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Anecdotas del Rock II

-Charlie en la comisaría-

(Ya de joven Charlie siempre se tuvo que enfrentar con el poder. Esta es una de las tantas veces que terminó en la comisaría, víctima de la discriminación)

¿Charlie, cuando te empezaron a pedir documentos en la calle?

- Cuando subieron los que estaban inseguros de todo y entonces le pedían documentos a todo el mundo. Al principio me pedía documentos a mi y atodo el mundo. Despues yo era uno de los que, por inconsciente o rebelde, no quería lucir como los demas y tenía el pelo largo y esas cosas. Y me llebaban bastante seguido, por la pinta nomas. No era tan sencillo salir, porque te podían matar a trompadas, cortar el pelo o empezar a hablarte hasta sacarte del quicio. Una vez, me hicieron salir al garaje de la comisaría y me dieron mi campera para que limpiara los patrulleros, pero la tiré al piso y me reventaron a trompadas. Una de las últimas veces me dijeron: "¿Así que vos sos el que canta que las heridas son del oficial?". Yo no sabía que contestar. Ahora cada vez que me llevan saben quién soy. Pero lo hacen para ganar fama o demostrar poder. La ultima vez estuve en una carcel de Morón, esposado y tirado en medio de una celda horrible.






-El verdadero final de Sui Generis-

(Una historia conocida por pocos: el verdadero final de Sui Generis. Porque después del Luna Park, el grupo siguió tocando dos semanas en el interior. Y todo terminó muy mal, en plena Patagonia.) -Extraida de Radar-Pagina/12-

