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Alan Moore: Quis custodiet ipsos custodes?






















La historia de los grandes suele ser recordada por sus grandes hitos. No obstante, todas esas vidas tienen un humilde comienzo, experimental, ambicioso, donde se vislumbra lo que será esa persona que luego conocimos y recordaremos por mucho tiempo. Con Alan Moore, por supuesto, sucede lo mismo. Principalmente se lo conoce por Watchmen y V de Vendetta (en un nivel masivo, por sus respectivas películas), y en el ambiente de lectores de cómics también por Marvelman, Swamp Thing, Killing Joke, From Hell, League of Extraordinary Gentlemen y tanto más. Pero su historia tiene un comienzo, lejos de esas obras pero donde se ve el germen de sus características como escritor y también de su personalidad tan particular. 

















Enciclopédicamente, deberíamos comenzar con que nació un 18 de noviembre de 1953 en Northampton, Inglaterra. De esta simple oración aparentemente vacía y estándar, se debe destacar y mantener presente su lugar de nacimiento, ya que es especialmente importante para la etapa más reciente de su obra, aunque no tanto para la parte de su trabajo dedicado al cómic. La vida lo depositó en un barrio pobre de ese lugar del mundo, desde el cual logró llevar adelante una existencia que superó ampliamente las expectativas normales que ofrecía el contexto sociocultural en el que nació y creció. Hijo de obreros nacido en un barrio pobre de Northampton, gracias a un poco de azar, y mucho trabajo, esfuerzo y empecinamiento, el joven Alan Moore se convirtió en un guionista de cómics reconocido a nivel mundial, torciendo el destino (hablando románticamente) que lo conducía a un vacío trabajo de oficina, en el mejor de los casos. 








Quedándonos con ese tono romántico, esto lo consiguió en gran medida gracias a su amor por la lectura (libros y cómics diversos), que lo llevó a instruirse culturalmente y crecer intelectualmente, escapando del pobre mundo que lo rodeaba en su inmediatez. Por esta razón, consiguió entrar en una escuela de mayor nivel social en la cual en lugar de aprovechar la oportunidad que le brindaba esa institución hizo crecer su personalidad rebelde y contestataria y fue expulsado sin posibilidades de entrar en otras escuelas, volviendo a su situación inicial casi marginal. Tanto es así que su primer contrato fue como empleado de limpieza, lugar del cual también fue expulsado por su rebeldía (más bien por fumar marihuana a escondidas en horario laboral, pero rebeldía suena como un buen eufemismo). 








Aquí es donde entra en juego el esfuerzo, el trabajo y el empecinamiento de dedicarse a escribir y vivir de eso, en parte continuando la lógica del niño que amaba la lectura y en parte para no volver a trabajar en condiciones pobres. Y empezó como prácticamente todos: reuniéndose en un grupo de personas creativas y deseosas de dedicarse a esto, que empienzan a hacerlo sin rédito económico alguno. Así se unió al Northampton Arts Lab donde conoció a Steve Moore (de quien siempre se aclara que no hay parentesco), quien se convertiría en un importante contacto en el mundillo, y también en un gran amigo siendo el día de hoy que siguen colaborando en proyectos. 







En estos momentos los trabajos de Alan se limitaron a fanzines ajenos, como Anon, Weird Window y The Shadow, entre otros, en los cuales firmaba con el seudónimo Curt Vile, porque no podía vivir sin el seguro de desempleo y no podía trabajar cobrándolo. Al mismo tiempo, llevó adelante su fanzine propio llamado Embryo, que consistía de poemas, cuentos, ensayos e ilustraciones, principalmente. 








Su primer trabajo pagado, aunque todavía insuficiente para salir del seudónimo, fue Roscoe Moscow para la revista Sounds, una tira protagonizada por un detective privado en tono paródico. Como se trataba de una publicación cuyo tema central era la música, la historia de este personaje se tituló Who killed Rock ´n´ Roll? y presentó versiones caricaturizadas de artistas del momento, en aquel año 1979
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 Gracias a sus trabajos en Sounds (de los cuales Roscoe Moscow fue sólo el primero, continuando la tira con distintas series hasta 1982), consiguió obtener la atención del Northampton Post, para el cual creó una tira cómica titulada Maxwell the Magic Cat que firmó con el seudónimo Jill de Ray, aunque ya contaba con ingreso suficiente para trabajar legalmente. Este no es un trabajo más de los iniciales de Alan Moore, no obstante, ya que mantuvo la publicación de la tira en el periódico desde 1979 hasta entrado el año 1986.







