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Análisis de "El varón domado", de Esther Vilar



Esther Vilar escribió un libro en el que se explica con claridad la dinámica de la relación hombre-mujer. Como coincide con mis observaciones personales en casi todos los puntos, decidí dedicarle un post a esta mujer valiente, que puso sobre el tapete los defectos más comunes de las personas de su sexo.







Antes que nada, quiero aclarar para todo lo que siga que no hay generalización alguna. Hay chicas de otra clase. Sin embargo, no son unas pocas mujeres aisladas las que se comportan así, por lo que no podemos tratar esos comportamientos como simples cuestiones personales cuando más bien es lo que se promueve desde la cultura que tenemos y desde el poder. Hay mujeres que no coinciden con las descripciones, pero son más las que sí. Y lo mismo pasa con los hombres. Dicho esto, no volveré a aclararlo en adelante. Lo doy por entendido.




Para Esther Vilar, el hombre está amaestrado, tal como un animal de circo. ¿Cómo es que fue amaestrado? Bueno, empezando por el hecho de que su madre es una mujer, ella le inculcó valores a favor de las mujeres, como la caballerosidad y el sacrificio, la obligación moral de ponerlas a ellas primero y de tratarlas siempre como a reinas. En otras palabras, le enseñó a su hijo a vivir pendiente de las necesidades de las mujeres, a servirles.

Por otra parte, la misma madre le enseña a su hija a dejar que los hombres hagan las cosas por ella, a dejar que hombres le sirvan y le hagan todo, le indica buscarse un hombre que le dé un bienestar material determinado, o sea, que se haga cargo de sus gastos.

Pero la madre no es la única que participa en la doma del hombre, también lo hacen el resto de las organizaciones como las iglesias y demás instituciones. Y las mujeres, por supuesto.

Al hombre se lo manipula con su sexualidad. Si le da lo que quieren a las mujeres, ellas le permiten acostarse con ellas. Ése es el trato básico. Y como el hombre está sobreestimulado sexualmente por todos los medios (y por las mujeres mismas), aparte de haber sido amaestrado para ser más vulnerable a esto, resulta que para tener sexo hace todos los sacrificios. Por supuesto, con todos los aderezos culturales del amor. El hombre, cuando se enamora, pierde. Pasa de ser un hombre libre a ser el siervo de una mujer, a vivir condenado a mantenerla y darle todos los gustos, como si de una reina se tratara.

La mujer, en cambio, también habla de amor y casi vive pendiente, pero el amor significa para la mujer otra cosa muy distinta. MIentras que el hombre se tiene que sacrificar y trabajar para pagarle los gustos y mantenerla, la mujer "por amor" deja de trabajar, "por amor" deja de estudiar, "por amor" se queda en casa. Y justificará con el amor todo lo que a ella le gusta y la beneficia. Es decir, "por amor" la mujer vive a costa del hombre. La aspiración máxima de una mujer es un hombre con dinero o con una carrera exitosa que la pueda proveer bien, no importa ni siquiera que sea joven como ella, con gusto puede irse con alguno mayor, si puede darle la vida que quiere.

Partiendo de esa base, Esther analiza cómo son el hombre y la mujer.


El varón y la mujer

Algunos hombres se preguntan por qué a la mujer (salvo excepciones) parece no interesarle nada: ni política, ni historia, ni ciencias, ni filosofía... Los intereses de las mujeres parecen limitados a los chismes del momento, recetas de cocina y cosas relacionadas con la belleza, también fiestas y reuniones sociales de esparcimiento. Y a veces le resultan incomprensibles las mujeres al los varones, porque aparentemente no siguen ninguna lógica. Entonces, se preguntan qué es lo que pensarán las mujeres.

Esther Vilar responde esta pregunta, hace una detallada descripción de los gustos femeninos, y lo podría resumir como que las mujeres básicamente sólo tienen que aprender a capturar un hombre y a manipularlo. Después, si no quieren aprender nada más, no hay problema. No lo van a necesitar, porque los hombres lo harán por ellas. Entonces, la mujer hace de su vida algo frívolo y su cabeza funciona en ese sentido, sólo pensando en maquillarse, desmaquillarse, ponerse uñas postizas, comprarse zapatos nuevos, enterarse del último chisme, pasar la aspiradora, hacer galletas. Ésa sería la vida ideal de una mujer, y no piensa más allá.

