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El camino para ser Diamond, comer en piloto automático



La obesidad es epidemia. Si bien nos toca vivir en una época en que estamos más informados que nunca, millones de individuos adhieren a conductas que provocan su propio exceso de peso, con consecuencias que recortan su salud y acortan su vida.

Debemos admitir que los tratamientos más tradicionales para la obesidad se han centrado en la promoción de alimentos light que los obesos “deben” comer para regular su peso. Si bien los aspectos nutricionales deben considerarse, no representan la totalidad del asunto. La mayoría de las veces, la falla en la adherencia está en otro lado.




Hay tres aspectos a tener en cuenta. Primero, la influencia de la publicidad y los medios de comunicación, que instalan un rango de valoraciones de los alimentos propuestos por un mercado en la promoción de sus productos procesados y superdeliciosos. Por ejemplo, cereales azucarados en extremo, enharinados excesivamente.

Segundo, y de enorme implicancia, los factores psicológicos y emocionales que influyen decididamente en la apropiación que hace tal o cual persona de las ofertas alimentarias.

Tercero, el más pernicioso e influyente de todos: la forma de comer.



¿Cuáles son las particularidades de la forma de comer?

Lo más habitual es que muchas personas coman rápido, con mucha distracción y mecánicamente, “sin darse cuenta”. Lamentablemente, tenemos el prejuicio de pensar que “quien más come es quien más sabe de sabores”. Esto es erróneo; muchos pacientes indican que “no pueden parar”, que a veces comen por estar aburridos o enojados, o perturbados por otros estados emocionales intensos, e incluso comen sin darse cuenta.



Entonces, frente a la costumbre adquirida de “ponerse a comer” en situaciones significativas y emocionalmente intensas, la persona come en exceso, no sólo sin control, sino sin conciencia plena del momento presente, de la ingesta, de todo el acto presente de comer.

Allí no hay un auténtico disfrute, sino una descarga de un estado anímico que proviene de otra fuente y de otra circunstancia de su vida.



La comida es comida; y el dolor emocional, si bien se lo puede distraer, no se cura comiendo.

Esta problemática podría empezar a cambiar, y dejarían de fracasar gran cantidad de tratamientos para adelgazar -considerando el real cambio de hábito a largo plazo-si al paciente se lo entrenara intencionalmente para dejar de comer rápido, distraído y en automático. Si también se lo entrenara para regular sus estados emocionales intensos sin comida.



Cuanto más se está atento, cuanto más uno puede “darse cuenta” si de verdad es hambre lo que siente, y se recibe con atención el sabor de cada bocado, cuando se mastica pausadamente con el mismo semblante y se traga con lentitud, se tiene un antídoto natural contra la compulsión.

Lo más habitual es que muchas personas con sobrepeso coman rápido, distraídos y mecánicamente, “sin darse cuenta”



Comer consciente “es verbo y no es sustantivo”, es el practicar, es la decisión de hacerlo todas las veces, porque se va comprendiendo que es el vehículo que permitirá seleccionar mejor los alimentos y elegir cuánto comer de las raciones que realmente nuestro cuerpo necesita.


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