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Akira: El Anime misterioso







Resulta fácil y complicado al mismo tiempo hablar sobre un mito como Akira, la genial obra de Katsuhiro Otomo: un soberbio manga recopilado en 6 gruesos volúmenes que dió pié a un anime que marcó un antes y un después en la industria. Por una parte fue una de esas películas que deslumbraron tanto que a todos aquellos que tuvimos ocasión de verla en aquella época se nos quedaron grabadas para siempre sus imágenes en la retina, y nos resulta fácil por ello visualizarlas aún hoy en día con total claridad, a pesar de los años transcurridos. Pero por otra parte no hay que olvidar que se trata de una obra compleja, y hasta cierto punto “densa” dentro de los estándares del Anime a los que estamos acostumbrados.











La historia de Akira nos sitúa en el Neo-Tokyo del año 2019, tres décadas después de una devastadora Tercera Guerra Mundial. El panorama en la monstruosa y asfixiante ciudad es ciertamente desolador, con bandas callejeras que campan a sus anchas por los suburbios y siembran el caos allá por donde van. En una de esas bandas de jóvenes delincuentes conoceremos a los protagonistas de nuestra historia: Kaneda y Tetsuo.







En uno de los cruentos enfrentamientos entre bandas callejeras rivales, Tetsuo caerá herido al tomar contacto accidentalmente con un extraño niño de aspecto envejecido, al que pronto las fuerzas militares capturarán para llevarlo de vuelta al lugar del que había conseguido fugarse gracias a la ayuda de un misterioso grupo rebelde. Todo habría quedado en un mero incidente sin explicación para el grupo de Kaneda a no ser por una circunstancia decisiva: tras el accidente, los militares también se llevaron a Tetsuo.







A partir de aquí se sucederá una épica historia de acción, intriga y fantasía que nos mantendrá en todo momento con el corazón en un puño. Varias subtramas convergerán en un hilo común conductor hábilmente trazado como es la misteriosa figura de “Akira“, el experimento más celosamente guardado por el gobierno japonés.







La película de Akira fue un auténtico “boom” en su momento (1988 nada menos), costando más que ninguna otra realizada hasta el momento en Japón (más de mil millones de yenes), incluyendo a películas de imagen real y todo. Los resultados ciertamente merecieron la pena y justificaron la enorme inversión realizada, que combinó los esfuerzos de un sinfín de estudios de animación coordinados para este único proyecto, ya que además de ofrecer una obra maestra de la animación sirvió sobre todo para darle el empujón definitivo a la industria del Manga y el Anime de puertas afuera del país del Sol naciente durante los años posteriores. En japón esta industria ya era lo que era entonces, mientras que en el resto del mundo lo empezó a ser gracias en buena parte a Akira.












El Misterio de Akira





¿Quién es Akira?



Bien, responder esta pregunta significa meter un spoiler de cuidado. Por lo que diré lo que se sabe (o lo poco que se sabe) en los primeros tomos del manga: Akira es “alguien”, aparentemente un niño, que está enterrado / criogenizado / congelado en un sitio secreto ya que fue parte importante de un proyecto ultra secreto que usaba niños con poderes especiales para fines desconocidos, posiblemente militares, y que suponemos acabó mal. 







Este es el gran misterio que rodea la primera parte de la historia, abonándolo con impresionantes escenas de acción, un humor básico pero divertido, unos personajes magníficamente construidos y de fondo una ciudad cyberpunk del futuro, la ciudad de neón, impersonal, oscura y fría, Los Ángeles de Blade Runner, sin ningún sitio donde esconderte que no sean las alcantarillas. La sensación de misterio y de preguntas no respondidas a no ser que sea con cuentagotas es difícil de explicar con palabras, pero es un arranque magnífico donde la obra vuelta muy alto.















Políticos y científicos, nadie se salva



 Akira podría catalogarse como manga de acción, pero también de ciencia-ficción. Pero incluso así hay otro nivel: el político. Aún cuando la ciudad se tiende en pie, el grupo de políticos que discuten sobre qué hacer con el proyecto Akira confiere un amalgama de opiniones dispares dentro de un mismo grupo. Incluso hasta hay un traidor al gobierno. También asistimos a ridículas reuniones parlamentarias donde se habla mucho y se actúa poco. Y ahí al fondo nos encontramos con el Coronel, que se los mira a todos despectivamente y piensa que en el fondo ninguno de ellos sabe qué hacer para dar con la solución y que la mesa de diálogo es una pérdida de tiempo.







Hemos hablado de los políticos y de los militares, ¿pero qué hay de los científicos? Al principio, nos encontramos con el personaje del doctor, conocido si se ha visto la película, que colabora con el Coronel. Quiere despertar a Akira para dar fin con éxito a 30 años de investigaciones, de forma egoísta porque el despertar del numero 28 es una incógnita, teniendo a Tetsuo al lado.







