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Bill Gates: Más allá del bien y el mal


Atrás han quedado los años en los que las personas se acordaban de él cada vez que su Sistema Operativo Windows se colgaba con solo un estornudo. O que sea el hazmereír de la prensa “especializada” porque sus productos tenían la costumbre de colgarse o fallar cada vez que eran presentados en sociedad. Lo cierto es que Bill Gates fue, por años, conocido solamente por ser “el presidente de Microsoft y por ende el ser humano con más dinero del planeta”. Fuera de eso, este “gringo” no tenía mucho más para ofrecer a una sociedad que gusta más de los escándalos o de las personalidades cercanas a los extremos que a las personas que simplemente se destacan.
Por si fuera poco, del otro lado estaba quizás una de las personalidades más geniales y controvertidas del siglo XX. Steve Jobs fue alguien con tal magnetismo y pasión por sus productos que durante su vida logró convertirse en una especie de Dios - si los religiosos me permiten este exabrupto – porque el mote de “ídolo” le quedaba muy chico.
Tenía sentido. Mientras el creador de Apple llamaba al CEO de Google un domingo por la mañana para pedirle que cambien la gradiente del amarillo o preparaba con meses de anticipación las presentaciones de sus productos cómo si de una obra teatral se tratase, los usuarios de Windows nos teníamos que conformar con las presentaciones de un “nice guy” cuyo carisma competía la de un frasco de mayonesa y cuya filosofía era que las cosas simplemente funcionen. Si, era poco, pero lo cierto es que muchos crecimos y veíamos al “tío Bill” como un aburrido magnate millonario que solo pensaba en que empresa sea cada día más grande, y poco más…

Grosos. Más de la mitad de la historia de la informática entre esos 2.

Esto no es una observación meramente personal. Basta con ver películas que reflejan la época dorada de Silicon Valley para entender que la vida de uno fue mucho mas “rica” en drama e “ideal para guión” que la de un tipo normal cuyo mayor inconveniente fue haber sido detenido ebrio alguna vez, ¡si hasta se casó con una profesional de perfil muy bajo que trabajaba en su empresa y es su mujer hasta la fecha!
Por un lado, un testarudo, consumidor de LSD que crea una empresa con su amigo en el garage de su casa y cuya obsesión por acercarse a la perfección en cada una de sus creaciones hizo que incluso, abandonara una hija. Por el otro, alguien cuyas ambiciones filosóficas eran mucho menores, y cuyo objetivo era el de acercar la informática a la mayor cantidad de personas en el mundo. Aquel empresario cuya empresa se convirtió en objeto de críticas por intentar monopolizar cuanto mercado pueda y que incluso los Simpsons parodiaron con aquella excelente frase: “no me hice rico firmando cheques“. Uno, el apasionado, el renegado, aquel obstinado que echaron de su propia empresa y fundó otra, cuyo edificio tuvo que ser pintado innumerables veces para obtener el tono de gris perfecto. El otro, un “tipico ejecutivo norteamericano exitoso” que, según lo que podía verse, solamente quería más, y más.

Pero Bill Gates se retiró de Microsoft…

Si bien la salida de Bill de Redmond fue muy lenta justamente con la intención de que los accionistas estén tranquilos sobre la transición y la filosofía de la empresa en la era “Post Gates”, su labor como filantrópo se volvió cada vez más activa, dejando poco a poco su puesto como consultor en Microsoft y dedicándose a lo que según el, es el nuevo objetivo de su vida: mejorar la calidad de vida en el mundo, especialmente la de aquellos que tienen menor accesos a los servicios básicos.

Con una vacuna de la polio en la mano.

Y desde entonces la impresión que tenemos aquellos que nos solemos interesar un poco en los “famosos” del mundo de la tecnología respecto a William Henry Gates III ha cambiado radicalmente. Y es que, una vez terminada esa absurda dualidad que tanto alimentó a la prensa en los ’90, la actividad de esta persona cada vez sorprende más, y para bien.