El hombre, por su parte, está interesa en todo, siempre deseoso de aprender. Es más inteligente en comparación (no por algo biológico, sino porque las mujeres no se dedican a estimular su inteligencia y lo que no se usa con el tiempo se atrofia). Los varones se interesan por la Física, la Química, la Política, la Astronomía y en prácticamente todo. Por ser más inteligente, las cosas tan frívolas como la que le interesan a la mujer le parecen un castigo. Y, cuando la mujer se dedica a ellas, el hombre puede pensar que es un sacrificio, pero precisamente todas las cosas que hace para cambiar esa situación femenina falla porque justamente las mujeres las buscan. Y el hombre se engaña, creyendo que ellas estarían interesadas en cosas como descubrir vacunas, crear ferrocarriles, construir edificios, cosas que a la mujer la tienen sin cuidado, porque lo que quiere es hornear galletas, ponerse la última crema, comprarse el nuevo cinturón transparente y sacarse fotos en unas vacaciones de lujo.

Cuando una mujer estudia y llega a tener una carrera, o antes de tenerla, la abandona "por amor", y así puede vivir del hombre, más o menos como viven las que no estudiaron. La deserción universitaria femenina en los últimos cuatrimestres o las mujeres que se reciben y no trabajan son una enorme proporción de ellas, lo que quiere decir que las mujeres no tienen problema en dejar su carrera, con tal de tener al lado a un hombre que gane bien. Y la universidad se convierte, así, en un lugar de cacería femenina, donde pueden encontrar a hombres con un futuro profesional.

Las mujeres tienen el mismo prestigio que el hombre que tienen al lado. Mientras que él se esforzó y se sigue esforzando, una mujer que haya ido a la escuela solamente, puede quedar muy bien ante los demás y ser tratada igual que el marido. Por ejemplo, si un ingeniero se casó con una mujer que solamente hizo la primaria, se la trata con el mismo respeto. Además de eso, ella siempre puede excusarse diciendo: "vivo para mi marido y mis hijos", algo que los demás aplaudirán.


El carácter de la mujer

Al contrario de lo que se dice, las mujeres son calculadoras, no tienen sentimientos. Pueden estar llorando a lágrima viva y por dentro tener pensamientos helados y claros. Ellas no se fijan nunca en la belleza de un hombre, no por malicia, sino porque lo ven como una especie de autómata que le da todo lo que quiere, como a una máquina expendedora de todo lo que le gusta. ¿Uno se pondría a pensar si es linda una máquina? Todo lo que importa es que sea útil, y así ven a los hombres las mujeres. Lo que importa es si es rico, si tiene alguna profesión bien pagada y si es un caballero.

Las mujeres aprenden a reprimir sus deseos sexuales, para así extorsionar después a los varones por la vía sexual. No les importa tanto el sexo. Es un placer para ellas, obviamente, pero no el mayor de todos. Tendría prioridad incluso comprarse un par de botas nuevas. En otras palabras, la mujer es totalmente interesada y materialista, sería la personificación de esto.

En el mundo de las mujeres, no existe el hombre. Fuera de la necesidad de obtener de él el bienestar material, para la mujer el hombre es algo muy ajeno a ella, así como al hombre le resulta extraña. Esto es por la diferencia en el desarrollo intelectual, que el hombre se ve obligado a desarrollar para mejorar su sueldo y la mujer no lo necesita, así que se vuelve frívola y queda bastante vacía como persona, desde el punto de vista masculino. No hay nada que indagar en la mujer. Para comprender por qué las frivolidades le resultan un placer hay que partir de que ella no se cultivó como el hombre, no se hizo inteligente, ya que puede vivir de un hombre. Y no es que careciera de capacidad al principio porque, como humanos, ambos tenemos las mismas posibilidades, pero la mujer la va apagando con su educación, se vuelve frívola adrede, es necesario para después no tener sentimientos.

Las mujeres tratan de impresionar a las otras mujeres, nunca a los hombres. Y la mayor competencia pasa por quién de ellas se lleva al hombre más económicamente valioso.


Por qué el hombre se somete

El varón, por ser más inteligente, parece que se sentía vacío de un sentido en el momento de tener libertad. Se veía ante el dilema de que cada decisión podría llevar a infinitas consecuencias, imposibles de prever. Esta perspectiva lo asustaba y prefirió abdicar de su libertad. En cierta manera, era tranquilizador servir a otra persona y, de esta forma, no tener que hacerse responsable de lo que pasara. La mujer, por supuesto, no tenía ningún problema, ya que tan carente de sentimientos y tonta como era, jamás se iba a poner a pensar en esas cosas.

