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El "Rodrigazo", un ajuste que dejó su huella en los argenti



El "Rodrigazo", un ajuste que dejó su huella en los argentinos

Fue en el gobierno de Isabel Perón, e impulsado por Zinn, Rodrigo y López Rega. Provocó una gran inflación y precipitó la crisis que desembocó en el golpe de 1976.








Mañana me matan o mañana empezamos a hacer las cosas bien". Con esa frase, Celestino Rodrigo explicó lo que haría al día siguiente, el 4 de junio de 1975, hace hoy treinta años: ni más ni menos que el "Rodrigazo". El flamante ministro de Economía había asumido el 2 de junio, después de haber sido secretario de Seguridad Social. Había sido catapultado a ese puesto por decisión del ministro de Bienestar Social, José López Rega, el personaje que realmente manejaba el poder en el gobierno de Isabel Perón. Y fue después de que en mayo de ese año, su antecesor Alfredo Gómez Morales dijera: "Yo no tengo lo que hacer ya en el Gobierno".


En efecto, la crisis se precipitaba incontenible con un índice de costo de vida que en términos anuales, en mayo, alcanzaba a 80,5%, y en los precios mayoristas, a 75,4%. No obstante, la intensa expansión producida en el primer año del gobierno justicialista a partir de mayo de 1973 aún hacía rendir sus frutos y el desempleo se ubicaba en abril de 1975 en un insólito —para los índices de las décadas siguientes— 3,2%.


El "Rodrigazo" consistió en devaluar el peso ley llevándolo de 10 a 26 en lo que hacía al dólar comercial; el dólar financiero pasó de 15 a 30 pesos ley, y se creó un nuevo tipo de cambio turístico, en 45 pesos. Ya Gómez Morales, en marzo, había llevado el cambio comercial de 5 a 10 pesos y el financiero de 10 a 15. Las tarifas eléctricas subieron de 50 a 75%. La nafta súper, 172% y la común, 181%.. Igual otras tarifas. Nunca en la Argentina había habido semejante ajuste de precios relativos, ni tanta inflación y devaluación, más una recesión que acabó con 11 años seguidos de crecimiento. Y todo en un contexto de vacío de poder tras la muerte de Perón en 1974 y una espiral de violencia.


Rodrigo, un ingeniero que, igual que López Rega, hacía prácticas esotéricas y había sido funcionario en el primer gobierno peronista, tenía la esperanza de quitar expectativas sobre el dólar paralelo, que subía sin pausa.


Sin embargo, ello continuó. Al mes y medio, Rodrigo volvió a devaluar. En tanto, las reservas internacionales se desinflaban y pasaban de 1.400 millones de dólares a fines de 1974, a 700 millones en junio del 75. La perspectiva era una inminente cesación de pagos con una deuda externa de US$ 10.000 millones.


Rodrigo quería adelantar los precios a los salarios para luego estabilizar, en medio de una liberalización al capital extranjero que corporizaba su viceministro, el banquero Ricardo Zinn, autor del eslogan usado tras el golpe de 1976: "Achicar el Estado es agrandar la Nación". Zinn quiso sobre todo licuar las deudas empresarias.


Pero el sindicalismo rechazó los planteos del trío Isabel-López Rega-Rodrigo que limitaban las subas de salarios por paritarias a 38% y luego a 40%. Los gremios lograban en cambio aumentos de 70% o más, pues desde el sector liberal que ganó el gobierno se alentaba una explosión que terminara de una vez con el anterior control de precios, que rigió en 1973/75. Muchas convenciones laborales que rigen hoy fueron suscriptas entonces.


La Presidenta consultó con López Rega, que se mantuvo intransigente. Y la CGT decretó un contundente paro general de 48 horas acompañado por los gremios combativos.


Rodrigo hizo por TV una dramática apelación al país para que aceptara su plan, sin efecto. El 21 de julio renunció, dos días después que López Rega huyera del país. Durante 49 tormentosos días ejerció el Palacio de Hacienda, preparando el terreno de lo que luego sería la política económica del proceso militar y Martínez de Hoz.


Rodrigo estuvo preso casi 4 años por cargos referidos a irregularidades en el gobierno de Isabel, mientras la Presidenta al final fue al exilio y Zinn trabajó para el régimen militar, como en la década de 1990 haría para el menemismo. Rodrigo falleció en 1987 defendiendo su plan pero lamentando que su nombre se asociara a uno de los peores ajustes que recuerden los argentinos.
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