La historia oficial dice que Sui Generis se despidió con aquella frase, casi un grito, de Charly García: “Bueno, yo me despido ahora, chau, chau, chau loco...”, y con una versión desajustada pero vibrante de “Rasguña las piedras”. Fue el 5 de setiembre del ‘75, hace veinticinco años, en el Luna Park. Así llegaba ¿a destino? la aventura llamada Sui Generis, que sólo cuarenta meses antes habían emprendido dos muchachitos flaquísimos de pelo largo que tenían tanta energía como pocos años: un mes y medio después del Adiós, Charly cumpliría veinticuatro; Nito había llegado un mes antes a los veintitrés. La explosión por el final que García y Mestre eligieron para Sui Generis en el momento de mayor popularidad del grupo, más la convocatoria que tuvo aquella despedida, produjo la primera gran irrupción del rock local en los medios periodísticos que leía la gente común. Hasta la revista Gente, en su edición 529, que salió a la calle el jueves 11 de setiembre, publicó una doble página gráfica (seis fotos con sus correspondientes epígrafes) que tituló, con su inefable estilo: Qué mambo, loco... Qué mambo (reunieron más gente que Gardel). Lo que muy pocos saben es que Sui Generis siguió tocando, después de aquel Luna Park, y que, ya diluida la presión del megaconcierto en Buenos Aires (que se había grabado para un disco en vivo y filmado para una película), el clima en la intimidad de la banda se volvió tan grato como en los buenos tiempos. A tal punto que García y Mestre llegaron a preguntarse si la decisión de terminar con Sui Generis había sido acertada.
El viernes 12 de setiembre –es decir, siete días después del Luna Park-, Sui Generis actuó en el estadio Atenas de Córdoba, y al otro día, el sábado 13, en Rosario. Dice Mestre hoy: “De Córdoba no me acuerdo mucho, pero de Rosario sí. Fue un concierto en el estadio América, que organizaron Robertone y López. Hubo como cinco mil personas en una sala de cuatro mil, fue una locura”. (Carlos Robertone era el sonidista de los shows de Sui Generis que, aportando sus equipos, comenzaba en aquel tiempo a producir espectáculos. Poco después se iría del país; desde entonces vive en Venezuela. El otro productor del show, Oscar López, estaba empezando en aquellos días su actividad como empresario de espectáculos. Poco después se convertiría también en productor discográfico, al fundar, en 1978 y asociado con Billy Bond, el sello Sazam, donde grabaron Seru Giran, Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, León Gieco, Pastoral y Miguel Mateos/Zas. Justamente como manager de Mateos se fue al exterior a mitad de los 80; desde entonces vive en los Estados Unidos.)
Sui Generis no terminó ahí: al siguiente fin de semana, el grupo tuvo agenda completa en la Patagonia: tres shows en tres días, todos “vendidos” (es decir, ya no con producción propia sino con un cachet fijo, pagado por dos sureños, Vicente Vega y Luis Hernández). El viernes 20, el grupo tocó en la confitería Géminis de Comodoro Rivadavia: una presentación dentro de todo normal, salvo que, en la sobremesa del almuerzo de ese día, los músicos habían hablado de colegas, entre ellos de un grupo innombrable, un yeta. “Estábamos todos superamigos; el clima era bárbaro y me acuerdo de que nos cagamos de risa del asunto. Pero después, con todo lo que pasó, nos acordamos mucho de eso”, dice Mestre. Al día siguiente, el sábado 21, Día de la Primavera, Sui Generis debía presentarse en la modesta sala del Centro Catamarqueño de Caleta Olivia. “Cuando caímos, lo primero que nos dijeron era si no teníamos problemas de tocar con una pasarela adelante, porque antes del show iban a elegir a la Reina”, cuenta Mestre. “Incluso me parece que uno de nosotros fue parte del jurado”, agrega, sin aclarar quién. El tercer concierto de ese fin de semana fue el domingo 22, otra vez en Caleta Olivia, pero en el salón del Club Estrella Norte. Que un mismo grupo se presentara dos días seguidos en una misma ciudad de tan discreta cantidad de habitantes no era lo que se dice una astucia comercial. Mestre recuerda así el último concierto de Sui Generis: “Fue horrible. El lugar era un desastre, con techo de chapas, sonó todo mal y vinieron no más de cincuenta personas”.
Pero lo peor vino después. Cuenta Mestre: “Cuando terminamos de tocar, salimos Charly y yo, con dos chicas, en un Falcon. Atrás venía la camioneta con los equipos y, en otro auto, Rinaldo (Rafanelli, el bajista del grupo), Juan (Rodríguez, el baterista) y no sé quiénes más”. En el camino que va de Caleta Olivia a Comodoro Rivadavia, volcó la camioneta (conducía un local, Fernando Ramos, a quien acompañaba una chica de apellido Rolón) y los equipos quedaron destrozados. “Me acuerdo que nos alcanzó el otro auto y Juan nos contó desesperado que había visto todo hecho pedazos, que el bombo de la batería estaba en la banquina partido en dos”. Un diario de la zona dio la noticia del accidente. Dramático Adiós para Sui Generis: Perdieron en nuestra ciudad más de doscientos millones, tituló la nota. Y dio los siguientes detalles: “De acuerdo a una cifra estimativa de los músicos perjudicados en este accidente, las pérdidas alcanzarían a más de 200 millones de pesos viejos. Pero la desgracia se ensañó con el músico y creador de grandes éxitos Charly García, quien en esta oportunidad había traído todos los instrumentos musicales que interpreta: melotrón, piano, órgano y sintetizador, con todo el sinnúmero de implementos amplificadores, que quedó reducido a material de chatarra, al igual que repuestos de elevado costo. En su totalidad eran instrumentos de importación. Como consecuencia, repetimos, Charly García perdió el fruto de toda su carrera artística que había invertido en instrumentos; Juan Carlos Rodríguez, la batería; Reinaldo (sic) Rafanelli, el bajo electrónico, y Nito Mestre una guitarra Gypson (sic)”.
Allí no terminó todo: el único teclado que se salvó fue robado en la madrugada del lunes, en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, poco antes de que se despachara la carga en el avión que traería a los músicos de regreso a Buenos Aires. El mismo diario recogió así el relato de Vega y Hernández, los organizadores de los conciertos: “Cumplidos los trámites legales ante la Policía de la Provincia de Santa Cruz a raíz del accidente, los músicos transportaron lo que quedaba de sus instrumentos y equipos hasta el aeropuerto del kilómetro 9. Los depositaron en las cercanías de la sección Control de Cargas, a la espera de que llegara el personal que debía despacharlos. Eran las seis de la mañana, cuando un señor de apellido García, igual que Charly, les manifestó a los muchachos que dejaran el equipaje y que se retiraran a la confitería del aeropuerto. A las 7.15 llegamos nosotros al lugar y, cuando controlamos el equipaje, notamos que faltaba el sintetizador. Les preguntamos a todas las personas que trabajaban en la estación y nadie supo nada. Entonces radicamos la denuncia en el destacamento policial del kilómetro 8 y en Aerolíneas Argentinas. El instrumento cuesta unos cien millones de pesos, dada la suba del dólar”.
Según Mestre, eso terminó de pinchar la serena euforia que creía haber recuperado el grupo después del Luna Park. “Después de todo eso, decidimos cortarla en serio. Fue como si alguien nos hubiera dicho: déjense de joder, termínenla de una vez. No se podía creer las cosas que habían pasado”, dice Mestre. De aquel anticlimático final, sin embargo, sobrevivieron dos piezas sobre las hoy se basa el retorno de Sui Generis, además de las obvias presencias de García y Nito. Confiesa Mestre: “El String Ensemble que Charly tanto quería, con el que grabamos Instituciones (el tercer disco de Sui Generis), se hizo pelota en el accidente aquel, es cierto. Pero pudieron repararlo y Charly todavía lo tiene. Con ese teclado estamos grabando algunas cosas del nuevo disco... Y mi guitarra Gibson, que era la acústica de Sui Generis, no se rompió, como dijo aquel diario. La encontramos sanita entre los escombros y también la tenemos en el estudio. Charly dice que ninguna guitarra suena como ésa”.