De esta época hay que remarcar dos cuestiones relevantes. La primera, que en estos primeros guiones del primigenio Moore se vislumbra el germen de varias de las ideas que luego desarrollaría cabalmente en algunas de sus grandes obras. Y la segunda, que hasta aquí Alan Moore dibujaba sus propios guiones, así como también era el artista de tiras escritas por su amigo Steve Moore.







Esto cambió cuando el joven Alan decidió trabajar profesionalmente en los cómics, y siendo autocrítico se dio cuenta de que no podía dibujar lo suficientemente bien ni tampoco con la velocidad necesaria para trabajar como dibujante, volcándose de lleno a elaborar guiones (con la excepción de la tira para el periódico local). Y es así como llegamos al comienzo de su carrera como guionista que lo hizo ser quien es hoy en día, empezando en las revistas Doctor Who y 2000 AD casi simultáneamente.  




















La historia es bien conocida por todos nosotros. En los años ochenta algunos de los mejores guionistas británicos de todos los tiempos desembarcaron en el Universo DC y empezaron a redefinir el cómic de superhéroes para los años venideros, sobre todo en lo referente a su lado oscuro. Alan Moore escribió una brillante etapa en la cabecera de la Cosa del Pantano en la que nos mostró el horror más absoluto. Jamie Delano retrató el Reino Unido más sombrío en una colección de cadencia regular protagonizada por John Constantine. Neil Gaiman redefinió el mundo de la fantasía con The Sandman. Grant Morrison llevó el metalenguaje a un nuevo nivel en sus episodios de Animal Man. Y Peter Milligan nos deleitó con el sabor de la locura en la extravagante Shade: El Hombre Cambiante. Todas estas series eran tan excepcionales como originales, pero estaban enfocadas a un público adulto que no tenía por qué coincidir con el habitual seguidor de DC Comics… y esto generaba problemas. Primero, parte de los lectores potenciales rehuían estos productos por estar ubicados en un mundo que consideraban infantil o, en todo caso, de una temática que no era de su agrado. Segundo, ciertos sectores de la sociedad pensaban que estas series no tenían cabida en un universo enfocado a todos los públicos y comentaban que debían reubicarse o, en su defecto, ser canceladas. Karen Berger, directora ejecutiva de DC Comics, encontró la solución ideal en 1993. Reunió todas las cabeceras “oscuras” del Universo DC tradicional en una nueva línea editorial llamada Vertigo. La creación de un sello para el lector adulto, anunciado de forma tan fehaciente, resolvía todos los problemas de Shade y compañía. Por fin se garantizaba que estos tebeos quedasen lejos de las manos de los infantes y, además, los escritores tenían luz verde para hacer lo que les viniese en gana. Cada una de estas colecciones iban a reflejar única y exclusivamente las ideas de sus creadores, sin ser lesionadas jamás por lo que pudiese suceder en el resto del Universo DC. Al fin y al cabo, ya no pertenecían a aquel mundo“.







Este párrafo nos explica un poco cómo fueron los primeros años estadounidenses de Alan Moore y compañía. El caso de Moore es muy similar al de Grant Morrison, por ejemplo, en el sentido que en ningún momento llega a casarse con ninguna editorial. Moore tiene varias obras en mente y las lleva de manera paralela mientras cimenta su fama allende los mares con sus excelentes trabajos en La Cosa del Pantano y Watchmen. Tal como hizo Morrison, Moore lleva una doble vida, publicando en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Sin embargo, con el tiempo va dejando de lado su vertiente británica y tira más hacia el mercado norteamericano donde, además, publica obras que previamente fueron editadas en su país natal, de manera que los estadounidenses tienen amplias raciones del trabajo de Moore.








En noviembre de 1984, Alan Moore editó el núm. 1 de Conqueror junto a Martin Lock. Esto es un indicativo de que Moore se dedica a algo más que a escribir, pero en realidad no es un hecho que se repita en muchas ocasiones. En un tebeo, Moore figura como portadista. Seguramente será el único. Lo que realmente nos interesa de este autor es su labor como escritor. Por lo que respecta al mundo independiente, veremos que Moore pasa de una editorial a otra sin pensárselo dos veces. De hecho, una obra tan famosa como From Hell se inició en una editorial y finalizó en otra.




El Documental




















 








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