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Duhalde gracias por tanto, perdon por los K

"Porque Neshtor levanto el pais, grande los kirchner, tenemos patria, fuerza kirchnerismo, aguante Neshtor"

Cuantas veces escucharon esto? seguro que muchas... el periodo 2003 2015 tiene sus fanaticos idiotizados. Pero ademas de ser unos corruptos, ocultaron un periodo que paso desapercibido y solo es comprendido por la gente que piensa: Fin del año 2001 a 2003. EL MANDATO DE DUHALDE


La consagración de Duhalde

Doscientas sesenta y dos manos se levantaron para decir sí. Veintiuna, para decir no. Y otras 18 ni se levantaron ni dejaron de hacerlo: se abstuvieron. Con este caudal de votos, Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y hasta hoy senador por ese distrito, se transformó en Presidente de la Nación hasta el 10 de diciembre de 2003. Afuera del recinto, el cacerolazo se hacía oír en varias esquinas de Buenos Aires con la consigna "Elecciones ya". El deseo de muchos ciudadanos sigue siendo votar su propio presidente.




"Espero poder hacer olvidar el ruido de las cacerolas". Cuando el reloj marcaba la medianoche del 31 de diciembre, y quedaba atr ás el convulsionado 2001, Eduardo Duhalde le hizo esta promesa a su mujer Chiche. Desde la madrugada de ese día, cuando la Argentina se quedaba por segunda vez sin presidente tras la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá, el senador había empezado febriles negociaciones (que lo dejaron sin pegar un ojo en casi toda la noche) con los hombres fuertes del PJ y con Alfonsín, Freddy Storani y Leopoldo Moreau. Su sueño de ser el presidente de un gobierno de "unidad nacional" empezaba a tener forma. Y la hora del brindis, en la intimidad y en familia, era el momento oportuno para mostrar sus deseos sin pudores.

Chiche Duhalde abrazó a su marido. Sus hijos no pudieron disimular la emoción que ese instante les producía: por un lado, sentían la ansiedad y el orgullo de que su padre llegara a la presidencia; por el otro, sabían que sus vidas iban a cambiar para siempre. Todos en la casa de Lomas de Zamora lo escucharon decir muy serio, demasiado serio, cuando chocó la copa con su esposa: "Ahora le voy a poner el pecho a las balas". Era el primer minuto de 2002.

Fue, sin dudas, un fin de año de alta tensión. Por un momento Eduardo Duhalde estuvo casi al borde del colapso y a punto de no festejar el fin de año en familia. Había mantenido desde muy temprano maratónicas reuniones con el equipo económico de Adolfo Rodríguez Saá -Rodolfo Frigeri y Jorge Capitanich-. Los íntimos aseguran que cuando los hombres del brevísimo gobierno del puntano "le pasaron los números reales de la economía, se quedó espantado". Fue su futuro ministro del área económica, Jorge Remes Lenicov, quien terminó de clarificarle cuál era la situación real que debería enfrentar. Convinieron, esa mañana del caluroso 31, pensar un plan para presentarlo el viernes. Tres puntos eran inamovibles: los depósitos serían devueltos en la moneda en que fueron depositados, habría un cambio fijo para salir de la convertibilidad (que rondaría el valor de 1,36 peso por dólar) y se investigaría dónde estaba la plata "que hoy no tienen los bancos y que la gente depositó".

El calor político crecía al ritmo de la sensación térmica. El desfile por la casa de Duhalde fue incesante: el frepasista Aníbal Ibarra (que prometió su apoyo y se llevó la certeza de la posibilidad de la incorporación de uno de sus hombres al gabinete) o el líder de la Unión Industrial José Ignacio de Mendiguren (¿nuevo Secretario de Producción?). Pero en estos tiempos de paradoja constante, el gran apoyo fue el del radicalismo bonaerense. Tanto Alfonsín como Storani y Moreau -que mantuvieron una actitud crítica frente a la política económica de De la Rúa- prometieron su apoyo. El ofrecimiento de cargos también existió, aunque de ambas partes prefirieron no darle importancia al hecho y hablar de una necesidad de consenso: "No es momento de que esto parezca una repartija de cargos. Estamos frente a la necesidad de trabajar en conjunto, porque el país está al borde de la disolución nacional", sentenció con dramatismo un alto dirigente radical.

La mañana del 1º de enero no se presentaba muy promisoria para Duhalde. Estaba nublado y la reunión que se había organizado en el CFI (Concejo Federal de Inversiones) con los 14 gobernadores justicialistas para apoyar al nuevo candidato a presidente fracasaba antes de empezar. Al mirar el cielo de Lomas de Zamora, Duhalde se preguntó si los mandatarios justicialistas también le dirían -como se lo dijeron a Rodríguez Saá en la malograda cumbre de Chapadmalal- que no llegarían a la reunión por problemas meteorológicos. Las nubes -y sobre todo las posiciones de Néstor Kirchner y José Manuel de la Sota- parecían insalvables para el nuevo gobierno, tan nuevo que ni siquiera había asumido. Ambos, sin dudas, pedían a gritos las elecciones.

