El amor es una grasada.

El amor es indefectiblemente grasa. Desde las rosas rojas a los sobrenombres de gente tratándose de mami y de papi, las canciones de Bon Jovi en español, las frases “dulces” (¿hay algo más grasa que hablar de dulzura?) o los Dos Corazones -con sus poesías escritas por aletargados con lesiones cerebrales-. Todo es muy aceitoso.



Si uno analiza a un amigo enamorado, sus mensajes de texto, sus regalos, o los mismos posteos en su Muro de Facebook, probablemente sienta un estrujamiento en la boca del estómago y ganas de cerrar los ojos. Si, lo que se denomina vergüenza ajena. Pero he aquí el principal problema del amor: la ceguera. Es como estar borracho: cuando vemos a los ebrios, estando nosotros sobrios, parecen todos idiotas, exactamente igual de idiotas que nosotros cuando estamos en ese estado. En el mismo sentido, cuando uno está enamorado se convierte también en una mierda humana. Ya no se actúa por la razón, sino por cliché, hace lo que hacen los que están de novios. Por ejemplo: festejan “los meses” y mes a mes se hacen regalos inservibles, ni siquiera cuando se tiene un hijo se festejan sus meses, y convengamos que es algo un poquito más importante que una relación basada en la frotación genital. Pero en esos festejos “mensuales”, nunca se regalan mutuamente cosas basadas en el gusto del otro sino centradas en el amor que uno, le tiene al otro. Por ejemplo, se compran cajas con formas de corazón con bombones adentro. ¿Por qué? No se sabe. Si al final la respuesta es siempre: “Ay, qué lindo. Decí que estoy a dieta. Porque sino me los comería todos”. Y entonces vemos como nuestro suegro se come los bombones y la caja pasa a ser el costurero de la madre de nuestra pareja.
Pero hay gente que confunde el amor con exhibicionismo. Esto, en principio, ocurre mucho en el transporte público. Por eso, yo siempre sugiero a las parejas jóvenes que, antes de viajar en Subte juntos, se masturben por separado para evitar incomodar al resto de los pasajeros con breves y



pornográficas prácticas carnales. Qué peor que estar sentado al lado de un asiento vacío y que entre una pareja y lo ocupe, para ver cómo primero se sienta él, ella se le pone arriba y le empieza a babear la oreja. Si, y a pegado a eso ves como él le bombea la cintura a ella como un cachorro alzado con el pene desenfundado, y ella le respira fuerte y gimiente y le dice al oído: “Ay papi, chupame el cuellito, ay si que rico”. Y vos leyendo 100 Años de Soledad tratando de hacerte el pelotudo. Imposible.
Pero el consejo quedó viejo. Ahora estas parejas de mierda que dicen amarse -cuando en realidad lo único que tienen en mente es fifar de manera relativamente regular-, nos torturan a todos en las redes sociales. Cuando debutaron, cuando se pelean, cuando están separados y cada uno está en su casa escuchando un tema que le recuerda al otro, cuando vuelven a estar de novios y se aman muchito… Incluso ponen aquellas cosas que deberían consultar con un profesional. Mucha gente, con obra social y todo, prefiere poner en su estado de Facebook lo que debería decirle a un psiquiatra, que a la vez debería medicarlo mucho.
Mostrarle a tus amigos que tenés una novia nueva no va a hacer que tu relación dure más de lo que te dura a vos dura. Peluches, cenas con velas, cajitas musicales con la Marcha Nupcial, mariachis, cuadros con fotos de los dos abrazados…¿De qué sirve todo eso? Por Dios. Nada menos útil que regalo de enamorado.




Muchos confunden romanticismo con Winnie The Poo abrazando un corazón que dice TE AMO. Si tu novio te regala eso, no es un romántico, es un pelotudo que debería comprarse un pene de goma y tactarse internamente la próstata con el.
El amor apesta a adolescencia. A acné y tetas puber tipo-torpedo.
Como este post.