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Cuando te alejás de las olas -leelo t va gustar

Cuando te alejás de las olas



Por Pablo Zanocchi



Las cosas de la vida te alejan de las olas. Puede que sea el error que uno comete o ese “camino correcto” que los hombres de traje tanto hablan y nosotros les hacemos caso. El asunto es que lamentablemente, de vez en cuando, pasa, duele y poca gente entiende que lastime tanto.



Pasa que me despierto un día y estoy en Washington DC. No tengo que prestarle atención al viento, ni a las altas o bajas presiones ni a mierda ninguna porque sé que ese día no surfearé. Y es algo bien doloroso, y lo más doloroso es que uno se acostumbra. Pasan los días y al despertarte sabés que hay algo que tenés que mirar, pero luego te das cuenta que no hay donde encontrarlo.



Metido en el medio de la tierra, no queda más que resignarse –en algunos momentos- y seguir con eso que viniste a hacer acá, eso que los hombres de traje dicen que está bien. Yo, en realidad sé también que “está bien”, pero bueno… Siempre está el cosquilleo que te hace dudar. El poder estudiar en una buena universidad es bueno, el poder surfear todos los días, es mejor… ¡No sé!



Otro tema importantísimo, que tu novia esté lejos del mar… Un viejo y tan discutido tema. Tengo amigos que en la vida habrían resignado por un “corto” periodo de tiempo a las olas todos los días, por estar con su amada. La forma como yo vi el asunto fue: “Ella haría lo mismo por mí”. Sé, después de esto, que si mañana me toca ir a vivir a Indonesia, ella me va a acompañar. Dejando de lado lo mismo que yo dejé cuando me vine para acá.



Estoy escondido atrás de los edificios, en esta ciudad, la capital del capitalismo, en la capital de toda la porquería que estos gringos tiran para el mundo. Finalmente terminando los estudios y terminando mi estadía por estos lugares. El pasaje está marcado: el 24 de marzo me vuelvo y mi novia en junio, se termina la panza asquerosa que me creció gracias a la enorme cantidad de calorías que consumí, se termina eso de estar lejos de algo tan preciado como los amigos y la familia, y, finalmente, se termina eso de despertarse sin fijarse la dirección del viento.



Pero, como dice todo el mundo, siempre hay una buena lección por detrás de todo. Puedo nombrar varias, pero sinceramente lo que tengo bien claro es que la próxima vez que me meta al agua no voy a salir hasta que no pueda moverme.



Justamente, la semana pasada, siguiendo las predicciones, vi que un pico “cercano a DC” –que nunca había ido-, unas cuatro horas manejando, en Ocean City, Maryland, estaría quebrando. No lo dudé, pleno invierno y toda la historia, menos no sé cuantos grados de temperatura. Alquilé un auto y me mandé para ahí.

Lo que los locales consideraban un día bueno, no era nada del otro mundo, ¡pero eran OLAS! Las tenía en frente mío y estaba con mi tabla, traje, guantes, botas y, ¡pal agua!



Ese placer de estar entrando al mar a hacer lo que vos sabés que es lo que más te gusta, lo sentí en el fondo del alma. Sentí también un frío de la p…. madre, pero bue, de nuevo, ¡eran olas!

Estaba tan frío que vi varios pibes entrando y saliendo surfeando media horita con sus 5-4-3, guantes, botitas y capucha. Yo con mi 4-3, sin capucha me mantuve en el agua hasta que mi cara me dijo: “salí de acá porque estoy por partirme al medio”. Cuando volví a casa estaba como nuevo, estaba disfrutando de esa sensación BIEN RICA del después del surfing. Y es tan lindo irse a surfear que no me importó ver que después de dos meses fuera del agua estaba hecho un gordo de cuarta arriba de la tabla haciendo papelones.

fuente


http://www.nomade.clarin.com/noticias.php?id=89
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