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Desmintiendo la "resurrección " de Jesús

En este parte voy a desmentir 2 post: La resurreción de Jesús y sus evangelios, y Pruebas de la existencia de Jesús.






Normalmente me levanto los fines de semana para ver las buenas nuevas, falsas o verdades, de lo que nos tienen las plataformas sociales siendo uno de ellos TARINGA! y resulta que, de pronto, los cristianos se han animado en "probar" la existencia de Jesús y su resurrección; sí, hablo de aquel que crucificaron hace 2000 mil años que decía ser hijo de un todopoderoso y producto de una bizarra y macabra relación entre una paloma y una vrigen. Y como consecuencia de la aparición de este personaje tenemos a los cristianos hoy en día defendiendo su existencia... A lo que yo les pregunto:
¿Por qué siendo Jesús, un personaje tan importante y habiendo hecho proezas increíbles como caminar sobre el agua, convertir el agua en vino y sanar enfermos, por qué no han escrito sobre él los más grandes historiadores de aquellos tiempos? No olvidemos que los personajes que hacen grandes proezas se mencionan por muchas décadas porque han dejado huellas avaladas con escritos de los mismos que están ahí. La iglesia dice que sí lo han hecho y escriben un montón de libros para convercer de esta forma a los fanáticos religiosos y que estos lo utilicen como medios de propagandas baratas en la radio, revistas, periódicos, internet, televisión, etc; y esto con el único fin de atraer a más seguidores y, para que de forma indirecta, amarrar dinero en masa. Pero seamos sinceros, hay que reconocer que los líderes cristianos saben hacer su trabajo. Siempre han sido unos maestros de la propaganda, unos expertos en el arte de manipular la realidad para adaptarla a sus propios fines. Y lo son, sobre todo, porque comprendieron muy pronto que lo que tenían que hacer era empezar por la base, inocular el virus en el momento en que somos más vulnerables: durante nuestra infancia. ¿O me equivoco?


Algunas veces los no creyentes, aceptan la existencia de un tal Jesús en aquellas épocas, pero antes que los cristianos se animen a tergiversarlo, déjenme decirles éstos que podrían aceptar la existencia de Jesús, pero como un líder de las múltiples sectas nacientes de aquel entonces y que el fenómeno del "todopoderoso" tiene que ser necesariamente una mentira. Pero sin embargo, ¿de verdad existió? La iglesia católica afirma que por supuesto existió, pero los historiadores de renombre ni siquiera lo mencionan con sus grandes azañas; pues en este caso, llegamos a un punto muerto, y digo esto solo por ser generoso Sin embargo, cada vez hay más investigadores de reconocida solvencia (reconocida por todos menos por los cristianos, por supuesto), como el historiador de las religiones Karlheinz Deschner, el teólogo Robert M, Prince, el escritor Richard Carrier... entre otros cientos que podría citar, que consideran que hay razones más que sobradas para dudar de la existencia de Jesús de Nazaret. Que afirman que no existe una sola evidencia histórica que sostenga su vida, que no es sino un mito, un personaje basado en héroes y dioses anteriores, una recopilación de las vidas y enseñanzas de diversos dioses y hombres santos que vivieron antes de la era cristiana, como Mitra, Krishna, Buda, Dionisos o Hércules. De hecho, y por poner solo un ejemplo, Mitra, dios persa, hindú y romano, nació de una virgen y en una cueva, un 25 de diciembre. ¡Ah! Y fue adorado por pastores, ¿Les suena de algo?... Bazinga!


Pero regresemos al punto incial: ¿existe alguna prueba que demuestre, más allá de toda duda, la existencia de Jesús de Nazaret?

Amigos cristianos, se trata nada menos que del hijo de dios, nacido de una virgen, que alcanzó gran predicamento como maestro, sabio y realizador de milagros... Un hombre que era capaz de devolver la vista a los ciegos, caminar sobre las aguas, resucitar a los muertos y alimentar con unos pocos panes y peces a multitudes. Hacia el final de su vida, las gentes acudían a escucharle desde muy distantes lugares, y cuando entró en Jerusalén toda la población salió a alabarle con palmas y cánticos. Tras ser crucificado, el sol se oscureció, se produjeron fortísimos terremotos y numerosos «santos» resucitaron de sus tumbas. ¡Ah! Y, tres días después, él mismo resucitó de entre los muertos. Este es el personaje. Un individuo así, de existir realmente, sin duda tuvo que dejar una honda impresión entre sus contemporáneos, que escribirían numerosos testimonios de lo que vieron u oyeron. ¡No todos los días se ve algo parecido! ¿O no?

Pues me temo que no. Nada. Ni rastro. Desde luego, Jesús de Nazaret no aparece en el censo de Quirino, ordenado por Augusto en el momento de su nacimiento, ni se ha conservado ningún documento oficial sobre su vida o sobre el proceso supuestamente abierto contra él por los romanos y que culminó con su crucifixión. Algo sorprendente, pues era preceptivo y habitual en la burocracia romana que se escribieran y presentaran tales informes, como sí los hay de otros «alborotadores» judíos de la misma época.


