio de 1998 en el ciclo que abordo: “30 años de Historia Argentina desde el Maoísmo” y se realizó en la Facultad de Humanidades de la UNLP. Este trabajo salio en editado como folleto y ahora es parte de un capitulo del libro: “LA TRAMA DE UNA ARGENTINA ANTAGONICA. Del Cordobazo al fin de la Dictadura”. Este libro será presentado el Jueves 22 de marzo a las 19 hs en el aula 102 Piso 1º, de la Facultad de Humanidades de la UNLP (48 entre 6 y 7) en una Conferencia – Debate a cargo de Otto Vargas, secretario general del Partido Comunista Revolucionario. Invita y Organiza: Partido Comunista revolucionario y Juventud Comunista Revolucionaria.






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ASI LUCHAMOS CONTRA EL GOLPE (1974-1976)



Por Jacinto Roldán (*)

Especial para Agencia NOVA





Este ciclo de charlas lo inició Otto Vargas, secretario general del PCR, siguió el camarada Ricardo Fierro con una semblanza del histórico Cordobazo, y luego continuó el camarada Jorge Rocha exponiendo sobre el tercer gobierno peronista, el gobierno del general Perón y de Isabel Perón. Vamos a hablar de la lucha antigolpista y del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.



Vamos a hablar de un período muy agudo de la lucha de clases. Período corto sobre el cual se ha montado una gran campaña de desinformación ya desde ese entonces. Muchos de los más conspicuos golpistas hoy intentan aparecer como grandes demócratas, claro que para eso tienen que ocultar y desfigurar los hechos y “construir” una falsa historia.





La “historia oficial”



“La falsa historia es el origen de la falsa política” dijo el camarada Otto Vargas al inicio de este ciclo refiriéndose a palabras de Juan Bautista Alberdi. Y en esa falsa historia está el interés de los poderosos que, a través de los medios monopolizados, ocultan las verdaderas razones del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y encubren a sus verdaderos responsables.



A mediados de 1998, con motivo de la detención de Videla, reapareció Jacobo Timmerman, connotado periodista. Reporteado por Mariano Grondona, Timmerman saludó esa detención. Lo que no dijo Jacobo Timmerman -tampoco Grondona- es que siendo director del diario La Opinión fue felicitado dos veces por Videla por la campaña golpista del diario. La primera vez, en septiembre de 1975, cuando Videla asumió como Comandante en Jefe del Ejército en reemplazo de Numa Laplane. Y la segunda, después del 24 de marzo de 1976, cuando destacó el papel del diario La Opinión en lo que llamó la “llegada del Proceso de Reorganización Nacional”, es decir, en el golpe de Estado. Esto es parte de la falsa historia a lo que nos referimos.



En esta falsa historia que se transmite principalmente a través de los medios, hay un gran olvidado. El gran olvidado, o las grandes olvidadas, son las luchas de las masas. El protagonismo, las formas de lucha y organización que utilizaron las masas obreras, campesinas, estudiantiles y populares en esos grandes combates que tuvieron gran repercusión en la década del 70, y que son ignorados por la historia oficial, cuando fueron los principales protagonistas de aquellos años.





Las causas del golpe



Otra cuestión de la “historia oficial” y de toda esta campaña que actualmente se está realizando sobre la década del 70, ignora o tergiversa el papel que jugaron las fuerzas de izquierda, las fuerzas revolucionarias, en los combates de ese período; y también cuáles fueron las verdaderas razones que llevaron a la división de la izquierda.



Es imposible abordar el período de preparación del golpe de Estado -y de cualquiera de los temas de la década del ´70- sin destacar las impresionantes luchas de ese período. Entre 1969 y 1976 la Argentina estuvo recorrida por luchas que conmovieron el país: el Correntinazo, el Rosariazo, el histórico Cordobazo, el Mendozazo, el Rocazo, de los que ya se ha hablado; y al calor de esas luchas, como un torbellino, miles de jóvenes, miles de luchadores, nos incorporamos a la lucha revolucionaria. Este es un aspecto fundamental de aquella Argentina. Y el otro aspecto, era que en las grandes masas -cuando hablo de masas hablo de los millones que habitan en esta tierra- había un sentimiento muy profundo, en realidad una reivindicación política muy sentida, que era la vuelta del General Perón a la Argentina. Esas grandes masas pensaban que así se iban a resolver sus problemas. El General Perón volvió en 1973 y con su regreso, la situación política nacional cambió, pero el auge revolucionario de las masas no paró.