-Cómo se escapó Charlie del Servicio Militar -

(A fines de 1971, en plena formación de Sui Generis, llegó el momento mas odiado por el rebelde y liberal Charlie, el de asistir obligatoriamente a la estricta colimba.)



Para él, la conscripción fue lo mas horroroso que un ser humano pueda imaginar; una cárcel, una tortura, un purgatorio. Una prolongación de la esclavitud escolar, elevada a potencia militar. Ningún pelo largo, ninguna música. Cero creación. Subordinación y valor. La madre de Charly se preocupó mucho cuando llegó el temido momento del reclutamiento y trató por todos los medios de evitarle esa penuria. Sólo logró, no sin esfuerzo, conseguirle un destino aceptable en Campo de Mayo.

Charly debió alistarse como todo ciudadano, teniendo que poner a Sui Generis en compás de espera. Su estadía en el ejercito causó problemas de disciplina: no se quedaba firme, hablaba de más y mostraba una expresión altiva en vez de bajar la cabeza como el resto. Al comienzo, charly se bancó ese régimen brutal como un señorito, pero a medida que el tiempo transcurría comenzó a rebelarse.

Cuando Charly vió que el séptimo de caballería no acudia al rescate, decidió forzar los acontecimientos actuando irresponsablemente. Y cuando lo apretaron simuló locura, dijo que sufría del corazón y hasta se llegó a intoxicar con pastillas, por lo que lo mandaron al hospital. Realmente no estaba muy bien, se sentía mareado y no podía coordinar sus movimientos. Asegura haber tenido una visión. Un ángel, una visita celestial que permaneció frente a él un instante y se fue. Cuando se le pasó el malestar compuso la letra y la música de Canción para mi muerte. Le dio forma final cuando cayó Nito Mestre de visita con una guitarra.

Para que no quedara ninguna duda de que no podía pertenecer al ejército, Charly llevó a cabo una serie de desmanes que pusieron ese hecho en evidencia. Fingió todo lo que pudo una variada gama de desórdenes físicos. Pero cuando vió que los médicos no le creían, decidió hacer algo tremendo, algo que evitara que fuera devuelto al regimiento: tomó el cuerpo de uno de los muertos del hospital, lo puso en una silla de ruedas y lo sacó a tomar sol por ahí.

-Lo vi muy pálido- declaró cuando lo sorprendieron.

El soldado García fue sometido a examenes psicológicos que lo declararon “maníaco-depresivo, con personalidad esquizoide”, recomendando así su baja. Esa fue una de las pocas cosas con que el ejercito la pegó y lo dejaron ir a comienzos de 1972. De esa experiencia salió otra canción que se llamó Botas locas.



-Así comencé mi larga carrera de éxitos – rió una tarde frente a la pileta de su sala de ensayo-, gracias al Ejército Argentino.




