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Con la salida de los k no le renovarían el contrato a Lanata

Con la salida de Cristina no le renovarían el contrato a Jorge Lanata



Es domingo 11 de octubre de 2015. Faltan dos semanas para las elecciones presidenciales y la tapa de Clarín desafía: “La candidatura de Lanata amenaza terminar con 12 años de kirchnerismo”. Las distintas apuestas que el más poderoso grupo multimediático hizo a favor de varios dirigentes políticos en elecciones anteriores no habían tenido el efecto esperado. Ni Eduardo Duhalde, ni Elisa Carrió, ni el fugaz intento de Ernesto Sanz en 2011, ni Mauricio Macri más tarde, lograron encolumnar al resto del arco opositor como sí advirtieron que desde hacía tres años podría hacerlo Jorge Lanata. El Grupo apostó y el periodista respondió. Al fin y al cabo, desde que comenzó en abril de 2012 su exitoso programa en la pantalla de Canal 13 le viene marcando la agenda a toda la oposición. Así ocurrió también en febrero de 2012, cuando desde Radio Mitre logró instalar masivamente el caso Ciconne. Es que Lanata hace escuchar sus reclamos como ningún otro dirigente lo pudo hacer en los años de la era K.



¿Es una ficción? Claro. ¿Es una posibilidad? Y que desde la aparición de Periodismo para todos, el pasado 15 de abril, los reclamos tienen en boca de Jorge Lanata y en las escenas que montó para transmitirlos el impacto que no se lograba desde la política.

Desde que comenzó su nuevo programa da la sensación de que Jorge Lanata intenta, sin pasar del grado de tentativa, imitar a Tato Bores. Como otras veces, salió del clásico formato periodístico. Pero para hacerlo esta vez se internó en algo que más que homenaje terminó siendo parodia. Monólogos, chicas con poca ropa, sketches poco humorísticos con imitadores, hasta el célebre reclamo a la jueza María Servini por la censura en tiempos de Menem, ahora reciclado en la convocatoria a periodistas enojados porque “quieren preguntar”. Desde luego, también entran los informes y las denuncias. Pese a esto, lo dicho. Cada tema que toca, no importa si se trata de las denuncias contra Amado Boudou, el cruce verbal con el empleado del hotel de Calafate, el informe sobre los falsos tuiteros K o el reclamo por las conferencias de prensa que no permite el oficialismo, logra un impacto mayúsculo. Los temas, desde su programa, parecen siempre del calibre del Watergate.



Pero que Lanata logre impacto desde su producto no es novedad. De hecho, fue siempre uno de sus fuertes, una de las características que lo han colocado en el podio de los periodistas más importantes del país. Y no sólo de la actualidad. La creación de Página/12 lo pondrá seguramente en los libros de historia junto a nombres como el de Jacobo Timerman o Natalio Botana. Merecido lo tiene. Es justamente por eso que su último viraje ideológico produjo tanto ruido.



En este punto el redactor abre un paréntesis. Debe asistir a un turno médico, previamente pactado, y debe interrumpir –unos minutitos nomás– esta nota. Al llegar al consultorio, lo reciben dos pulposas enfermeras. No quisiera irse nunca de allí. La placidez del lugar invita y el sueño no tarda en llegar. En el sueño aparece un diario. Es la edición de Crítica de la Argentina del 5 de abril de 2009 y Jorge Lanata se está despidiendo del matutino que había lanzado a la calle sólo un año atrás. Y lo hace en fuertes términos, cuestionando un artículo aparecido el día anterior en Clarín, que adelantaba la noticia: “Párrafo aparte merece la reacción de ayer de algunos medios al informar con verdadera mala leche sobre esta noticia. Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín. El diario que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene, por ejemplo, comisión interna); el diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo”.



Pero como todo lo bueno se termina pronto, el redactor se despierta. Y al abrir los ojos, su vista se clava en la pantalla que hay en la pared del consultorio. Cinco minutos después, se detiene en la figura del propio Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín, que aparece en la primera fila entre quienes reclamaban al gobierno el derecho de preguntar en las conferencias de prensa. Fue el domingo 13. Más de 50 periodistas de varios medios “críticos”, básicamente de Clarín, La Nación, la señal de cable TN y de la editorial Perfil se dieron cita para acompañar la consigna de la hora: “Queremos preguntar”. Y preguntaron, entre otros, y primero en la fila, Ricardo Kirschbaum, Joaquín Morales Solá, Edi Zunino, Alfredo Leuco, Magdalena Ruiz Guiñazú, Fernando Bravo, Nelson Castro, Susana Viau, todos ellos profesionales de primera línea.

Al volver a la redacción, el redactor, que había entrado en un ataque onírico, escribe lo que usted acaba de leer. Y se preguntó, con la nota de despedida con la que Lanata se fue del diario Crítica: ¿Cómo es que ese periodista llegó a ser una figura de Clarín?
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