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El Petiso Orejudo, bestia de principios de Siglo XX

El Petiso orejudo


Cayetano Santos Godino

"El Petiso Orejudo", apodo dado a Cayetano Santos Godino (Buenos Aires, 31 de octubre de 1896 - Ushuaia, 15 de noviembre de 1944), fue un asesino en serie que asoló la ciudad argentina de Buenos Aires con sólo 16 años. A principios del siglo XX fue responsable por la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.


Cayetano Santos Godino (a) El Petiso Orejudo

Biografía

Sus comienzos

Cayetano Godino nació en la ciudad de Buenos Aires el 31 de octubre de 1896. Era hijo de dos inmigrantes calabreses, Fiore Godino y Lucia Ruffo, y tenía siete hermanos. Su padre era un alcohólico golpeador que estaba enfermo de sífilis. Entre los cinco y diez años Cayetano concurrió a varios establecimientos educativos, de donde siempre era expulsado.
El 28 de septiembre de 1904 y con sólo siete años comete su primer delito: llevó a un terreno baldío a Miguel de Paoli, un niño de 21 meses de edad, donde lo golpeó hasta que fue detenido por un policía. En 1905, y con el mismo modus operandi, Cayetano llevó a su vecina Ana Neri, de 18 meses de edad, a un baldío donde comenzó a golpearle la cabeza con una piedra. Afortunadamente un policía volvió a detenerlo, pero fue liberado esa misma noche.
En marzo de 1906, volvió a llevar a una niña a un baldío donde intentó estrangularla y luego la enterró viva. A los 10 años Cayetano pasaba el tiempo torturando animales, hasta que fue descubierto por su padre y fue recluido en la Alcaldía Segunda División más de dos meses.
El 9 de septiembre de 1908 intentó ahogar a Severino González Caló, de 22 meses de edad, pero nuevamente fue detenido a tiempo y liberado al otro día. El 15 de septiembre intentó quemar los párpados de Julio Botte, de 20 meses, pero esta vez consiguió huir. El 6 de diciembre los padres volvieron a llevarlo a la comisaría, pero esta vez permaneció encerrado tres años en la Colonia de Menores de Marcos Paz. A pedido de sus padres fue liberado el 23 de diciembre de 1911, pero a diferencia de lo que se esperaba su violencia empeoró. Los padres le habían conseguido un trabajo pero sólo duro tres meses en él, ya desempleado volvió a vagar por las calles.


Santos Godino, fotografía recién detenido


1912

El 26 de enero de 1912 fue encontrado muerto en una casa desocupada Arturo Laurona, de 13 años. El 7 de marzo de ese mismo año incendió el vestido de Reyna Vainicoff, de 5 años, quien murió días después. A finales de septiembre incendió una estación de tranvías, incendio que fue controlado por los bomberos. El 8 de noviembre intentó estrangular a Roberto Russo, pero fue detenido. Esta vez fue procesado por intento de homicidio, pero fue liberado por falta de méritos. El 16 de noviembre golpeó a Carmen Ghittoni, quien sólo recibió heridas leves ya que Cayetano fue detenido por un policía.

El 20 de noviembre raptó a Catalina Neolener, quien comenzó a gritar y alertó a un vecino de la zona que la rescató. A finales de noviembre incendió dos galpones, que fueron rápidamente apagados.

El 3 de diciembre de 1912 encontró a Jesualdo Giordano jugando en la puerta de su casa, le ofreció comprarle caramelos y logró llevárselo. En un almacén en las cercanías compró caramelos y le dio algunos. Lo llevó a una quinta cercana y, prometiéndole más caramelos, lo convenció de entrar. Allí tiró al menor al suelo e intentó estrangularlo con la soga que llevaba como cinturón, pero como se resistía cortó la soga y la usó para atarle las piernas y las manos. Comenzó a golpearlo hasta que tuvo la idea de introducirle un clavo en el cráneo. Comenzó a buscar un clavo y se encontró con el padre del menor en las afueras de la quinta, le dijo que no sabía donde se encontraba su hijo e ingresó nuevamente a la quinta con el clavo. Pensando que Jesualdo Giordano se encontraba todavía vivo, tomó una piedra que usó como martillo. Después de introducirle el clavo en el costado del cráneo, cubrió el cuerpo con chapas y huyó del lugar. El cuerpo fue encontrado minutos después por el padre de la víctima. A las 8 PM de ese día, Cayetano fue al velorio de su víctima, al acercarse al ataúd decidió tocarle la cabeza para comprobar los efectos del clavo. A las 5:30 AM del 4 de diciembre fue detenido por la policía, confesando todos sus crímenes.


Santos Godino, con el arma homicida, Diciembre de 1912

Otras notas

Un día de 1906 el empleado municipal Fiore Godino entró en la comisaría décima, de la calle Urquiza 550, a los gritos y clamó ayuda para controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años.
-¡Señor Comisario, yo no puedo con él! Es imposible dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los niños del barrio... y si lo encierro en casa es peor, se pone como loco. El otro día encontré una caja de zapatos, había matado a los canarios del jardín y les había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi cama..
El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la calle 24 de noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al juez. Tras una reprimenda fue devuelto a sus padres. Como no mejoraba, en 1908 lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Iba a pasar allí tres años, pero no sirvió para nada.


El proceso a Godino se prolongó por dos años, durante los cuales el “petiso” fue recluido en el Hospicio de las Mercedes. Las más importantes figuras de la psiquiatría criminal concurrían para examinar al reo y comprobar cómo era aquel ser al que la prensa calificaba de “fiera humana”. Muchas voces reclamaron que se lo condenara a la pena capital, que entonces estaba en vigencia para delitos como el homicidio, aunque no podía aplicarse a menores. Para esa altura, Godino tenía 15 años.