Durante la dictadura y en estos 22 años, a través de los medios de difusión, hay fuerzas políticas que cuando hablan de las causas del golpe de Estado dicen que fue porque Perón, en esa tercera presidencia, estaba viejo, enfermo y reblandecido. Y que estaba manejado por un brujo, que era López Rega, y por una loca, que era Isabel Perón. Quiere decir que lo que ellos dan como motivo del golpe de Estado, es que Perón, López Rega e Isabel, generaron un gran caos y no hubo otra posibilidad que dar el golpe. Esta es la versión de la “historia oficial” de las clases dominantes, y después hay un gran coro que repite esa melodía. Niegan y distorsionan la realidad.



La juventud, principalmente, tiene que investigar; tiene que indagar para encontrar la verdad de lo que pasó en esos años. Porque basta mirar los diarios de aquella época para darse cuenta del terror que desató en los poderosos el espectro de los cuerpos de delegados y comisiones internas recuperados para el clasismo. Diarios de la oligarquía, como La Prensa, alertaban sobre el peligro de “los soviets de fábrica”. Los soviets de fábrica eran esos cuerpos de delegados y esas comisiones internas recuperados por el clasismo a lo largo y ancho del país. El avance del movimiento campesino con las Ligas Agrarias, las luchas del movimiento estudiantil junto al movimiento obrero, los “sin techo”, que ocupaban tierras y viviendas, eso era lo que se vivía por aquellos años en la Argentina. Solo entendiendo la magnitud del auge revolucionario de las masas que conmovió los cimientos del Estado oligárquico-imperialista, sólo a partir de esto, principalmente los jóvenes, podrán entender la magnitud y la profundidad del terror fascista, el revanchismo de las clases dominantes, que utilizando el control del aparato del Estado y las armas reprimieron a mansalva a la clase obrera y al pueblo argentino.



A partir del golpe de Estado del 24/3/76 los poderosos de la Argentina, a través de la dictadura de Videla, Viola, Massera y Agosti, le impusieron a la clase obrera y al pueblo la más sangrienta represión en lo que va de este siglo. El objetivo del golpe, o el principal objetivo del golpe y de la represión, fue frenar ese impresionante auge revolucionario de masas. Este fue, a nuestro entender, el principal motivo.





El casete de los 70



Los crímenes llevados adelante por la dictadura, crímenes aberrantes, a más de 22 años del golpe siguen impunes. Los asesinos, los torturadores, los responsables políticos de ese genocidio, caminan libremente entre nosotros, hacen declaraciones por la radio, declaraciones por la TV. Ellos hablan, discuten, confrontan. Y de lo que no se habla, y lo que no se dice, es que en esos años las grandes masas hicieron el borrador, bocetaron lo que tenemos que pasar en limpio para que triunfe la revolución en la Argentina. Debe ser por eso que no figuran en los escritos de los que nos cuentan la historia desde los medios de comunicación monopolizados.



A esos grandes combates de esa década les han puesto un rótulo, es el cassette de los 70. A esto reducen esos invertebrados de la política, ese auge que sacudió la Argentina. Pero la década del ´70 ha dejado grandes enseñanzas para el avance de la lucha revolucionaria. Y una profunda herida abierta en el corazón de la clase obrera y el pueblo argentino. Esa herida abierta sólo va a cerrarse cuando la revolución triunfe, cuando sean aplastados los enemigos del pueblo y de la patria.



Ahora, en la década del 90 se retoma el camino que recorrieron las masas en la década del 70. En diciembre de 1993 el histórico Santiagueñazo conmovió a la Argentina y al mundo abriendo un nuevo período de auge de luchas en el movimiento obrero y popular. Las luchas obreras, las rebeliones populares, las puebladas de la década del 70 son retomadas por las masas. Las movilizaciones y cortes de ruta se han impuesto como forma cotidiana de lucha en cada rincón del país. El Santiagueñazo, las heroicas puebladas de Cutral Có, Plaza Huincul, el Tartagalazo, el Jujeñazo, los paros genrales de los años 96/97, las 2 Marchas Federales, las grandes movilizaciones contra la impunidad de los crímenes de la dictadura genocida son algunos de los ejemplos más avanzados del actual reguero de luchas.



