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Cómo cambiar el sistema de transporte en Montevideo

Jan Gehl, experto danés en el tema, opina sobre las transformaciones hechas en distintas partes del mundo y las posibles a realizar en Montevideo



En Copenhague casi la mitad de la población usa la bicicleta para ir a trabajar: hombres con traje, mujeres con vestidos, empresarios, trabajadores y estudiantes. Incluso los políticos pedalean hasta el Parlamento.

Uno de los principales responsables de que en la capital danesa haya tantos ciclistas es el arquitecto Jan Gehl, que se ha consagrado en el mundo como una verdadera estrella pop del urbanismo.



Fue él quien popularizó el concepto de las ciudades pensadas para las personas, al promover la peatonalización de los espacios públicos y las prácticas sustentables.

Sus ideas fueron aplicadas primero en la capital danesa, que es catalogada por las revistas especializadas como uno de los mejores lugares para vivir, y luego en ciudades como Nueva York, Londres y Moscú.

El domingo 13, Gehl estuvo en Montevideo recorriendo la avenida 18 de Julio y parte de la Ciudad Vieja junto al intendente Daniel Martínez y otras autoridades del gobierno departamental. En el trayecto y durante su breve visita a la capital de Uruguay, Gehl tuvo la sensación de haber viajado en el tiempo y de estar visitando una ciudad del siglo XX, pasada de moda, con un transporte público viejo y ruidoso.

Es que para el urbanista hay que realizar una “revisión completa del transporte público”, reducir la cantidad de autos e invitar a las personas a que usen bicicleta. Hacer calles exclusivas para cada uno de esos medios de transporte es una de sus ideas para mejorar la ciudad. Eso se logra colocando señales y logrando que se respeten, lo que es “muy barato” de implementar. El urbanista también sugirió opciones más osadas, como triplicar el precio de la gasolina y de los estacionamientos.

El método de Gehl será aplicado en un plan piloto que apunta a convertir la avenida 18 de Julio en un espacio más amigable para los ciudadanos. Forma parte de una iniciativa que el Banco Interamericano de Desarrollo lleva adelante con la Intendencia de Montevideo y puede significar el puntapié inicial para extender el método al resto de la ciudad.



Las perspectivas para lograr los objetivos buscados son favorables porque Montevideo tiene todos los elementos para convertirse en la “mejor ciudad del mundo”, valoró Gehl.

—El domingo al mediodía estuvo caminando por la avenida 18 de Julio junto al intendente Daniel Martínez. ¿Qué impresión le dejó lo que vio de la ciudad?
Tuve la sensación de estar en Noruega, donde tienen una hermosa naturaleza y entonces piensan que no es tan importante tratar de mejorar la ciudad. Tengo el mismo sentimiento aquí. Ustedes tienen un lugar fantástico, con una costa, todo el verde y toda el agua. Entonces piensan que no tienen que hacer demasiado para limpiarla día a día o mantenerla actualizada como otras ciudades. Pero yo no opino de esa manera. Pienso que todas las ciudades tienen la obligación de ser todo lo bueno que pueden ser y siento que, quizás, Montevideo ha parado esa búsqueda en 1990. Me da la sensación de estar al final del siglo pasado. Y cuando veo algunas de las muchas ciudades que han mejorado en el siglo XXI, pienso que ahí está la distancia que los separa a ustedes de las mejores, y es ahí donde tenemos que trabajar juntos. Porque son todas pequeñas cosas: ajustes, limpieza, arreglar lo que no está funcionando tan bien, porque la base de Montevideo es fantástica. Tienen lindos edificios, un buen sistema de calles, una linda costa, muchos árboles. Entonces tienen todos los elementos esenciales para ser la mejor ciudad del mundo. No lo son todavía, pero lo pueden ser.

—¿Cuánto tiempo puede tomar convertir a Montevideo en la ciudad que imagina?
En Moscú tomó cuatro años. En Nueva York, ocho. En Copenhague tomó quince años. En Barcelona, diez. Entonces, depende de la urgencia y del dinero. Pero todo de lo que hablo es muy barato. Lo importante es el liderazgo y la voluntad para abordar algunos de los viejos malos hábitos.