Godino fue procesado por tres homicidios (los de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano) y once agresiones. El proceso nunca esclareció si cometió otros crímenes más. Se dijo con insistencia que el “oreja” había matado a otros niños, por ejemplo la pequeña María Rosa Face, una nena perdida que nunca apareció ni viva ni muerta.. También al niño Lautaro Marchi, que no figura en el expediente criminal.
No había mucho que discutir en el proceso a Godino, asesino y pirómano confeso. Para el doctor Domingo Cabred, célebre analista y director del Hospicio, Cayetano era un imbécil o bien un loco moral.: su degeneración provenía de la falta de afectos, la limitación de su inteligencia y su impulsividad mórbida. “Tiene conciencia y memoria del impulso destructor”, sostenían los dictámenes, pero era “un degenerado hereditario” y eso explicaba su sadismo.

Godino era examinado como un cobayo, en el diagnóstico se destacaban sus características físicas: la escasa talla (medía 1,51 metros), la cabeza pequeña (microsomía), la extensión de sus brazos (abiertos alcanzaban 1.85 metros), sus orejas desmesuradas y en asa, su miseria física y la desmesura de su órgano sexual. Todo conducía a una conclusión: estaba predestinado al crimen.

El doctor Cabred sostuvo este diálogo con el “Petiso Orejudo”:

¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz?
Feliz.
¿No siente remordimientos por lo que usted ha hecho?
No entiendo.
¿Piensa que será castigado por sus delitos?
He oído que me condenarán a 20 años de cárcel y que si no fuera menor me pegarían un tiro.
¿Por qué incendiaba las casas?
Porque me gusta ver trabajar a los bomberos. Cuando ellos llegaban yo les colaboraba acercándoles baldes con agua.
¿Y robar le gusta?
He probado pero no me gusta

¿Qué pasaba por la mente de Godino cuando cometía los crímenes? Según sus propias palabras, una fuerza ingobernable lo dominaba, el dolor le partía el cráneo y ese sufrimiento sólo se aliviaba golpeando, matando. Sin embargo, todos los exámenes médicos descartaron que padeciera epilepsia.
Godino fue condenado a reclusión perpetua en 1914, y fue destinado a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde podía ser aislado en una celda. Allí pasó varios años, aprendió a leer y a ecribir, a sumar y restar.

En 1923 se inauguró en Ushuaia un presidio de máxima seguridad, que se llamó “la cárcel del fin del mundo”. Godino, severamente custodiado y engrillado, fue trasladado a ella.


Condena

El 4 de enero de 1913 ingresó preventivamente al Hospicio de las Mercedes, donde intentó asesinar a varios internos. Debido a los informes médicos que lo declaraban un alienado mental, el juez Oro lo sobreseyó por considerarlo irresponsable de sus actos, y ordenó que permanezca en el Hospicio. Este fallo fue confirmado por el juez de segunda instancia, pero el 12 de noviembre de 1915 la Cámara de Apelaciones lo condenó a cárcel por tiempo indeterminado, porque no era un imbécil absoluto como lo establecía el art. 81 del Código Penal. La Cámara además sostuvo que había mejorado debido al tratamiento dado en el Hospicio, por lo que el 20 de noviembre ingresó en la Penitenciaría Nacional.
El 28 de marzo de 1923 Godino fue finalmente trasladado al penal de Ushuaia. A comienzos de 1933 estuvo un tiempo en el hospital del penal por la paliza que le dieron los presos luego de matar a dos gatos que eran las mascotas del penal. A partir de 1935 estuvo constantemente enfermo y sin recibir visitas, hasta que murió el 15 de noviembre de 1944 en condiciones poco claras.


El Petiso Orejudo, luego de su detención

Informes Médicos

Estos son resúmenes de los informes médicos, que constan en el Archivo General de los Tribunales. Buenos Aires, República Argentina, Sección Penal, Legajo número 2255 - Criminal, 2° Cuerpo, folios 213-260.

Informe Negri-Lucero (31 de enero de 1913)

• El procesado Godino es un alienado mental o insano o demente, en las acepciones legales.
• Es un degenerado hereditario, imbécil que sufre la locura moral, por definición, muy peligrosa.
• Es irresponsable.

Informe Victor Mercante (24 de febrero de 1913)

• Cayetano Santos Godino no sabe leer, escribe tan solo su firma y conoce los números hasta 100. Posee una suma de conocimientos generales muy mala, obtenidos por educación refleja.
• Es un tipo absolutamente inadaptable a la escuela común; solo la educación individual hubiera podido alcanzar algún éxito.
• Se ha desenvuelto en un medio desfavorable a la formación de una conducta correcta.
• Priman en él los instintos primarios de la vida animal con una actividad poco común, mientras que los sociales están poco menos que atrofiados. Es un tipo agresivo, sin sentimientos e inhibición, lo que explica su inadaptabilidad a la disciplina didáctica.
• Ofrece del punto de vista físico, numerosos estigmas degenerativos, los más característicos del tipo criminal.
• Sus sentidos y la capacidad para conocer, no ofrecen anomalías, se presentan normales; asimismo normales sus capacidades psíquicas, si bien inestable la atención por falta de dirección afectiva.
• En cambio, ofrece como estigma fundamental de su vida moral, la idiotez afectiva; los sentimientos sociales, directrices de la acción, son poco menos que nulos.
• Dé suerte que sus estados de conciencia contienen normalmente, todos los elementos menos uno, fundamental que la desequilibra, el afectivo, que es algo así como el timón de la conducta.

Informe Ernesto Nelson (1 de abril de 1913)

Godino es un caso de degeneración agravada por el abandono social de que él ha sido víctima, y que por lo tanto no puede hacérsele responsable de sus crímenes, aún cuando su libertad sería peligrosa.