Nosotros, el PCR, el clasismo revolucionario, estamos trabajando con todas nuestras fuerzas para que este nuevo auge de luchas tenga otro desemboque. Tenga un desemboque a favor de la clase obrera y el pueblo que permita avanzar en el camino de la revolución. Por eso venimos a la cabeza de las luchas, peleando en todo el país, desde Jujuy a Tierra del Fuego, por un Argentinazo nacional triunfante que es por donde, con una justa política de frente único, se puede terminar con esta política y este gobierno imponiendo un gobierno de unidad popular antimenemista que resuelva pan, trabajo, tierra, techo, educación, salud, libertad e independencia nacional.



De esta manera, es posible que dentro de unos años, cuando se hable de la década del 90, las clases dominantes no puedan decir -como han hecho con la década del 70- “el cassette del 90”; sino que cuando se hable de la década del ´90, hablemos y hablen los que son protagonistas de estas grandes luchas que hoy recorren a la Argentina.





Utópicos y revolucionarios



Quiero ubicar el contexto en que llegamos a la posición antigolpista. El PCR, nuestro partido, había nacido en 1968, encabezando la lucha contra la dictadura de Onganía. Nosotros dijimos que esa dictadura estaba sentada sobre un polvorín y por esos años fuimos fogoneros para que ese polvorín estallara. En aquel momento había teorizaciones, como ahora, que partían de la base de afirmar que “la gente no da”, o que “somos un pueblo donde la gente no da”. También había teorizaciones sobre el reflujo. Perón, desde Madrid, llamó a “desensillar hasta que aclare”, la dirección del Partido Comunista, con la teoría del mal menor, planteaba que el general Lanusse era un militar progresista y que era mejor que Onganía, hasta que el histórico Cordobazo los obligó a cambiar el libreto. Esto pasó en la Argentina hace más de 25 años. Fue uno de los períodos más ricos de nuestra historia.



Nosotros nos incorporamos a la lucha revolucionaria en uno de los períodos más ricos de la izquierda en el mundo: el triunfo de la Revolución Cubana que sacudió a América Latina y nuestro país, más tarde, el Mayo Francés, la Revolución Cultural Proletaria en China, la derrota del imperialismo yanqui en Vietnam. Hechos que generaron un gran debate en la izquierda y en la juventud. Era un debate de grandes masas en relación a los dos caminos que había en América Latina: la vía pacífica o la lucha armada. El camino que en Cuba había llevado al triunfo de la revolución, o el camino parlamentario que sostenía y levantaba la dirección del PC, que primero tomaron el ejemplo de Brasil con la presidencia de Goulart a mediados del ´60, y cuando fue aplastado el gobierno de Goulart ya en la década del ´70, levantaron el camino de Chile con Salvador Allende. A ese camino llamaron la vía chilena al socialismo. Querían decir que se podía llegar pacíficamente al socialismo, ilusión que también se propagandizó entre las masas cuando Cámpora llegó al gobierno. ¡Eso sí que era utopía! Plantear que se podía llegar al socialismo por la vía parlamentaria.



Una línea que desarmaba a las masas para poder enfrentar aquellos años que vivimos y que sufrimos. Había dos caminos: reforma o revolución. Eso era lo que discutíamos las fuerzas revolucionarias surgidas por aquel entonces en polémica con el reformismo. Esa era una línea divisoria: los que estaban a favor del camino parlamentario, y los que estábamos a favor de la revolución y la lucha armada. Por aquel entonces, miles de jóvenes tomábamos como ejemplo al Che Guevara, y convencidos de la necesidad de la revolución abrazábamos el camino de la lucha armada.



