El hombre: ¿violento por naturaleza o por la sociedad?

EL SER HUMANO, ¿ES VIOLENTO POR NATURALEZA O POR CULPA DE LA SOCIEDAD?



A lo largo de la historia se ha debatido, y a dia de hoy se sigue haciendo, si el hombre es por naturaleza un ser propenso a la violencia, al cual la sociedad inhibe sus impulsos inertes o primitivos, tal como sostenia Hobbes, por ejemplo:




O si por el contrario, tal como sostenia Rousseau, el hombre por naturaleza es un ser bueno y pacifico, pero es la sociedad la que lo corrompe y transforma paulatinamente en un ser violento.



ARGUMENTOS QUE SE INCLINAN CONTRA LA NATURALEZA:



Parecería que vivimos en un mundo dominado por la violencia: bocinazos en los atracos de tránsito, insultos en espectáculos deportivos, peleas en bares y discotecas y agravios de todo tipo que pueden leerse en las redes sociales. Y aunque muchos atribuyen este clima a las nuevas tecnologías o a las exigencias del mundo actual, un grupo de expertos de la Universidad de Barcelona aseguran que el ser humano es agresivo por naturaleza, aunque sus niveles de violencia pueden ser controlados si se canalizan de forma correcta.

La agresividad es una tendencia biológica que forma parte del instinto de supervivencia y que compartimos con el resto de los animales, pero a diferencia de éstos, los humanos también experimentamos la violencia, una suerte de agresividad consciente que se relaciona con el poder creativo.

El hombre sabe que siendo agresivo puede llegar a conseguir determinados objetivos, indicó David Bueno, experto en genética del desarrollo y neurociencia, y apela a su imaginación y capacidad de relacionamiento para lograrlo.

Sin embargo, existen formas prácticas de canalizar la violencia que naturalmente nos invade y evitar así cualquier tipo de problema. Bueno pone el ejemplo de los partidos de fútbol u otros espectáculos deportivos en los que tanto los jugadores como los hinchas experimentan una descarga de hormonas idéntica a la que se produce cuando se gana cualquier batalla física.

A esto se le llama “combate ritualizado” y sirve para regular los grados de violencia que tenemos dentro de nosotros. Al descargarse a través de gritos y cánticos colectivos, el hincha de un equipo libera tensiones y erradica las ganas de practicar la violencia en otros contextos.

No obstante, el experto aclara que tampoco es bueno incurrir en los excesos y todo fanatismo debe ser moderado para que no nos afecte a nivel psicológico transformándose en una obsesión.

Por otra parte, el estrés laboral también puede ser un factor que nos torne más agresivos, ya que hace que se reduzca el nivel de eficiencia de la corteza cerebral, lo que nos impide llevar a cabo procesos cognitivos más complejos como la toma de decisiones meditadas para evitar reacciones impulsivas.




ARGUMENTOS QUE SE INCLINAN CONTRA LA SOCIEDAD:



¿Será cierto lo que dijo el filósofo Thomas Hobbes allá por el siglo XVII al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre”? ¿O tal vez tenga razón Jean-Jacques Rousseau, un fi­lósofo del siglo XVIII, cuando señaló que la persona era buena por natu­raleza y que era la sociedad la que la corrompía?

En nuestra civilización casi todos pensamos que la persona es violenta por naturaleza y que cuando esa vio­lencia aflora al exterior es porque ha superado los mecanismos que tene­mos y que hemos aprendido a través de nuestra educación para contro­larla. Este pensamiento es peligroso porque justifica las reacciones vio­lentas como algo que llevamos en nuestros genes y que, claro, algunas veces se puede escapar al dominio de nuestra voluntad. Es decir, todos y todas somos violentos y es la edu­cación la que hace que controlemos más o menos esos impulsos. NADA MÁS

INCIERTO. El Holocausto judío, que supuso una violencia antes no conocida por la humanidad y que asesinó a más de seis millones de personas, fue ideado y llevado a cabo por gentes muy educadas –se puede educar para el amor o para la violencia–. Por tanto, la violencia no es algo que esté en nuestros genes, sino una opción que está en nues­tras manos el ejercerla o no.

SOMOS PACÍFICOS PORQUE PODEMOS SER VIOLENTOS. Somos justos porque podemos ser injustos. Somos ca­paces de amar porque también lo somos de odiar. Somos honrados porque podemos robar. Es decir, so­mos lo que somos porque también podemos ser lo contrario.
Ahora bien, hemos de reconocer que es muy difícil desembarazarse de la idea de que la violencia la lle­vamos en nuestra sangre. Y es com­plicado porque la Historia que nos enseñan y aprendemos está llena de violencia. Todo, o casi todo, son: batallas, guerras, luchas, conquis­tas. Muchos de los grandes perso­najes que estudiamos, casi todos hombres, lo son por el poder que atesoraron a través del ejercicio de la violencia. Podríamos decir que la Historia que conocemos está ahíta de sangre y que da la sensación de que el uso de la violencia es impres­cindible para llegar a ser un gran personaje. Y también hoy en día las noticias se tiñen de rojo. Los distin­tos medios de comunicación des­tacan la violencia en sus titulares, dándonos la sensación de que no es posible un mundo sin violencia, no ya porque no haya condiciones para ello, sino porque violencia y mundo van siempre unidos.

OTRA GRAN MENTIRA tras la que se esconden inconfesables intereses egoístas de determinadas personas y grupos. Porque si abrimos bien los ojos ve­remos que por cada acto de violen­cia hay millones de actos de amor. Por cada puñetazo hay millones de miradas tiernas, por cada insulto millones de caricias y por cada agre­sión millones de besos. Lo triste es que una sola bala sea noticia y no lo sean los millones de miradas tiernas, de caricias y de besos. El mundo, la humanidad no ha sobrevivido gra­cias a los belicosos personajes que estudiamos en la Historia y que hoy en día inundan los titulares de los medios de comunicación. NO. Estos son los enemigos de la humanidad, los que hacen peligrar su supervi­vencia.

El mundo, la humanidad ha sobrevivido gracias a la ternura, a las caricias, a los besos, a los abra­
zos, a los actos de solidaridad y de justicia. Y el mundo, si consigue so­brevivir y seguir siendo humanidad y no desaparecer, lo logrará a base de amor. Somos seres que necesita­mos del cariño de las otras personas para crecer y vivir. Somos seres por­tadores de ternura porque estamos hechos de amor. Solo la violencia ejercida voluntariamente por aque­llas personas que renunciaron a ese manantial del que nacieron son las que ponen en peligro nuestra exis­tencia y la de toda la humanidad. Así que no pienses nunca que si eres violento es porque lo llevas dentro. Nada más falso.






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