Informe Esteves-Cabred (29 de mayo de 1913)

• Que Cayetano Santos Godino se halla atacado de alienación mental.
• Que su alienación mental reviste la forma de imbecilidad.
• Que esta imbecilidad es incurable.
• Que Godino es totalmente irresponsable de sus actos.
• Que presenta numerosas anomalías físicas y psíquicas.
• Que carece de condiciones para el trabajo disciplinado.
• Que tiene noción de la responsabilidad de sus actos, lo cual se observa en muchos alienados.
• Que es un impulsivo consciente y extremadamente peligroso para los que lo rodean.
• Que debe permanecer, indefinidamente, aislado en el manicomio en que se encuentra.


En el Penal de Usuahia

Víctimas

• Miguel de Paoli: Intento de asesinato. Fue golpeado y arrojado sobre unas espinas.



• Ana Neri: Intento de asesinato. Golpeada en la cabeza con una piedra.



• NN: Asesinada. Enterrada viva luego de un intento de estrangulamiento.

• Severino González Caló: Intento de asesinato. Intentó ahogarlo.



• Julio Botte: Lesiones. Fue quemado en un párpado con un cigarrillo.

• Arturo Laurona: Asesinado. Fue golpeado y luego estrangulado.

• Reyna Vainicoff: Asesinada. Su vestido fue incendiado y murió días después.

• Roberto Russo: Intento de asesinato. Sufrió un intento de estrangulamiento.

• Carmen Ghittoni: Intento de asesinato. Fue levemente golpeada.

• Catalina Neolener: Lesiones. Sólo recibió golpes ya que sus gritos alertaron a un vecino.

• Jesualdo Giordano: Asesinado. Fue golpeado, estrangulado y su cabeza atravesada por un clavo.

Nota: se encuentran en las fuentes citadas abajo muchas más fotografías de las víctimas del Petiso Orejudo, que por violentas y crueles, prefiero no publicarlas, ya que este aporte se trata únicamente de la historia de uno de los enemigos públicos Nº 1 que tuvo nuestro país a principios de siglo XX y no morbosidad barata.


En la cárcel, con ropa de recluso

Artículos de la época:

La Prensa, Buenos Aires, sábado 27 de enero de 1912, año XLIII, número 15.067, pag. 15.

NOTICIAS DE POLICÍA EN UNA CASA DESOCUPADA Crimen alevoso - Menor atropellado

EN BUSCA DE LOS AUTORES
Los empleados de la sección 18ª de policía, se hallan empeñados desde ayer, en el esclarecimiento de un crimen alevoso que hasta este momento permanecía envuelto en el mayor misterio. Pocas veces, felizmente la crónica policial registra hechos como éste que pone de relieve la existencia de criminales verdaderamente desalmados.

HALLAZGO DE UN CADÁVER
En una casa desocupada de la calle Pavón 1531, una persona cuyo nombre se reserva, que fue a ella en la mañana de ayer, con objeto de visitarla, se vio en la última habitación ante un cuadro cuya descripción resultaría conmovedora, por tratarse de un atentado contra un menor de 13 años. El visitante, al encontrarse con el cuerpo de un adolescente, trató de examinarlo, creyendo al principio que se tratase de alguno de esos pequeños vagabundos, que, cansados de vagar por las calles, se hubiera refugiado en dicha casa; pero su sorpresa fue grande, cuando comprobó que estaba en presencia de un cadáver, el cual presentaba a simple vista, signos de violencia.

LA DENUNCIA
Inmediatamente, dio cuenta del hallazgo al agente más próximo, el cual comunicó lo que ocurría a sus superiores, concurriendo momentos después al lugar del hecho, el comisario de dicha sección, señor Eduardo Vivas y el subcomisario señor Guillermo Straw Barnes. Estos, al examinar el cuerpo, notaron que el autor o autores del crimen habían cometido actos indescriptibles, después de los cuales estrangularon a la víctima.

LAS PRIMERAS DILIGENCIAS
Mientras se disponían algunas diligencias, el comisario señor Vivas dio aviso del hecho al juez de instrucción doctor Gallegos, y al médico de la repartición policial. Estos se constituyeron en la casa de la calle Pavón con el objeto de adelantar en lo posible en la instrucción del sumario. A juzgar por las opiniones del facultativo, la muerte del menor debería haberse producido ayer, pues por la denuncia presentada por el padre de la víctima, ésta falta de su casa desde las primeras horas de la tarde del jueves. El menor se llamaba Arturo y su padre Miguel Gourora, se presentó el día citado en la comisaría 18ª, con el objeto de dar cuenta de la desaparición de su hijo. El subcomisario Straw Barnes; a cuyo cargo está la instrucción del sumario, llevó a cabo ayer varias diligencias, con el objeto de obtener algún detalle que pudiera colocarlo sobre la pista de los criminales, habiéndose conseguido un indicio que puede dar buenos resultados.

EL CRIMEN
Los criminales, según opinión de la policía deben haber entrado en la casa utilizando, para abrir la puerta de calle, llave igual o ganzúa, pues cuando el denunciante entró, las puertas estaban perfectamente cerradas y nada hacía suponer que en la última habitación se hubiera desarrollado un drama de esta naturaleza. Ninguno de los vecinos de los alrededores recuerda haber visto, durante el día de ayer entrar a individuos acompañados del menor, lo que hace suponer que los autores del crimen aprovecharon la noche. Las ropas de la víctima fueron halladas en un rincón y presentan signos de violencia.

