El curioso caso de los 42.000.000 de adoquines


El curioso caso de la desaparición de 42 millones de adoquines de las calles de Buenos Aires

Se retiró el empedrado de varias calles porteñas, pero sólo el 10% está depositado en predios. ¿Qué pasó con el resto?




Las callecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo...

La historia del adoquín (del árabe ad-dukkân, "piedra escuadrada" se remonta al siglo IV antes de Cristo. Los empezaron a usar cartagineses y romanos para mejor traslado de sus carretas. Llegaron al Virreynato del Río de La Plata en 1783, de la mano del Virrey Vértiz. En un principio los ladrillos venían de Colonia del Sacramento, Uruguay y de la Isla Martín García. A medida que Buenos Aires fue creciendo, a fines del siglo XIX, se empedraron más calles con granito de Tandil. A partir del siglo XX, con la masificación del automóvil, fue ganando lugar el pavimento. Pero el empedrado resiste: quedan unas 4.000 cuadras (de 26.000 que tiene la ciudad) con adoquines.



Y ahora tienen ese no sé dónde...

Desde 2008 se removieron 42 millones de adoquines, según cálculos de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando se reparan las calles del casco histórico, se deben reponer con adoquines. Los granitos que "por razones técnicas y/o de proyecto" deban ser retirados, quedan en poder del Gobierno porteño.



¿Y dónde fueron a parar?

Apenas un 10 por ciento, o cuatro millones de adoquines, están depositados en predios del Gobierno de la Ciudad. Los restantes 38 millones no están contabilizados, según una investigación del diario La Nación.



¿Para qué sirve un adoquín?

Si no están muy desgastados, los adoquines removidos se pueden volver a usar en otras obras. El propio Gobierno porteño los reutiliza para rellenar cordones cuneta, o para plazas y parques. "El adoquín que se extrae es reutilizado para obras que están autorizadas por ley", justificó Mariano Schiavo, subgerente de legales del Ente de Mantenimiento Urbano Integral (EMUI) de la ciudad. Para esas obras se retiraron unos 2.496.000 adoquines, pero todavía falta contabilizar otros 36 millones.



Hay robos y algunos terminan en el mercado negro

"Lo que termina sucediendo es que se generan cementerios de adoquines y eso es sinónimo de descontrol y robo sistemático", denunció Facundo Del Gaiso, auditor de la ciudad y miembro de la Coalición Cívica, a La Nación. Efectivamente, muchas veces los adoquines terminan vendidos en el mercado negro. A veces se consiguen en los mismos depósitos del gobierno de la ciudad o en las obras. Incluso se pueden comprar en internet a nueve pesos cada uno. Mariano Schiavo asegura que los que se venden online son de canteras privadas, aunque es difícil de comprobar.