Abracé por primera vez una lincesa y se me paró (II parte)



Esta es la segunda parte de mi virgo historia.

Abracé por primera vez a una lincesa y se me paró (I parte)

Este último sábado invité a un par de diamonds amigos míos a virguearla en la sala de mi casa: a tomar gaseosa y comer chatarra, a jugar Dota, a ver videos de Dross, a jugar cartas y a escuchar metal (taringuear lo hago a solas). Siempre hacemos lo mismo pero es mejor perder el tiempo en compañía de los gorditos que aburrirme solo. Además que ya se acaban las vacaciones y hay que aprovechar.




Estábamos en eso cuando abrí mi face y mi amiga la flaquita me preguntó por el chat:

“¿Qué cuentas?”

Le dije que estaba en mi casa con los chicos, después ella me preguntó si podían ir ella y las demás (las otras dos). Le respondí:

“Claro c:”

El par de virgos de mis amigos ya estaban emocionándose.

“Bien, ya nos ha salido el plan. Una para cada uno” dijo uno de mis amigos que es el más pervertido y pajero de todos.

“Tranquilo viejo” le contesté.



El otro entró en pánico, se puso nervioso y activó su escudo de virginidad: dijo que mejor ya se iba a su casa, que tenía cosas que hacer e inventó puras excusas, pero el gordo pajero se comenzó a burlar de él, entonces cambió de idea y se quedó.



Luego de un rato la chica que me gusta o sea mi amiga, me dejo otro mensaje de Facebook avisándonos que las otras no podían ir. Entonces todos nos decepcionamos. Hasta que ella dijo:

“De todas maneras iré a visitarlos porque necesito salir de mi casa un rato”

Eso nos pareció bien.

Mi amiga llegó y nos pusimos a ver juntos videos de Dross y demás boludeces en youtube.




Sinceramente ¿qué más íbamos a hacer?

Los demás no sé si se dieron cuenta porque andaban muy concentrados en virguear con los ojos pegados al monitor pero yo pude percibir que la chica que me gusta tenía el semblante muy triste y pensativo (no era la misma de siempre).

Yo no podía tomar atención a los videos graciosos porque de rato en rato volteaba a verle disimuladamente la carita. Me hubiera gustado preguntarle:

“¿Tienes problemas? ¿Puedo ayudarte?” pero no era el lugar ni el momento y aunque lo hubieran sido no me hubiera atrevido por cobarde.



Como a las 8 de la noche acabó “la fiesta” y salimos todos a la calle para acompañar a los diamonds al paradero a que tomaran el bus de regreso a sus casas.

Nos quedamos solos mi amiga y yo.

Ella vive cerca de mi casa, así que se regresa a pie y como buen caballero taringuero la acompañé.



Estuvimos un rato sin decir nada caminando y yo me sentía melancólico… al poco rato me di cuenta de que ella estaba llorando en silencio y que se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.

Así que reuní valor y le pregunté con suavidad:

“¿Te sientes mal?”

Asintió con la cabeza.

Nos desviamos del camino y la llevé a un lugar más apartado donde no pasaba gente para que pudiéramos conversar. No piensen mal linces de los alpes nevados.



La chica que me gusta había tenido un problema con su familia, cosas personales (ya antes me había contado algo de eso por face) pero justo ese día había ocurrido algo en su casa que la había afectado mucho. Me abstengo de decir precisamente qué. Pero mis padres ya se separaron y le aconsejé que sería mejor si hicieran los suyos lo mismo también. Ella se calmó y me miró fijamente a los ojos.

Juro que en ese momento quise correr a abrazarla pero mi virgo escudo no me dejaba. Ella tuvo que pedir:

“¿Me puedes dar un abrazo?”



Me acerqué lentamente y con miedo como el rey de los virgos. Ella fue la que me rodeó primero con sus brazos y me quedé helado, temblando. Pero con mi orgullo de virgo lentamente le puse las garras de lince encima y con delicadeza. Apenas le toqué los hombros y con miedo, papus.

No sé cómo rufianes, el hecho es que se me escapó decirle:

“Te quiero” (menos mal no fue “te amo”)

“Te quiero también” me contestó.

Hubiera estado muy feliz si es que ella antes no me hubiera dicho muchas veces que me quiere como a un hermano.