Por decirlo de otra forma, el hombre sabe y quiere ser sometido. Esto tiene que ver también con la doma que se le hizo, pero en el fondo es esa necesidad existencial la que permitió que personas de menos dimensiones mentales y emocionales lograran hacerse con su control.


Los hijos y las tareas del hogar

Las tareas del hogar resultan placenteras para la mujer o por lo menos no tan malas, por más que ella le haga creer a su marido que son terribles. La verdad es todo lo contrario. Son tareas "de mujeres" precisamente porque son fáciles y cómodas, y sirven como excusa para quedarse en la casa sin hacer prácticamente nada.

Por otro lado, el supuesto instinto maternal es un fraude. Las mujeres casi no juegan con sus hijos. Normalmente, los dejan todos juntos en una habitación con los juguetes y, salvo en caso de pelea, no necesita prestarles mucha atención. Obviamente, los primeros años de vida pueden exigir un poco más de ella, pero con los jardines, escuelas y demás, ya las mujeres tienen solucionado ese problema (la sociedad está siempre atenta a lo que desean).


Mujeres que trabajan

Hay varias posibilidades por las que una mujer trabaja después de los veinticinco años (después del tiempo en que hubiera cortejado un hombre para que se haga cargo de ella).

-Se casó con un "fracasado", con alguien que no gana suficiente para ella.
-Es estéril (muchos hombres la dejan, después de saber esto)
-Es fea
-Es una mujer interesada en una profesión (lo que le hace renunciar a tener esclavo y niños propios)
-Es una mujer emancipada

Los dos primeros casos se explican solos.

La fea es aquella que, después de haberlo intentado y no conseguir, finalmente se resignó y tuvo que rescatar su inteligencia, antes de que se le eche a perder. Generalmente, son inteligentes. La fea trabaja pero, a diferencia del hombre, no trabaja más que para sí misma, no para financiar la vida de su pareja e hijos. A veces llegan muy lejos en su carrera, y asi le presta un servicio a la explotadora corriente, quien dice a su hombre: "ya ves, podría haber llegado lejos y renuncié a todo por ti". La fea no renuncia a su estatus femenino, sino que por trabajar actúa como si fuera una maravilla del mundo, subraya su femineidad, que "es una mujer que triunfó"... ¡como si los hombres no lo hicieran!

Las mujeres que realmente se interesan por una profesión son un grupo demasiado reducido. Es raro, pero existe.

La mujer emancipada es, por definición, una mujer bella que ha tenido siempre un esclavo de alta renta a mano, así que no trabaja por dinero. Sólo la mujer hermosa puede emanciparse, porque las feas y los hombres nunca tuvieron opción, ella en cambio lo elige voluntariamente. Esta mujer opta por trabajar en lugares de categoría, como boutiques, editoriales, en las antesalas del cine y el teatro, por ejemplo. En suma, donde pueda cruzarse con ricos y magnates. Ella suele gastarse todo su dinero en comprarse ropa cara. Cree que por trabajar es inteligente y habla con desprecio de las amas de casa, pero suele ser tan tonta como las demás.

El trabajo que hace la mujer emancipada no suele ser dificil o requerir responsabilidad, pero a ella le da la ilusión de que sí. El trabajo les gusta, pero no dependen realmente de él. Siempre tienen un salvavidas a mano: un varón preparado ante cualquier dificultad. A ella le molesta que su ascenso sea lento en la empresa, pero no mezcla en las competencias de los hombres. En lugar de eso, piensa que a las mujeres no se les dan las mismas oportunidades. Así que, en vez de esforzarse por lograr un ascenso en su lugar de trabajo, sale a manifestaciones pintada como un payaso a reclamar por la igualdad de la mujer. No se le ocurre que ellas mismas son las culpables, por su falta de interés, su poca responsabilidad, su cáracter, sus flirteos en el pasillo y, sobre todo, por su despiadada doma del varón.

La emancipada, en vez de ser un alivio para su marido, es una carga mayor, porque lo explota todavía más que las otras.