Y es que el hecho de que alguien que tiene sus necesidades tan satisfechas dedique sus días a ayudar a gente que la mayoría de los millonarios del mundo no saben (o no les importa) que existe es digna de admiración. De hecho, en la actualidad, su fundación se encuentra trabajando en innumerables proyectos. La mayoría de los que a mi me sorprenden son aquellos que intentan mejorar al menos un poco la calidad de vida de los países pobres. Movimientos para que dejen de existir seres humanos que defequen al aire libre poniendo baños en los lugares más pobres de la India, que incluso estos aparatos a futuro generen agua de los desechos humanos o incluso, ayudar a erradicar la maldita polio. Muchachos, este tipo logró muchísimo más que decenas de políticos en el mundo…
Voy avisando que este artículo no intenta reivindicar a nadie. Aunque en lo personal y a pesar de no ser para nada agraciado, a mi siempre me cayó mejor Bill Gates que la gran mayoría de los otros “grandes” de la informática. Creo que fue porque, en parte y a pesar de que sus productos podían ser mejor y eso parecía no importarle, me parecía realmente un buen tipo.
Y hoy, creo más que nunca que Bill Gates es un buen tipo. Quizás me equivoque, claro, porque solamente me informo sobre él a traves de los mismos medios que podés informarte vos. Pero pienso y digo, ¿qué necesidad tiene este chabón de querer ayudar a gente que, a decir verdad, a veces ni a nosotros nos importa? Muchos malpensados, cuando se trata de fundaciones y donaciones, solemos pensar que en el fondo quienes lo hacen pueden esconder intereses económicos (por ejemplo obtener réditos fiscales y cosas por el estilo) o incluso, prensa o alimentación al ego. Mi creencia en este caso es que Bill Gates se dio cuenta que está salvado tanto el como sus enésimas generaciones y que con un poco de la plata que tiene y otro poco metiéndole púa a otros que también tienen, puede lograr grandes cosas en el mundo y además, sentirse bien por eso.
Y el título de esta opinión a puro texto viene de la mano de una foto que salió hace unos días y que causó un pequeño revuelo en algunos medios informáticos: en la misma se ve a dos personas utilizando una versión de Ubuntu y corresponde a un micrositio de la fundación Bill y Melinda Gates en la que se intenta mejorar el acceso a la educación en los países más pobres de África. Muchos inmediatamente saltaron con chistes y humoradas respecto al precio de Windows, o que “se les pasó” esa foto de un OS libre en el sitio de alguien que veló toda su vida por un OS cerrado, privativo y pago. No muchachos, la verdad es que Bill Gates hoy está mas allá del bien y el mal.


Una foto recientemente publicada en el sitio de Bill Gates. De Fondo: Ubuntu

Obviamente que va a llevar su posición y opinión respecto a la forma de vender software toda la vida, y si la cambió no la va a hacer pública, pero los que criticaban esto no veían el bosque detrás del árbol: cuando te preocupan cosas realmente importantes como la salud y la educación de las personas, las discusiones sobre cuál es el mejor Sistema Operativo, el código cerrado versus el abierto y todo lo demás, pasa a un segundo plano. A un plano en el cual todas las personas a las cuales les fascina la tecnología deberían llegar a tener algún día y que muchos no pueden hacerlo porque, justamente, no tienen esos derechos esenciales asegurados.
Hace pocos días, leí un AMA (Ask Me Anithing) en donde Gates responde a muchísimas preguntas. Lo recomiendo – aunque esté en inglés – porque realmente uno se da cuenta que cuando llegás a la cima de algo, muchas de las cosas que te importaron en el camino dejan de ser realmente importantes.


Ésta es la historia de un nerd que puso y pone su granito para intentar mejorar al mundo. No es un héroe, claro, pero con algunos Bill Gates más en el mundo estoy seguro que estaríamos mejor, ¿no te parece?

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