El mismo post sustenta la existencia de Jesús mencionando a historiadores no cristianos Tácito, Plinio el Joven, Suetonio y Flavio Josefo hablan de él. Pero es falso. Ningún historiador del siglo I recoge el menor detalle sobre su vida. Ni uno solo. Ni siquiera el historiador y filósofo judío Filón de Alejandría (20 a.C.-50 d.C.), contemporáneo de Jesús, menciona al hacedor de milagros y agitador judío.De hecho, de las varias decenas de historiadores de la época cuyo trabajo nos ha llegado, ni uno solo menciona a Jesús y a sus seguidores. Justo de Tiberíades, que vivió al mismo tiempo y en el mismo lugar que Jesús, ni tan solo lo nombra en su obra Historia de los reyes judíos, en la que analiza el período que va desde Moisés hasta Herodes Agripa II.



Un segundo post menciona a los evangelios como prueba definiftiva de la existencia de Jesús. Y aquí, me temo, pinchamos en hueso, por lo mismo que comentaba al empezar este post: porque los cristianos son unos expertos en el arte de manipular la realidad. Lo hemos visto con las falsificaciones de las obras de los historiadores no romanos, un hábito muy extendido en el cristianismo. Y no es que lo diga yo, qué va: los propios doctores de la Iglesia afirman que al menos una tercera parte de los escritos del Nuevo Testamento son falsificaciones (pese a lo cual, siguen considerándolos palabra de dios, qué asombroso).

Seamos ya sinceros. Jesús no dejó escrito ni un solo papel, que se sepa. Tampoco ninguno de los que le escucharon dejaron escritas sus palabras: se limitaron a contarlas, a transmitirlas oralmente. La mayor parte de la gente cree que los cuatro Evangelios fueron escritos y transmitidos por los apóstoles de Jesús, que evidentemente le conocieron y le acompañaron durante su vida. Pero me temo que esto es falso: ni un solo autor cristiano durante el siglo I y la primera mitad del siglo II (hasta ciento veinte años después de la supuesta muerte de Jesús) menciona o cita a los Evangelios o a sus supuestos autores. Ni uno solo. De hecho, un autor tan reconocido dentro de la Iglesia como Justino, que gastó ríos de tinta para demostrar la divinidad de Cristo y citó más de trescientas veces los libros del Antiguo Testamento, no hace ni una sola mención, ni una sola cita de los cuatro evangelios. Como si no existieran. Pero hay más: el santo católico Agustín, padre de la Iglesia (354-430) dejó escrito: «No creería en la verdad de los Evangelios si la autoridad de la iglesia católica no me obligara a hacerlo».


Si la propia Iglesia, como afirma el texto de la Enciclopedia católica que acabo de reproducir, admite que los Evangelios que conocemos no tienen base histórica, que son simples escrituras y reescrituras elaboradas a partir del siglo IV, se supone que basándose en otros anteriores «que se contradicen entre sí»,·la discusión debería terminar aquí con una sola conclusión: no hay pruebas de que Jesús de Nazaret haya existido. No hay un solo testimonio que lo demuestre. Pero este es un debate tan enrevesado, tan viciado y tan complejo que creo que merece la pena seguir un poco más.


Todos los evangelios, los finalmente aprobados y los demás, las decenas de «apócrifos» que se conservan, fueron transmitidos anónimamente. El primero en recopilar estas historias fue un tal Marcos, que no conoció a Jesús en persona sino que se limitó a escribir lo que recordaba de las prédicas del apóstol Pedro tras su muerte. Este es el evangelio más antiguo, y fue posiblemente escrito en los años setenta u ochenta del siglo I. A ver, a ver: resulta que un tal Marcos cuenta lo que recuerda de lo que le escuchó a Pedro cuando este ya había muerto y no podía, por tanto, corregir o ajustar nada. Y lo más sorprendente: las palabras de Marcos tampoco han llegado hasta nosotros, solo suponemos su existencia porque las menciona, hacia 140 d.C., el obispo Papías de Hierápolis.


No se conserva, no existe ningún original de ningún evangelio, solo copias de copias de copias de manuscritos griegos, latinos, sirios, etc., en los que las interpolaciones de los copistas y si a eso le sumamos las traducciones a partir de lenguas extintas. Y al margen del valor que los cristianos den a la Bibllia o a los evangelios como «palabra de dios», para los historiadores estas manipulaciones y mutilaciones solo demuestran una cosa: que no son en absoluto fiables como pruebas de la existencia de Jesús de Nazaret.


Finalizando ya con estas tonterías cristianas, solo me queda hacer una pregunta en caso de la resurrección: Si Jesús murió por nuestro pecados, entonces ¿Para qué demonios resucitó?
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