SOBRE LA PISTA
Los funcionarios policiales, después de una serie de trabajos, han logrado detener a una persona que puede contribuir al esclarecimiento del crimen. Algunos chicuelos de los alrededores del teatro de este hecho, suministraron un detalle que creemos prudente reservar, con el fin de no entorpecer a la policía. Los criminales son dos, por lo menos, y no sería difícil que se tratara de delincuentes conocidos, cuyos domicilios no distan muchas cuadras de la casa de la calle Pavón. El juez de instrucción, doctor Gallegos, dispuso que los médicos de los tribunales, mañana a primera hora, practiquen la autopsia del cadáver.

La Prensa, Buenos Aires, domingo 28 de enero de 1912, año XLIII, número 15.068, pag. 13.

EL CRIMEN DE LA CALLE PAVÓN Las averiguaciones policiales

La justicia de instrucción y la policía de la sección 18ª se ocuparon activamente, durante todo el día de ayer, del crimen, perpetrado en la persona del menor Arturo Laurora, hecho ocurrido días atrás en la casa de la calle Pavón 1541, y del cual nos ocupamos en nuestra crónica anterior. Numerosas han sido las indagaciones ordenadas por el juez que entiende en la causa, a fin de obtener detalles que sirvan para el esclarecimiento del hecho, habiéndose conseguido algunos indicios que tal vez den buen resultado. En el sumario declararon varias personas, entre ellas, las que realizaron el hallazgo de Arturo, y el dueño de la casa de la calle Pavón, y unos menores que conocían a la víctima. La policía sigue sobre la pista de un individuo sobre quién recaen vehementes sospechas de ser el autor principal del crimen.

La Prensa, Buenos Aires, sábado 9 de noviembre de 1912, año XLIV, número 15.350, pag. 14.

HECHO CRIMINAL INTERVENCIÓN DE LA POLICÍA
Aproximadamente, a las 4:30 de la tarde anterior, el niño de dos años y medio Roberto Carmelo, desapareció del domicilio de sus padres, calle Carlos Calvo 3890. Fue denunciada por la tarde su desaparición a la policía, la que por circular telegráfica recomendó averiguar su paradero, a las comisarías seccionales del municipio. Anoche, un agente de la sección 12ª, mientras efectuaba una recorrida, en un terreno alfalfado, situado en la calle Artes y Oficios, entre las de Tarija y Pavón, encontró un menor. Hallándose éste tendido, próximo a una casilla de madera. Tenía ligado al cuello un piolín y los pies atados con una cinta. A consecuencia de la ligadura estaba semiasfixiado. Un menor de 16 años, que merodeaba por los alrededores fue detenido preventivamente. Por las circunstancias que rodean al hecho, se supone que Carmelo ha sido víctima de un atentado bestial. Para su esclarecimiento, se practica una investigación sumaria y se dio cuenta al juez de instrucción doctor Del Campillo.

La Prensa, Buenos Aires, miércoles 4 de diciembre de 1912, año XLIV, número 15.375, pag. 15.

NOTICIAS DE POLICIA LOS CRÍMENES MISTERIOSOS ASESINATO DE UN NIÑO DE 3 AÑOS UN HECHO SALVAJE

Intervención de la Justicia

LAS PRIMERAS DILIGENCIAS SOBRE LA PISTA

La policía de la sección 34ª está empeñada desde la mañana anterior en el esclarecimiento de un crimen bárbaro, que revela la existencia de delincuentes desalmados, de esos para quienes la vida de una persona es cosa efímera. Después del crimen de la calle Pavón, del que resultó víctima el niño Lanrosa, la crónica policial no registró otro hecho más horrible que el que detallaremos en seguida.

ANTECEDENTES
En una de las habitaciones de la casa situada en la calle Progreso 2185, vive don Pascual Giordano, con su esposa y tres niños, entre los cuales figuraba uno de tres años de edad, llamado Gerardo. Como de costumbre, éste último, después del habitual desayuno, salió a la puerta de calle, dónde se reunía con otros menores de la vecindad, con los cuales se entregaba a las distracciones y juegos propios de la edad. Los padres de Gerardo no notaron al principio su desaparición, hasta que don Pascual salió a la calle a fin de llevar al pequeño a su hogar, donde se le quería entrañablemente. Todos los esfuerzos que se hicieron para dar con el paradero del desaparecido, fueron inútiles, razón por la cual el padre de Gerardo se dirigió a la comisaría 34ª a fin de formular la correspondiente denuncia, la cual fue recibida por el auxiliar de guardia.

UN PADRE DESESPERADO
No obstante las promesas de los empleados de la mencionada comisaría, Giordano concurrió varias veces a ella, a fin de rogar la busca de su pequeño hijo, y como se le dijera, con el propósito de calmar su excesiva excitación nerviosa, que su hijo podía hallarse metido en alguna casa de la vecindad, el desesperado padre recorrió puerta por puerta todas las casas de los alrededores, sin obtener resultado alguno. De regreso de una de las idas a la comisaría, Giordano se detuvo en el portón de la quinta de Moreno, de la cual salía un menor, al que preguntó por su hijo, obteniendo respuesta negativa, a pesar de lo cual resolvió penetrar en el local.

EL HALLAZGO FÚNEBRE
Después de recorrer algunos rincones del terreno, llegó a un paraje donde existen algunas latas, cascotes y otros desperdicios, y apenas hubo avanzado algunos pasos notó que recostado a la pared y casi cubierto con un trozo de lata había un cuerpo. Giordano, creyendo al principio que su hijo se hallaba ahí escondido, a medida que se aproximaba lo llamaba por su nombre; pero cuando llegó junto a él, lo tomó en sus brazos con la misma desesperación que lo afligía, echó a correr con el niño hasta su domicilio que queda a poca distancia de la quinta mencionada. Al principio Giordano no pensó que conducía un cadáver en sus brazos, pues el cuerpo conservaba aún algún calor; pero una vez en su casa, rodeado de su esposa y de los vecinos, comprobó que su hijo había sido asesinado alevosamente. El pequeño cuerpo de Gerardo tenía atadas las manos y los pies con piolines. En el cuello tenía también otro piolín, con el cual el malhechor dio 13 vueltas con el propósito de matar por estrangulación. Además presentaba una herida en el parietal izquierdo producida por un clavo de 4 pulgadas.

