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Ámate a ti misma antes que a cualquier otra persona





El amor propio siempre debería ser tu prioridad.

Nos pasamos la vida preguntándonos qué hacemos en este mundo. Tanto, que pareciera que el amor propio fuera una práctica poco frecuente. Nos preocupamos más por cómo se sienten los demás que por cómo estamos nosotros mismos. Vivimos aconsejando y apoyando al otro, sin saber que lo que primero debería importarnos es nuestro propio bienestar.

Creo que no me equivoco al decir que la mayoría habla sobre lo que otros deberían hacer, aconseja y comenta cuáles son las actitudes que debería tomar el otro. Es como cuando tu amiga te pregunta cómo puede superar esa ruptura amorosa y tú le dices qué hacer, pero ni tú misma lo has hecho.



Ése es el problema. No digo que preocuparse por los demás esté mal, para nada, pero a veces también debemos enfocarnos en resolver nuestros propios problemas, pues sólo así podremos sentirnos mejor. No sirve de nada aconsejarle a alguien sobre cómo manejar su vida si tú ni siquiera sabes manejar la tuya. Aquí es cuando deberías ordenar tus prioridades. No es egoísmo, es amor propio.

Piénsalo así. Duermes menos porque estás preocupada por las vidas de los demás y por el bienestar de los que más quieres. Pero no está mal, es una tendencia natural que sentimos cuando nos importa y queremos a alguien, y tenemos la necesidad de estar ahí presente y apoyarlo.



Cuando se trata de amar a los demás, nunca pensamos que es difícil, pero cuando se trata de amarse a sí mismo, esto resulta increíblemente complicado. Es fácil preocuparse y cuidar a los demás, pues la sociedad nos ha enseñado que es la forma correcta de actuar, pero lo cierto es que nadie nos ha dicho que deberíamos amarnos a nosotros mismos primero, ni tampoco nadie nos ha enseñado a hacerlo.

En las relaciones de pareja pasa igual. Te preocupas por tu novio y esperas darle lo mejor para que sea feliz, pero ¿dónde queda tu felicidad? Cuando no te amas a ti misma primero permites que otros influyan en tu comportamiento y se aprovechen de ti si así lo quieren.



Cuando no te amas a ti misma te dejas pasar a llevar y haces cosas que no te gustaría hacer. Cuando no te amas a ti misma primero, no te preocupas de tus problemas y comienzas a sentirte cada vez más triste y atribulada con cada cosa que te pueda suceder.

Si te amaras a ti misma primero, antes que a cualquier otra persona, todo sería diferente. Tu cuerpo tomaría un descanso, tu mente se relajaría y podrías pensar mejor. Tu sonrisa sería cada vez más grande, pues te permitirías hacer lo que más te gusta y darte más tiempo para ti misma.

Cuando te amas a ti misma primero, el mundo gira de otra forma, pero siempre a tu favor.

Ámate a ti misma, si lo haces tu alma será libre y serás feliz.


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