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Caperucita Roja, desde otro punto de vista









"Los cuentos de hadas encierran valiosas enseñanzas y en algunos casos se remontan a miles de años de antigüedad".

Como en el caso de Blancanieves y los siete enanitos, aquí se vuelven a dar tres elementos comunes: la estupidez de la protagonista, los detalles truculentos del argumento y un cierto contenido sexual que ha sido muy explotado por cómics y anuncios publicitarios.


Como siempre, antes hay una tradición oral que luego alguien decide poner por escrito. Leamos cómo se contaba la historia de Caperucita en la Francia del siglo XVII por los campesinos para ver así las diferencias que luego sufrió en su versión escrita y casi definitiva.


Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adónde se dirigía.

- A la casa de mi abuela – le contestó

- ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?

- El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un plato. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

- Entra, hijita.

- ¿Cómo estás abuelita? Te traje pan y leche.

- Come tú también hijita. Hay carne y vino en la alacena.


La pequeña niña comió lo que se le ofrecía. Y mientras lo hacía, un gatito le dijo: «¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuelita!»

Después el lobo le dijo: «Desvístete y métete en la cama conmigo».

- ¿Dónde pongo mi delantal?

- Tíralo al fuego, nunca más lo necesitarás.

Cada vez que se quitaba una prenda —el corpiño, las faldas, las enaguas y las medias—, la niña hacía la misma pregunta y cada vez el lobo le contestaba: «Tírala al fuego, nunca más la necesitarás». Cuando la niña se metió en la cama preguntó: «Abuela ¿por qué estás tan peluda?»

- Para calentarme mejor hijita.

- Abuela ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?

- Para poder cargar mejor la leña, hijita.

- Abuela ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?

- Para rascarme mejor, hijita

- Abuela ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?

- Para comerte mejor hijita

Y el lobo se la comió.


Esta versión anónima y oral, es transformada en un cuento de hadas por un escritor de la corte Versalles, Charles Perrault, quien en 1697 lo publica bajo pseudónimo, dentro de su obra Cuentos de Antaño, luego popularizado como Cuentos de Mamá Oca, una colección de relatos destinados a un público adulto, culto y aristocrático. Se cuenta que Perrault escuchó la historia de Caperucita de boca de la nodriza de su hijo. Lo cierto es que Perrault convierte un relato vulgar en un cuento de hadas y le añadió una moraleja (en traducción de E. Göhre):


Vemos aquí que los niños –y sobre todo las niñas bonitas, elegantes y graciosas- proceden mal al escuchar a cualquiera y que no es nada extraño que el lobo se coma a tantos. Digo el lobo, pero no todos los lobos son de la misma calaña. Los hay de modales dulces que no hacen ruido ni parecen feroces o malvados y que, mansos, complacientes y suaves, siguen a las tiernas doncellas hasta las casas y las callejuelas. ¡Y ay de quien no sabe que estos melosos lobos son, entre todos los lobos, los más peligrosos!


Los hermanos Grimm recogen también esta historia para su colección de cuentos y se dan cuenta de que no puede terminar así, con una Caperucita Roja en la barriga del lobo. Lo novedoso de la versión de los Grimm es que aparece un nuevo personaje: el cazador, quien socorre a Caperucita y su abuela, rescatándolas con vida del vientre del lobo. Luego, el cazador castiga al lobo llenando de piedras su vientre de modo que en el relato se hace justicia. Así resulta que, por primera vez, el cuento de Caperucita Roja tiene un final feliz.



Bueno, pues espero que les haya gustado y un gran saludo para todos.
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