EN EL LUGAR DEL HECHO
En seguida se dio cuenta del fúnebre hallazgo a la policía y concurrieron instantes después al lugar mencionado el subcomisario señor Tuñer y otros funcionarios, los cuales practicaron una detenida inspección ocular a fin de adoptar las disposiciones del caso y efectuar las primeras diligencias. Después de esto, los funcionarios aludidos, quienes obtuvieron algunos detalles de importancia relacionados con la desaparición de la víctima, se trasladaron a la casa de Giordano, dónde se hallaba el cadáver e interrogaron a los padres de Gerardo y a los vecinos, quienes manifiestan que este constituía la más grata distracción de los autores de sus días, pues tenían por él un cariño verdaderamente entrañable. Mientras se llevaban estas diligencias se dio aviso de lo ocurrido al juez de Instrucción doctor José Antonio de Oro, quien momentos después se presentó en el lugar del hecho a fin de tomar la intervención que le corresponde.

RECONSTRUCCIÓN DE LA ESCENA
El aludido magistrado, después de ordenar algunas averiguaciones, se dirigió telefónicamente al señor José G. Rossi, jefe de la División de Investigaciones y Técnica a fin de solicitarle la cooperación de la sección Seguridad Personal. El inspector general señor Laguarda y el comisario señor Irusta, dispusieron que el subcomisario señor Miguel Peire, que es un especialista en esta clase de investigaciones se hiciese cargo de las pesquisas, secundado por el oficial Santillán y otros empleados. A las 5 de la tarde estos funcionarios, el doctor Oro y las autoridades seccionales, resolvieron hacer una reconstrucción de la escena. Se condujo al pequeño cadáver a la quinta y Giordano lo colocó en la misma forma en que lo encontró. De esto se dedujo que la policía está en presencia de un crimen salvaje, cometido por una sola persona, cuyas costumbres degeneradas hacen tanto mas alevoso el hecho.

LAS PRIMERAS PESQUISAS
El subcomisario señor Peire, después de una detenida inspección por el terreno, ordenó al oficial Santillán una importante diligencia, con la cual quizá podrá establecerse claramente quién es el autor de este crimen. Los primeros pasos dados por la policía de investigaciones permiten abrigar esperanzas respecto al éxito de las pesquisas, y no sería difícil que cuando salga a circulación este diario el autor de este crimen esté detenido. Durante las primeras horas de esta madrugada se efectuó un allanamiento; pero debido a lo avanzado de la hora no nos fue posible obtener detalles precisos respecto a sus resultados. Si el criminal logra ser detenido tendría que responder por otro delito análogo, del cual nos ocuparemos en oportunidad.

LA MADRE DE GERARDO
El dolor que este bárbaro crimen produjo en el ánimo de la madre de Gerardo es indescriptible. Baste decir que durante el día sufrió varias crisis nerviosas y que los médicos que la reconocieron manifiestan que tiene las facultades mentales alteradas. Momentáneamente fue alojada en la comisaría, así como también su esposo, cuyo estado de abatimiento hace presentir algunas consecuencias de cuidado.

EL SUMARIO
En el sumario que instruye directamente el doctor Oro, constan ya numerosas declaraciones, algunas de las cuales facilitarán en extremo las pesquisas policiales. Dicho magistrado dispuso que el cadáver de Gerardo fuera remitido a la morgue, dónde los médicos forenses deberán practicarle hoy a primera hora la autopsia de práctica, ha de llegar definitivamente a una comprobación que se considera de importancia, pues de ella resultaría el verdadero móvil del crimen, el cual, cómo decimos, tiene mucha analogía, por distintas circunstancias, con otro hecho grave en el que tuvo intervención la justicia. Ilustran el sumario planos y fotografías tomadas por la sección respectiva de la sección Identificaciones.

La Prensa, Buenos Aires, jueves 5 de diciembre de 1912, año XLIV, numéro 15.376, pag. 14.

NOTICIAS DE POLICIA EL ASESINATO DEL NIÑO GERARDO GIORDANO Buen éxito de las investigaciones DETENCIÓN DEL CRIMINAL UN CASO SIN PRECEDENTES ¿QUIÉN MATÓ AL NIÑO LAURORA? EL AUTOR, CONVICTO Y CONFESO INTERESANTES PORMENORES

LA PRENSA, en su crónica anterior, interiorizada de la marcha de las investigaciones policiales, iniciadas a raíz del alevoso asesinato del niño de 3 años de edad, Gerardo Giordano, respecto del cual se dieron a conocer interesantes pormenores, anticipó al público que a la hora de salir a circulación este diario, el autor del crimen estaría en poder de la justicia. Así ha ocurrido, en efecto, y el buen éxito obtenido corresponde a la división de investigaciones y técnica, y al juez de instrucción doctor José Antonio de Oro, quién desde los primeros momentos tomó a su cargo la instrucción del sumario.