Los más jóvenes, para entender la historia, deben comprender que éramos miles y miles dispuestos a dar la vida por la revolución en la Argentina. Eso era esa juventud en ese período histórico y no existía el partido revolucionario. Había sido degradado e inutilizado por la traición de la camarilla dirigente del Partido Comunista y la existencia de ese partido era una necesidad que surgía de las entrañas del movimiento obrero y revolucionario argentino. La mayoría de nosotros venía de la ruptura con esa camarilla, y considerábamos que para el triunfo de la revolución era necesario un partido de vanguardia del proletariado, basado en el marxismo-leninismo. Teníamos claro que sin partido de vanguardia no hay revolución y sin teoría revolucionaria, tampoco. Otras fuerzas revolucionarias secundarizaban esta necesidad, pero era una discusión entre partidarios de la revolución.



Todos éramos revolucionarios, antiyanquis, golpeábamos a los mismos enemigos (incluido el peronismo) y pensábamos por aquella época, que el triunfo de la revolución era fácil y rápido. Predominaba en esa izquierda la idea que la revolución la hacían los revolucionarios "para las masas". La Revolución China, en el país más poblado de la tierra, no se conocía; y Mao Tsetung era mala palabra. Incluso, en la declaración constitutiva del Partido Comunista Revolucionario, en enero del ’68, se plantea que había que combatir y derrotar la línea antisoviética y divisionista de Mao Tse Tung; reflejo de la gran campaña antimaoista impulsada desde la URSS, que influenciaba a una gran parte de la izquierda en la Argentina. Sin embargo, en el recién fundado PCR, aún en pañales, se enfrentaba esa campaña del revisionismo, jugando un gran papel camaradas de larga trayectoria revolucionaria como Pedro Planes y Otto Vargas que tenían otra visión de la Revolución China y de Mao Tsetung. El rol de Otto Vargas, secretario general de nuestro Partido fue clave para la maduración ideológica del PCR y para el viraje político que implicó la posición antigolpista.





Dos corrientes



En esa corriente de izquierda grande en que venía nuestro partido se fueron desarrollando, no por un camino lineal, dos corrientes: una tomó como forma principal de lucha el terrorismo urbano y consideraba a la Unión Soviética como un país socialista que ayudaba a los pueblos; y la otra, era la izquierda marxista-leninista que por el requerimiento de la política y de nuestra práctica revolucionaria, llegamos al maoísmo. Dos grandes corrientes.



Nosotros habíamos sacado valiosas enseñanzas del Cordobazo. Fuimos la única fuerza de izquierda que estudió esa experiencia, que planteó el camarada Fierro en la segunda charla de este ciclo, y fuimos protagonistas principales del resurgimiento del clasismo en la Argentina. Desde allí, fuimos el motor de una impresionante ola de recuperación de los cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos. Lo más avanzado fue el SMATA cordobés, dirigido por el camarada René Salamanca. Ese proceso lo hicimos junto con otras fuerzas de izquierda. Hasta un momento, por un período y con diferencias, actuamos y trabajamos juntos en la recuperación del SMATA.



Empezamos a estudiar la experiencia revolucionaria de China y los aportes al marxismo-leninismo del camarada Mao Tsetung negados por los revisionistas de todo pelaje.



Las enseñanzas de esa Revolución, en el país más poblado de la tierra, tenían y tienen validez universal. "China no es lo mismo que Argentina", decían. Efectivamente. Argentina tampoco es igual a Rusia ni a Cuba, pero esas experiencias revolucionarias triunfantes, así como sus posteriores derrotas tienen inmensas enseñanzas para todos los pueblos de la tierra y todos los revolucionarios del mundo.





"El poder nace del fusil", dijo Mao Tsetung. Cuando hablamos de violencia revolucionaria entendíamos y entendemos que es la del pueblo en armas. El fusil en manos de las masas y no solo en manos de grupos selectos aislados de las masas.-





(*) Miembro del Comité Central del PCR y de su Comisión Política, que fue secretario del Comité Regional La Plata, Berisso y Ensenada del PCR, durante ese periodo y durante la lucha de resistencia a la dictadura. Actualmente es el Coordinador de la Provincia de Buenos Aires del PCR.



Recopilación de Emilio Román, corresponsal del Semanario HOY del PCR



http://www.agencianova.com/index.asp?n=2007_3_21

NOTA:" Opinión
A 31 años del golpe de 1976 (1ra parte) "
Les pongo el nombre de la nota sinó no toma el algún caracter de el link y por ende no funciona
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