 Posteriormente este doctor es reemplazado por otro, que observando viejas fotografías del “proyecto de los niños especiales”, vemos que es el doctor al que Lady Miyako hace referencia en su charla con Tetsuo. Posteriormente, reunidos en un portaviones de la armada norteamericana, un grupo de los mejores científicos a nivel mundial se sienta a estudiar el fenómeno Akira y las 3 grandes explosiones que ha habido a lo largo de la historia relacionadas con este caso (de los diálogos de los cuáles nosotros podemos extraer teorías sobre el pasado de la historia, qué provocó la gran explosión de 1992 etc., componiendo un puzzle que empieza a estar completo). Se relacionan las últimas explosiones con un pequeño Big Bang en medio de la ciudad, cosa que la narración llevada hasta aquí te lleva a pensar en las teorías que se barajaban al principio, todas relacionadas con el nacimiento y primeros años de vida del pobre diablo Tetsuo.







Pero los científicos en general tampoco salen bien parados: a medida que avanza la historia, empieza a formarse en el ambiente la opinión de que el Hombre no debe jugar a ser Dios. Que por muy inteligentes que sean los científicos no son más que títeres comparados con el potencial que se podría tener con el cerebro más desarrollado. Que no se puede jugar con fuego ni con proyectos que superen la condición humana, ni con el pretexto de avanzar en el conocimiento ni mucho menos para descambiar estos logros por medallas y el aplauso de los colegas de profesión en interminables reuniones científicas, meta que muchos tienen de forma egoísta. Por lo tanto, vemos que, por debajo de las escenas de acción y destrucción marca de la casa, hay un mensaje crítico en la que pocos colectivos se salvan de la quema.











Las drogas, elemento potenciador del carácter pero inhibidor a la larga







El asunto de las drogas se trata repetidamente: pasamos de ver una banda de motoristas locos que toman pastillas para colocarse como si se come caramelos, a un pobre diablo que adquiere un síndrome de abstinencia por haber ingerido una sustancia prohibida de alto calibre. Cuando Tetsuo se populariza gracias a su poder y por tener a Akira “de su lado”, ingiere cantidades industriales de píldoras sin pensarlo. Pero es la propia Lady Miyako la que le advierte que, una vez las pastillas le han encumbrado al numero 1 del mundo, esas mismas pastillas le impiden progresar a otro nivel (como si se tratase de un videojuego).







 El proceso nervioso al que se somete Tetsuo por no probar de nuevo la droga, con un síndrome de abstinencia que mataría una persona normal es espectacular y de lo mejor del manga, y cuando lo supera puede mirar dentro de la mente de Akira sin volverse loco, podríamos decir que adquiere una mentalidad superior, tal y como le había predicho Miyako, apareciendo más tranquilo, sosegado y en paz con el mundo (bueno, es un decir). Hasta se atreve a visitar a los científicos en el portaviones para hablarles de forma madura, mimetizando las palabras que Miyako le transmitió y que en aquél momento él no entendió y rechazó con la ignorancia típica de un joven atolondrado y superado por la situación. No hace falta ser un genio para ver que uno de los objetivos de Otomo es criticar el consumo desaforado de drogas por parte de jóvenes, a los que los estupefacientes mata y neutraliza, los limita en sus movimientos y pensamientos a la vez que les hace creer que son el rey del mambo.







 El autor traduce en dibujo el descontrol al que las drogas llevan a uno transformando Tetsuo en un monstruo horrible, un “bebé” de grandes dimensiones formado por una mezcla o pupurri de carne, sangre, cables, metal, materia grasa que tiene el don de expandirse cuál tentáculo de anime hentai y engullir todo lo que encuentra a su paso. Cuando los poderes remiten o dejan de presionar, Tetsuo vuelve a su estado normal, aunque consciente de que eso ha llegado demasiado lejos, y busca la ayuda de Kaneda, su viejo amigo, pese a ser enemigos casi desde el inicio de la serie por ser Tetsuo el eterno segundón del grupo.







 Pero la última mirada humana que le vemos al pobre Tetsuo es la de incomprensión, buscando una ayuda para acabar con este infierno. Al no poder su cuerpo normal absorber tanto poder, se vuelve loco, intenta poseer barcos, cosas grandes, transformado en ese monstruo gigantesco que también se vio en la versión animada. Este “bebé” es la culminación de las explicaciones dadas con cuentagotas durante toda la serie, desde los “viajes astrales” hasta otros detalles que apuntan a la infancia de Tetsuo.
















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