LAS PESQUISAS
Como decíamos en nuestra crónica anterior, el subcomisario Peire, los oficiales inspectores Torres y Santillán, y los empleados Spadaro y Carbone, instantes después de la reconstrucción de la escena, tomaron las primeras disposiciones con una base tan segura que no era posible dudar de los resultados finales de las investigaciones. Una hora mas tarde, el autor del crimen estaba individualizado. Sus antecedentes le señalaban como único responsable de este hecho, y le colocaban en situación de no poder eludir la acción de la justicia, por más que en una oportunidad no lejana, por una de esas casualidades que suelen favorecer a los procesados, pudo recobrar su libertad a partir de las circunstancias que rodeaban un hecho misterioso que este diario relató con una serie de pormenores que se mantenían reservados.

UN MENOR SEMIASFIXIADO
En nuestro número del 9 del mes pasado con el título de "hecho criminal" dimos noticia de que en un terreno alfalfado situado en la calle Artes y Oficios, entre las de Tarija y Pavón, un vigilante de la sección 12ª de policía encontró, en circunstancias en que efectuaba una recorrida por aquellas inmediaciones, a un niño de 2 años y medio que tenía los pies atados con una cinta. Además, en el cuello tenía fuertemente ligado un piolín. El representante de la autoridad recogió al menor y lo condujo al local de la comisaría mencionada, dónde se le informó que momentos antes estuvo a denunciar la desaparición de un niño una persona domiciliada en la calle Carlos Calvo 3890. Invitada a concurrir a la comisaría la aludida persona reconoció en el niño a su hijo Roberto Carmelo, quién estaba semiasfixiado a causa de ligaduras que tenía en el cuello, razón por la que se llamó a un facultativo a fin de que lo atendiera. Dos días después el menor quedó fuera de peligro. La policía, en los primeros momentos del hallazgo detuvo a un menor de 16 años, el cual merodeaba por aquellos parajes, sin poder justificar la causa de su presencia. Se dio cuenta del hecho al juez de instrucción, doctor Campillo, quién tomó en el asunto la participación de práctica, pero el preso fue puesto en libertad el día 12 del mismo mes "por no existir méritos para su detención".

CAPTURA DEL CRIMINAL
El subcomisario Peire, conocedor de estos detalles y de las características especiales que presentaba aquel hecho, creyó ver desde los primeros momentos en aquel preso que recobró su libertad, al autor del crimen cometido en la persona del niño Gerardo, razón por la que dispuso que los oficiales Torres y Santillán se preocuparan de detenerlo en su propio domicilio, calle Gral. Urquiza número 1970. Dichos funcionarios policiales, antes de dar un golpe en falso, quisieron conocer detalladamente las costumbres del presunto criminal, por lo que se dedicaron a hacer algunas averiguaciones por los alrededores de la casa, lográndose saber que éste tenía por costumbre retirarse a horas avanzadas de la madrugada, pues como carecía de ocupación, lo mismo descansaba de día. El presunto criminal vivía en dicha casa con sus padres y otros hermanos, quienes trataban de inducirlo en vano a la buena vida. A las 4:30 de la madrugada anterior, el subcomisario Peire, en compañía de los nombrados oficiales se presentó en el indicado domicilio logrando detener al sospechado en circunstancias en que se hallaba en el patio de la casa tomando mate.

EL PRIMER INTERROGATORIO
Un menor que habita por las inmediaciones de la quinta de Moreno suministró a la policía, momentos después del crimen, algunos detalles referentes a la filiación de un sujeto a quién vio salir de dicha quinta y la primera medida de reconocimiento fue llamar a aquel menor, quién no titubeó en afirmar que el detenido estuvo por aquellos alrededores. Igual afirmación hizo el padre de Gerardo, agregando que en medio de su desesperación le preguntó al preso si vió a su hijo, a lo que contestó "que fuera a la comisaría, que ahí debía estar.". Después de estos dos reconocimientos, se le llevó a presencia del juez Oro, quién lo sometió a un minucioso interrogatorio; pero el preso se limitaba a decir que nada sabía, y que si estuvo en aquellas inmediaciones lo hizo con el único objeto de pasear porque se encontraba sin ocupación. No obstante estas negativas, la policía logró comprobar que el criminal penetró en un almacén de la esquina de las calles Progreso y Catamarca a fin de comprar cinco caramelos, dos de los cuales dio a Gerardo; pero, como éste, después de caminar media cuadra, se echara a llorar recibió los otros tres caramelos y se calmó, pudiendo ser conducido en esta forma al lugar dónde fue hallado. Con todos los antecedentes reunidos y las pruebas obtenidas por la policía, no cabía ya duda alguna respecto a la responsabilidad del preso, y se le remitió rigurosamente incomunicado al departamento central.

LA CONFESIÓN
Una vez en el departamento le interrogaron de nuevo el señor Peire y el oficial Torres; a quienes confesó de plano que él era el único autor de la muerte de Gerardo, confirmando en sus declaraciones que todas las pruebas reunidas por la policía de investigaciones eran exactas. Agregó que el niño aludido estaba en la puerta de su casa; que lo llamó y le hizo algunos cariños; que una vez en la esquina aludida compró caramelos, con los cuales logró llevarlo hasta la quinta; que una vez en el portal de ésta el niño se resistió viéndose obligado a arrastrarlo de una pierna hasta el lugar dónde le dio muerte. Pocas veces la policía y la justicia habrán tenido en su poder un ser tan degenerado como Santos Gorino, que tal es el nombre del asesino, para quién no existe el más leve remordimiento en la relación de su alevoso crimen. Habla con la mayor tranquilidad y se expresa en una forma tan clara, que parece demostrar una satisfacción especial en el momento de historiar los pormenores del hecho. Preguntando luego sobre el hecho de la sección 12ª, cuyas características son iguales a las que rodean la muerte de Gerardo, manifestó, que también fue el único autor, y que cuando abandonó el terreno de la calle de Artes y Oficios creía que el menor Roberto Carmelo había muerto.