Conclusiones

En comparación con una mujer de su misma situación social, supongamos el obrero fabril y la mujer del obrero fabril, la vida de ella es un lujo. Las mujeres tienen siempre su comodín bajo la manga, y ese comodín es la ayuda del hombre. Aún las mujeres emancipadas no saben lo que es la dura lucha de un varón, y a pesar de que todos le hagan la vida fácil, siguen reclamando histéricamente más "derechos" para las mujeres. No quieren igualdad, si no que por ser mujeres le den todo servido. Parecen pensar que a los hombres nos regalan algo por ser hombres y no es así (por si a alguien le queda la duda). En general, las mujeres trabajan más por gusto que por necesidad, aunque no en todos los casos. Sólo en una situación así una mujer podría entender mínimamente a un varón, pero tampoco por completo, porque para entenderlo por completo debería mantener también a su marido y a sus hijos.

Sin embargo, más que una comprensión, lo que necesitamos los hombres es dejar de pensar en las mujeres, no dedicarnos más a ellas, no darles ni un solo centavo, cero caballerosidad y, si tienen un problema, que se arreglen solas. Quizás podríamos exceptuar los casos verdaderamente graves, pero el problema es que ayudándolas perpetuamos el que nos sigan tomando como siervos, así que incluso sería mejor no ayudarlas en nada.

Lo mejor para un hombre es, sobre todo, no darle nada a una mujer, no pagarle nada, dejar claro desde el principio que no vamos a poner un solo centavo para ella y no tener hijos ni casarse si la ley privilegia a las mujeres. No convivir con ellas. Solamente se podría tener sexo y con protección (con todas las que puedas). Si eso te descalifica, que te descalifique. Creéme, conozco a tantos giles y ninguno tiene cara de ser feliz. Es mejor tener relaciones con amigas o sexo casual (siempre con protección). El amor no hace falta, porque es una mentira y excusa para explotarte en la que no deberías caer, y si despreciás mi consejo, después bancatela y acordate de que alguien te lo advirtió de antemano y vos no quisiste escuchar.

Para algunos, el matrimonio puede ser una felicidad, pero es la felicidad del esclavo, siempre pendiente de lo que quiere su señor (en este caso, su reina). La libertad está muy lejos de eso, y ningún hombre que ame la libertad sería feliz con eso. Son más los arrepentidos que los que reivindican el matrimonio. Y aunque algunos no lo digan, se les nota en la cara. Aparte, llegan de trabajar y salen a trabajar de nuevo (tienen dos trabajos), y sin ningún tiempo libre no existe la vida. Así como no te aconsejo la vagancia absoluta, tampoco te recomiendo ser demasiado trabajador. Mejor viví para vos, date los gustos, no importan los que sean y, antes de dejarte sacar la plata por las mujeres, pagate una prostituta, que por lo menos es más sincera.

De nosotros depende que la sociedad mejore, las mujeres están bien y no se van a calentar en cambiar nada, porque a ellas les conviene. Puede haber alguna, pero por cada una que es igualitaria hay doscientas ansiosas de exprimirte el bolsillo. Entonces, somos los hombres los que tenemos que terminar con esto, dejar de seguir consintiendo a las mujeres. Trabajar para un hijo es una cosa, pero para una mujer que ya es grande y sabe lo que hace, ni ahí. No sirvo para todo ese teatro de tratarlas como a infantes, que si les molesta que digas A hay que decir B, que hay que entender a las mujeres, que si le jode que salgas, que hay que acordarse fechas... Dejenme de joder. Si tengo que hacer todo eso para que me den bola, preferiría hacerme la paja. Suerte que existe el sexo más allá de la pareja y ahí no te evalúan tanto. Te usan "como a un objeto sexual", como dicen las feministas que hacemos nosotros, pero no me importa. Prefiero que me usen como eso y no como cajero automático. Igual, todo bien. A mí no me molesta que existan las mujeres que se acuestan con uno y con otro, me molestan más las que le sacan la plata a uno y a otro. Por lo menos, esta clase de mujeres está con vos porque te desea sexualmente, insulto sería que te desee por lo que tenés en el banco y el ingeniero no sabe que ella lo guanpea con cualquiera (porque está con él por la plata). Hacé la prueba y hacete pobre, vas a ver que te huyen como si tuvieras lepra. Las únicas mujeres que se te acercan si sos pobre son las que tienen plata, porque saben que no van a depender de vos, siempre va a estar el papá para bancarle todo, para darte algún empleo si andás mal y asegurarse de que tengas bien a la hija (pero hay que tener cuidado que no todo es tan lindo como suena). Bueno, el mundo es grande y hay para elegir.




Por último, los quiero invitar a que lean el libro, está muy bueno y la verdad es que me quedaron muchas cosas afuera.

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