—¿A qué malos hábitos se refiere?
—Cuando escuché que es una ciudad de 1,5 millón de habitantes y que está creciendo cada vez más el número de autos, lo primero que pregunté fue: ¿cómo está el transporte público? Tienen los mismos ómnibus de hace quince años. Cuánto más autos, más pobres serán los ómnibus. Ciertamente, ustedes deben realizar una revisión completa del transporte público. El objetivo es tener un buen sistema de ómnibus pero no deben circular por donde van los autos sino por sus propias calles exclusivas. Lo antes posible deben convertirse en ómnibus eléctricos, para evitar el ruido molesto. Si se compran unos pocos ómnibus eléctricos cada año, durante diez años, de repente se tiene un sistema eléctrico. Entonces es algo que se puede hacer: tener un sistema público silencioso, eficiente y rápido para 2030. Y va a ser más barato. No estoy hablando de un gran metro, o de tener trenes. Debemos usar los ómnibus que tenemos. Esa es una de las cosas para hacer, y no es algo mayor.

Otra cosa que puede ser una gran idea es hacer como otras ciudades: construir infraestructura para las bicicletas. Invitar a la gente a que ande en bicicleta. Que sea seguro. Tienen cuadras muy pequeñas, y eso es maravilloso. Quizás puedan tener calles particulares para bicicletas, para autos y para ómnibus. Entonces las bicicletas y los autos pueden tener un buen sistema. Los ómnibus tal vez no tanto, pero van a poder ir a todas partes. Ese sería un buen plan para una ciudad moderna.


—¿Y está convencido de que si se cambia esa estructura las personas usarán más las bicicletas? Porque también hay un tema cultural.
Lo harán. Porque las personas responden a las posibilidades que tienen. Si hay muchas calles para ello van a usar autos. Si no tienen tantas calles para hacerlo van a empezar a pensar qué otra cosa pueden hacer. Y si hay muchas bicisendas que son rápidas, baratas y convenientes, mucha gente las va a usar. En Copenhague el 45% de las personas van al trabajo en bicicleta.

—Usted ha trabajado e ideado planes para ciudades como Nueva York, Londres y Copenhague. Aquí el presupuesto es mucho menor...
Todo lo que digo es muy barato de hacer. Un sistema de calles que se diferencian en el uso que les das cuesta muy poco; es poner señales y lograr que se respeten. Pienso que tener calles diferenciadas es también menos peligroso. Estoy seguro de que habría menos accidentes de autos. Necesitamos un sistema de transporte y movilidad del siglo XXI. Y estoy convencido de que si no se hace algo, esta ciudad empeorará cada día. Cada día habrá más y más autos, congestión y ruido.

—¿Qué puede hacer el gobierno para reducir el tráfico de autos?
Puede triplicar el precio de la gasolina. Puede triplicar el precio del estacionamiento y reducir su número. Puede reducir el número de calles. Puede delimitar una zona dentro de la ciudad y obligar a todo el mundo a que pague si quiere entrar con autos. Eso se hace en la carretera. Todo esto es muy eficiente. Entonces es fácil reducir el tráfico de autos. Conocemos las maneras para hacerlo y se han usado en todo el mundo. Porque más autos no significa más felicidad. Significa más congestiones, peligro, ruido, contaminación y daño al ambiente. De hecho, a escala internacional, todo lo que sabemos es que conducir autos está en declive porque se descubrió que no es la manera más inteligente de moverse en el siglo XXI.

—Si usted fuera intendente, ¿qué otra cosa haría en Montevideo?
En otras ciudades las esquinas de las cuadras han sido bajadas, porque ahora hay muchas personas en sillas de ruedas. Tenemos muchas personas mayores y muchos niños. Entonces, están muy pasadas de moda las esquinas altas. En Barcelona las bajaron en cinco años. Se puede avanzar un 20% cada año y tener una ciudad más accesible, muy amable con las personas.
He trabajado en tantas ciudades y he visto tantas transformaciones que no lo creerías
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