EL CRIMEN DE LA CALLE PAVÓN
El 27 de enero del año actual, una persona cuyo nombre se reserva, denunció a un agente de la comisaría 18ª que en circunstancias en que visitaba la casa desocupada de la calle Pavón, número 1541, encontró en una de las piezas del fondo el cadáver de un menor. El agente comunicó el hecho a sus superiores, y momentos después se trasladaban a la casa aludida el comisario señor Vivas y el subcomisario señor Guillermo Straw Barnes, quienes de adoptar las primeras medidas, dieron cuenta del hecho al juez de instrucción doctor Gallegos. El cadáver fue hallado sin ropas, con un cordel ligado fuertemente al cuello. El día anterior don Miguel Laurora denunció en la comisaría citada que su hijo Arturo, de 13 años, había desaparecido de su casa y que a pesar de las diligencias practicadas por el denunciante y algunos vecinos, no fue posible dar con su paradero, ni conocerse el rumbo que pudo haber tomado, a pesar de su corta edad. Una hora más tarde el padre reconoció que el cadáver era el de su hijo. Después de una inspección ocular, el doctor Gallegos, resolvió dar intervención a la comisaría de investigaciones, la que trabajó empeñosamente en el esclarecimiento del hecho; pero con resultados negativos, pues ninguno de los vecinos de los alrededores pudo suministrar el más leve detalle referente a la filiación del probable autor de este crimen. No obstante esto, cuando se conocieron los antecedentes del hecho de la calle Artes y Oficios, se pensó de nuevo en aquel crimen y hasta se iniciaron diligencias de importancia para llegar al esclarecimiento. La figura de Santos Gorino estaba sindicada como probable en el referido crimen. Ayer por la tarde, el señor Peire, el oficial Torres y el secretario del doctor Oro, doctor Ávila, se trasladaron a la casa de la calle Pavón, acompañando al detenido, a fin de que reconociera la habitación dónde cometió su primer crimen, y decimos su primer crimen, porque en sus declaraciones aludió a la referida casa, agregando que no recordaba con precisión el lugar ni el número; pero que sí sabía que hace ya algún tiempo, en una casa desocupada cuya puerta encontró abierta, ahorcó a un chico. Después de esta visita, no cabe duda que Santos Gorino es también el autor de la muerte del niño Laurora.

EL CRIMINAL
Santos o Cayetano Godino, nació en esta capital el 20 de diciembre de 1896, y cuando ya tenía nueve años, según se verá, sus padres ya no sabías que hacer con el. En abril de 1906 su padre se presentó ante el señor Francisco Laguarda a fin de que le aconsejara lo que debía hacer con su hijo Santos, cuya conducta incorregible le proporcionaba frecuentes disgustos con los vecinos, a quienes apedreaba e insultaba frecuentemente. Después de algunos trámites, la policía obtuvo que un mes más tarde se le encerrara por cuatro años en la Colonia de menores de Marcos Paz. En este establecimiento su conducta fue incorregible y en distintas oportunidades demostró la anormalidad de sus instintos con otros compañeros de prisión. Se nos informa que tres veces logró evadirse de la colonia, siendo detenido más tarde por los guardianes del establecimiento. Cumplido el término de su reclusión fue nuevamente entregado a sus padres, y estos empezaron de nuevo a sufrir las consecuencias de la degeneración nata de su hijo, para quién no había consejos, ni promesas, ni buenos tratos, ni medios posibles para conseguir que se dedicase al trabajo.

LO QUE DICE EL CRIMINAL
Instantes después de levantada la incomunicación de Santos, pues ya no existían, después de la confesión de sus crímenes, razones para mantenerla, conversamos largamente con él, a fin de conocer los motivos que tenía en cuenta para cometer esos hechos. -Muchas mañanas- nos dijo -después de los rezongos de mi padre y de mis hermanos, salía de mi casa con el propósito de buscar trabajo, y como no lo encontraba sentía ganas de matar a alguien. Entonces buscaba a alguno para darle muerte. Si encontraba algún chico me lo llevaba a alguna parte y lo estrangulaba. Al preguntarle si luego no se arrepentía de sus actos criminales, manifestó que no, imprimiendo a sus palabras una despreocupación que revela sus malos instintos. "Solo un momento, continuó, tuve lástima de lo que hice. Anoche fui a la casa de Gerardo, a fin de saber lo que se decía de mí, y cuando ví al chico en el cajón me dieron ganas de llorar. Después salí corriendo de la casa, porque me dio miedo.". Algunos vecinos reconocieron al malhechor y agregaron que con toda sangre fría tomó la cabeza del pequeño cadáver y la examinó detenidamente, hecho que no dejó de causar extrañeza. En ese momento los padres de la víctima se hallaban en la comisaría rigurosamente incomunicados, porque a uno de los vecinos se le ocurrió decir que el autor de la muerte de Gerardo podía ser el propio padre. La policía seccional, en este caso, obró con excesiva ligereza.

ALGUNAS VISITAS
Durante la tarde anterior, la oficina del subcomisario Peire, dónde se encontraba el detenido, se vió frecuentada por numerosos facultativos, quienes acudían a reconocer a Santos, cuyos estigmas degenerativos son evidentes. Varios médicos de la repartición policial no titubearon en manifestar que se trata de una bestia humana, y que en los anales de la criminología moderna no se registra un caso análogo, razón por la que las personas que se dedican a esta clase de estudios tendrán oportunidad de aprovecharlo en beneficio de la ciencia. El juez de instrucción, doctor Oro, lo hará reconocer con dos especialistas, a fin de que estudien el tipo y lo clasifiquen como corresponde.