-La fuga del paralótropo -

(Anécdota contada por Jorge Alvarez, el productor de Sui, en el recital de despedida en el Luna Park)



Un par de días antes del recital me preguntaron si podía llevar a alguno de los chicos lisiados al recital, obviamente que dije sí, así que regalé mi entrada y me ví las 2 funciones, nos ubicaron, como después me enteré que era la norma, adelante de todo, al borde del escenario, no muy cómodo para ver por cierto, y
todavía queda en mis oídos una frase de Charly al presentar una tema, "Ahora vamos a tocar La Fuga del Paralotropo..", siempre sospeché que no quiso decir paralítico por la presencia de éstos chicos, había cerca de 20 sillas de ruedas, pero sólo lo sabe él.








-Sui Generis preso -

(Los músicos de la banda fueron arrestados en Uruguay por cantar un tema en contra de los militares.)



Mestre: -Por cantar Botas Locas fuimos en cana en Uruguay. Todos en cana vendados...

García: -Nosotros dijimos: "ahora viene el representante y nos saca..." y el representante también cayó en cana...hasta los equipos cayeron en cana.

Mestre: -Eso fue en agosto del 75, poco antes del Luna Park

García: -Los tipos en la comisaría nos llamaban de a uno para que dijéramos la letra, porque se ve que la habían grabado, pero como el equipo de sonido era una batata, no entendían nada. Le preguntaban a Nito y el decía: "No sé, yo canto el coro, nada más" Juan decía: "Mire, yo soy el baterista"

Mestre: -Y Charly les cambió la letra

García: -Si. La letra decía: "Si ellos son la patria, yo soy extranjero". Yo les dije que era: "Si ellos son la patria, yo me juego entero"...quedaba una canción patriótica!





La noche de la despedida y la consagración

(recuerda la periodista Hinde Pomeraniec)



"Y los lunes...ya me sien-to-bien." Solo con su guitarra, parado en el escenario del Luna Park, García terminaba su accidentada versión de Confesiones de invierno. Miles de aplausos estallaron celebrando, más que el tema, lo que había sido la interrupción contemplativa de García (mano derecha dirigiendo una nerviosa caricia a su mentón bicolor) cuando a la Policía se le dio por sacudir con énfasis a algunos fans.

Una ecuación infalible para encender la adranalina adolescente: la Policía enfrentada a la que entonces se llamaba música progresiva —giro lingüístico algo modesto— y que algo después pasaría a ser simplemente rock nacional.

Habíamos llegado temprano, acompañadas por la abuela de Marcela como feroz custodia de tres doncellas que aspiraban a despedirse de su grupo favorito. Sonrisas de oreja a oreja, caminábamos como elevadas por encima del piso, por los pasillos que nos conducían a nuestros asientos. Nanina, así se llamaba la abuela-celadora, no entendía nada, pero aplaudía.

Atrás quedaban los imposibles tours por pequeños teatros de veraneo, lugares alternativos o teatros de la calle Corrientes ¡los domingos a la mañana! Atrás también los discos de mano en mano y los pósters (enooormes) que penetraban las paredes de los cuartos. Sui Generis había funcionado a la manera de un gurú que introdujo en el alfabeto musical a una generación. Fuera de toda cronología natural, teníamos nuestras propias reglas del tiempo. Así, primero fue Sui Generis y fue por ellos que llegamos a Almendra y a Pescado Rabioso.

Se cantaron todo y García estaba iluminado. Frac blanco con topper rojas (riguroso calzado de la época), hasta galera calzó esa noche. Algunos, además, pudimos enarbolar en voz alta una clave secreta, un incunable: la letra completa de Botas locas, una canción que no estaba grabada y cuyos versos (Amar a la patria ellos me exigieron./ Si ellos son la patria, yo soy extranjero) podría leerse sin demasiado esfuerzo como un vaticinio de los tiempos que vendrían.

Lo del Luna fue, a un tiempo, despedida y consagración. La mayoría de los adultos se enteraron de quiénes eran García y Mestre ese 5 de setiembre, cuando 25 mil personas los despidieron. Los que estuvieron ahí, en cambio, se sirven de la anécdota cada vez que viene a cuento, como una suerte de curiosa cédula de identidad.


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