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De perdedor a taringuero ganador



Te despiertas por la mañana sin ganas de levantarte lince? ¿Temes afrontar nuevos retos y te desautorizas a ti mismo diciéndote “soy un perdedor“?


En este artículo vamos a hablar de los que no pueden dejar de pensarlo, si piensas soy un perdedor, los demás te verán así, lo que piensas de ti es lo que proyectas.

Los siguientes son algunos de los puntos o señales de alerta a las que deberías prestar atención maquinola y que te llevan irremediablemente a pensar:



Soy un perdedor


Nunca he tenido novia o hace siglos que una chica no se fija en mi. Ni me planteo acercarme a ellas. Sé que se van a reír de mi, en el mejor de los casos. Soy un perdedor, no tengo nada que hacer con las mujeres.

Mi pareja me dejó, la verdad es que me lo tenía merecido. No voy a tener pareja nunca más. Las mujeres no van a querer estar con perdedor como yo. No tengo nada bueno que ofrecer.



No prospero en el trabajo. Mis compañeros no me toman en serio y se aprovechan de mi siempre que pueden. Me gustaría demostrar mi capacidad profesional pero siento que tienen razón y que soy un perdedor, ¿para qué me voy a esforzar si no voy a conseguir nada?

No soy bueno en los estudios, aunque tampoco me valdría de nada serlo. Soy un perdedor y nadie va a querer darme un trabajo. ¿Para qué voy a enviar currículos con la gente mejor preparada que yo que busca trabajo?.

No soy capaz de conservar a mis amigos, algunos se me acercan para aprovecharse de mi, ya no sé diferenciar entre la gente que me aprecia y la que me desprecia. Aunque siendo un perdedor como soy ya no queda nadie que me aprecie. Pudro todo lo que hay a mi alrededor, la gente huye de mi lado.

Me miro al espejo y lo entiendo todo. ¿Cómo no voy a ser un perdedor con esas pintas? Soy gordo, o demasiado delgado, soy terriblemente feo. Es imposible que sea otra cosa en mi vida, no soporto mirarme en el espejo.



Deja de ser un perdedor


Deja immediatamente de pensar así de ti mismo. Nadie se merece que le traten así. Si no tratarías a nadie con ese desprecio, ¿cómo te permites tratarte así a ti?

Cuando una persona piensa así de si misma y actúa en consecuencia es algo que llega a los demás. ¿Cuántas veces no te has encontrado contestándole a alguien: “es que todo lo hago mal” cuando te comenta que te has equivocado en algo, por pequeño que sea el error? Eso es justo lo que recibe la otra persona, una definición de ti: todo lo hago mal.

Para empezar eso violenta a la persona con la que estás hablando, porque puede creer que su mensaje no ha llegado a ti correctamente. Es decir, te ha dicho algo con cuidado pero respondes como si te hubiera atacado de la peor de las formas. Es probable que sienta que le estás atacando con un sarcasmo y se ponga a la defensiva.



Pero también es probable que esa persona cambie su visión de ti, sobretodo si este es un hecho repetitivo. Si alguien te dice repetidamente que es un perdedor y que no hace nada bien, ¿confiarías en esa persona para algo? Yo no. Por mal que me sepa. Una persona que está convencido de que algo va a salir mal y lo da por hecho no luchará nunca para que salga bien. Es de cajón. Ya ha perdido el partido antes de jugarlo y solo va al campo a que le humillen.

Siempre hay que salir a ganar. Mucha gente se toma la vida como una carrera en la que al final pueden obtener un premio. Algunos incluso corren una carrera de obstáculos. Otros suben montañas, otros se la pasan en Taringa hasta ser Diamonds. Pero lo que no ven es que el premio no está al final de la vida. El premio es la vida. Vivir es una aventura, sí, y la felicidad no debería ser tu meta sino tu consecuencia.




Para poder ser feliz tienes que aprender a quererte. Pero no solo eso, también deberás respetarte y exigir a los demás que te respeten del mismo modo. Solo así podrás vivir una vida plena y feliz y disfrutar de las cosas que te da la vida. ¿Que podrían ser más? Seguro. Pero, ¿está en tu mano cambiarlo? ¿Sí? ¡Pues qué esperas!


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