EL SUMARIO
El aludido magistrado, el doctor Ávila y los funcionarios policiales que intervinieron en esta pesquisa, no descansaron un instante, desde el momento de su intervención, razón por la que puede decirse que el sumario estará terminado hoy o mañana, a más tardar. Solo faltaba llenar algunas diligencias indispensables, y esperar el informe de los facultativos que practicaron ayer por la mañana la autopsia al pequeño cadáver. El director de la fotografía judicial, señor Sohonet, entregará hoy la reconstrucción de las distintas escenas del crimen.
La Prensa, Buenos Aires, viernes 6 de diciembre de 1912, año XLIV, número 15.377, pag. 13.

NOTICIAS DE POLICÍA LOS CRÍMENES DE SANTOS GORINO Nuevas comprobaciones LAS PESQUISAS POLICIALES OTROS DETALLES

El juez de instrucción doctor Oro, y los empleados que tomaron parte en las investigaciones policiales que dieron por resultado la captura del autor de la muerte del niño Gerardo Giordano, se ocuparon durante el día anterior en la realización de varias diligencias destinadas a comprobar otros hechos criminales cometidos por Santos Gorino, quién en sus declaraciones manifiesta tener una larga serie de delitos. Al principio de sus manifestaciones, tanto la policía como la justicia abrigó una pequeña duda respecto a sus relatos; pero como todos ellos se comprueban, hasta con testigos que el precoz criminal cita con el mayor descaro, dicha duda desapareció, dejando subsistente la convicción de que se trata de un ser predestinado para el crimen. El señor Peire y los oficiales Torres y Santillán, lograron comprobar que son ciertos los hechos que se citan a continuación, cuyos detalles suministró Gorino a la policía. Según el criminal, el 9 de septiembre del año 1908, encontró en la puerta del corralón situado en la calle Venezuela número 3648, al menor Severino González, de 22 meses y lo condujo al corralón de los señores Consiglio hermanos, destinado a la venta de potros, dónde existe una pileta para el baño de animales, en la cual fue arrojada la criatura por Santos, quién con una tabla trataba de hacerla ahogar. En estas circunstancias fue sorprendido por Caviglia, a quién Gorino manifestó que el chico se le había caído. Poco tiempo después el criminal se apoderó de otro niño de 20 meses, Julio Bote, quién estaba en la puerta del corralón situado en la calle Colombres 632, y con un cigarrillo le quemó los ojos. En estas circunstancias fue sorprendido por el padre del menor, razón por la que Gorino se dio a la fuga. El 20 del mes pasado, Gorino tomó de un brazo a la menor de 5 años, Catalina Naolenar, la que jugaba sobre un montón de arena en la esquina de las calles Constitución y Muñiz. Con engaños la condujo en dirección a la calle Directorio; pero una vez ahí la menor se negó a seguir, motivo por el cual la tomó a golpes de puño, lesionándola. Al ser sorprendido, dijo que la menor estaba extraviada. Gorino y otras personas la llevaron a la casa de los padres. Tres días después de la casa Urquiza 1664 tomó a la menor Carmen Gittone y la condujo a un terreno. Una vez ahí intentó matarla pero como notó la proximidad de un vigilante, huyó. Pocos instantes después volvió manifestando al representante de la autoridad que la aludida menor estaba perdida y que él conocía su domicilio. Luego la acompañó hasta su casa. También manifestó que hace ya algunos años se apoderó de un menor y que lo arrojó a un cerco de espinas. Además, dice, que hace tres años enterró en una zanja a un chico en un terreno que existe en la esquina de las calles José María Moreno y Rivadavia. Santos Gorino agregó que actualmente en dicho terreno existe una casa de reciente construcción; pero que él recuerda dónde estaba la zanja. Interrogados algunos vecinos al respecto manifestaron recordar que existía una zanja y que en ella fue enterrado un chico el que se salvó milagrosamente. La mayoría de los hechos están comprobados. El criminal manifiesta que después de cometer sus delitos volvía al lugar del hecho a fin de saber lo que se decía de ellos. Durante el día de hoy se efectuarán otras comprobaciones. En cuanto a la muerte de Arturo Laurora, todo quedó comprobado.

La Prensa, Buenos Aires, sábado 7 de diciembre de 1912, año XLIV, número 15.378, pag. 13.[b/]

NOTICIAS DE POLICÍA LOS CRÍMENES DE SANTOS GORINO Algunas observaciones NUEVOS DETALLES

El juez de instrucción doctor Oro, el secretario doctor Ávila y los funcionarios policiales que intervienen en el esclarecimiento de los hechos cometidos por Santos Gorino, continúan trabajando en el sumario. A medida que el tiempo transcurre y las investigaciones avanzan, los hechos se aclaran y se aumentan en proporción fantástica y novelesca, a tal punto que el malhechor resulta ser también un incendiario. El criminal fue conducido en la tarde anterior a una de las oficinas de la división investigaciones, dónde un grupo de personas conversó con él. Su descaro, su manera de expresarse durante los interrogatorios que se le formulan, su afán de relatar hazañas, casi inverosímiles, si se considera su edad, revelan claramente que ese adefesio humano está envalentonado por la glorificación de sus propios crímenes. LA PRENSA, por mas que desee informar al público de los minuciosos detalles que Gorino proporciona, cree que estos casos, sin precedentes en la historia del crimen, deben ser relegados al secreto de la justicia, a fin de que ella les aplique el correctivo que corresponde

Imágenes:



Graffiti en una pared en Usuahia


Conocido graffiti en Usuahia



Fuentes:
http://www.petisorejudo.com.ar/
http://es.wikipedia.org/wiki/Petiso_orejudo
http://www.mundoredondo1.com.ar/Satelites/petiso.htm
http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/El_Petiso_Orejudo/El_Petiso_Orejudo.php
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