Me abraza fuerte, le correspondo y la abrazo más fuerte todavía. Ahí mismo me suelta y se queja:

Ella: No aprietes tan fuerte que me vas a romper.
Yo: Lo siento, no me di cuenta.
Ella: Casi me quitas todo el aire de los pulmones.
Yo: Perdón.


Pero no lo decía como regañando, lo decía divertida y se río un poco con eso. Creo que me sonrojé de la vergüenza, troesmas.



La volví a abrazar pero ahora con más cuidado. Quién iba a pensar que hasta para eso se necesita tener práctica. Es que uno es hombre y no mide su fuerza con las florecitas.

Como ella es más bajita tuve que inclinarme (ni me fije en que me podía dar dolor de columna). Todo hubiera estado bien si es que no se hubiera despertado inoportuna la sin hueso.

Me puse a oler un poco su cabello y su shampoo era como de aroma a margaritas, a lavanda, a rosas… no sé qué rayos pero olía a flores.



Es que al tenerla así, al sentir su cuerpecito de niña: tan delgadita, pequeñita, frágil, delicadita, inocente, virgencita, estrechita…Comenzó a levantarse la sin hueso traidora. Me jugó una mala pasada.

Me asusté y la empujé para romper el abrazo. Lo primero que hice fue el viejo truco de meter las manos a los bolsillos para disimularla, aunque los pantalones que llevaba puestos eran anchos no me confíe, linces. Como ella me miraba a los ojos con cara de confundida, rapidito di media vuelta y corrí a esconderme como buen virgo precavido.




Había un muro bajo que rodeaba la fachada de una casa. Menos mal no había gente pasando y ahí me agaché apoyado a la pared. Pegué las rodillas al pecho y me abracé las piernas bien juntitas (en pose medio emo)


Mi amiga me siguió, se le notaba preocupada.

Ella: ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
Yo: No me pasa nada.
Ella: ¿Estás enfermo? ¿Te duele algo?
Yo. No. Mira qué bonita esa casa...


Empecé a decir cualquier cosa para barajarla. De vez en cuando cambiaba un poco de posición para acomodarme pero siempre con mis brazos cubriéndome la entrepierna. Estaba temblando como un condenado y me golpeé un par de veces la espalda contra la pared de la desesperación.



Ella: ¿Te duele el estómago? Mejor volvamos a tu casa y te tomas algo…

Y se sentó a mi lado. Estaba casi tan asustada como yo la pobre. Yo hubiera salido huyendo con tal de que se fuera más lejos y no se diera cuenta de mi problema…pero con mi asunto me quedé ahí paralizado. Menos mal se me prendió el foquito:

Yo: Sí, a veces me dan dolores fuertes pero se me pasan luego. Más bien déjame un rato solo.



La chica que me gusta se levantó, cruzó la calle y me estuvo vigilando desde la otra acera.

Me calmé y cuando la sin hueso se puso mansa de nuevo, me levante y fui hacia la chica.



Ella: ¿Ya fuiste al médico? Ten cuidado con eso no vaya a ser apendicitis.
Yo: No, creo que es la gastritis que tuve el año pasado. No es nada.
Ella: Bueno, pero igual ve a que te revisen eso.
Yo: Claro, no te preocupes.


Por fin pude llevarla hasta la puerta de su casa y ella se despidió de mí con un abrazo rápido y un beso en la mejilla (primera vez que hace eso) hubiera querido devolvérselo pero me daba miedo que de vuelta reviviera el monstruo.

Esa fue mi virgo anécdota, linces. Espero que la lincesita no sospeche nada. En aquellos fatales momentos pude vivir en carne propia la expresión: “Que el suelo se abra y me trague la tierra”.



No sé rufianes. Es que en parte me siento un poco culpable porque antes de esa noche nunca había pensado esas cosas con ella. Siempre ella fue para mí un amor platónico, es que ella es inocente y dulce y yo ensuciando su imagen así con mi mente enferma. Además de que me sentí un poco Lexo a pesar de que somos de la misma edad. Pero estoy enamorado de ella como un idiota. En serio la quiero.

Me he quedado medio traumado con lo que pasó y no abro mi Facebook desde esa vez porque me da vergüenza encontrarme con ella. No puedo ser más virgo ni más cobarde, papus. Y de declararme ni hablar.

Aquí termina mi virgo historia, maquinolas.