A las dos y media de la tarde, y sin almorzar, Duhalde llegó al Congreso para pelear las negociaciones todavía abiertas. En un vertiginoso raid de reuniones en las jefaturas de bloques, definió su propio destino.

A las tres y media, entró al despacho del jefe del bloque de senadores radicales, Carlos Maestro. "Eduardo…. -dijo el chubutense-, no vamos a poner trabas porque queremos un gobierno de unidad nacional con respaldo parlamentario. Vamos a colaborar con los equipos técnicos que designes y a establecer un cronograma para el sistema financiero. Apoyaremos una reforma tributaria. Importan los planes y no las personas". Duhalde no pudo evitar sonreír. Había logrado una "victoria" clara y rápida.

Media hora después enfrentó a su propio partido. Sabía que la interna era tan feroz que podía terminar con su sueño de asumir la Presidencia. Por eso, llegó al bloque justicialista con su camisa blanca ya un poco arrugada y cara de preocupación. "Estamos en tiempo de descuento -dijo Duhalde-. No tengo nada que ganar y todo para perder, pero sé que esta hora no admite dudas… Tengo que avanzar hacia una solución". Cuando salió de la reunión con el bloque, su camisa blanca seguía arrugada, pero había cambiado la cara: estaba entusiasmado tras haber logrado el apoyo de De la Sota y Kirschner.

Luego, se encerró en la jefatura del bloque de diputados donde estaba Eduardo Camaño (hombre de su confianza) para esperar el gran momento. Allí, en la oficina120 empezó a escribir el discurso que daría frente a la Asamblea Legislativa. Fue Carlos Ruckauf quien resaltó con un círculo la frase del discurso que aseguraba que no se presentaría a las elecciones de 2003. Hizo varios agregados con su lapicera (de pie y apoyando el papel contra la pared) y se lo llevó en mano al futuro presidente.

A las diez y media de la noche sólo quedaban en el despacho Remes Lenoicov y Duhalde. La cara de preocupación del futuro ministro era indisimulable. El tema de conversación: qué hacer con el corralito. "No quiero escuchar cacerolazos", dijo Chiche Duhalde, que había llegado para acompañar a su marido antes de que asumiera. También entraron uno tras otro sus cinco hijos: los mellizos Agustina y Tomás (17), Juliana (27), Analía (25) y María Eva (23).

A las 23:16 Duhalde era elegido presidente por la Asamblea Legislativa. Chiche le dio un beso y salió corriendo para el recinto. Se ubicó, junto a sus hijos, en el Palco de Honor. Duhalde sonrió. Se arregló el saco. Tomó su discurso y lo releyó por última vez. Tuvo que de salir del Congreso y volver a entrar (por una cuestión de protocolo) para asumir la presidencia. Traje azul brillante, corbata azul, agradecía y tocaba todas las manos que buscaban palmas y besos.

En el recinto se empezó a escuchar la barra que entonaba un "Duhalde, Duhalde". Afuera, ya algunos manifestantes se reunían en distintos puntos de la ciudad pidiendo "elecciones ya". Recién había jurado como Presidente y Duhalde ya sufría su primer cacerolazo. Es que la dirigencia política debe comprender que existe una nueva Argentina donde no hay lugar para acuerdos entre gallos y medianoche, ni para sospechados de corrupción o promesas irrealizables.

Eduardo Duhalde cumplió su sueño. Pero sabe que la gente marcará de cerca cada uno de sus actos de gobierno. Nadie guardó las cacerolas. Ya consagrado presidente hasta el 10 de diciembre de 2003, le dijo a GENTE:


-Presidente, usted asume entre el ruido de cacerolas que ya no dan oportunidades a que se equivoquen.

-Tenemos que luchar.


-¿Se puede realmente devolverle la plata a la gente?

-El Estado argentino tiene que responder ante este robo a la gente. Y se le devolverá el dinero en la moneda que lo tenían.



-¿Qué hará con el corralito que tanta angustia ha generado en la gente?.

-Lo importante es que todos los argentinos puedan recuperar sus dineros.


-¿Y cómo sacará al país de la peor crisis de su historia contemporánea?


-Este es el desafío más grande de mi vida y lo voy a enfrentar. Sé que el pueblo me está mirando, que la gente está desesperada y no se le puede fallar. La Argentina está quebrada y tenemos 15 millones de pobres, pero vamos a mejorar. Y le aseguro que los que se robaron la plata irán presos.




Cuando un kumpa te diga: PoRkehh Neztorh LeBamTohh el Paiz Gorilahh", respondele que el que lo hizo fue Duhalde, de la mano de Lavagna y el auge de la soja que tuvo un record en su valor en el mercado! saludos

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