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Esta es la razón por la que no debes poner papel en inodoro

La naturaleza es muy sabia. Ha puesto todo en el lugar que debía estar: la piel por fuera de los plátanos y no por dentro, los tubos de dentífrico que hacen que los tres colores de la pasta de dientes no se mezclen o las neveras para poder mantener fría la cerveza. La madre naturaleza no hace las cosas porque sí y solo tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobarlo.

Es verdad que, por lo que sea, también tomó decisiones algo creativas y que, por qué no decirlo así, son una putada brutal, como el tener dedo meñique para aplastarlo contra las patas de las camas o nos dotó de las ganas de ir al lavabo en los momentos menos adecuados… ¿no se podía expulsar la materia orgánica de una forma más higiénica? ¿Por esporas o algo así?



Y es que es de esto último que os queremos hablar hoy… o al menos de algo que se relaciona de forma directa con esto, para ser más concretos. ¿Cuántas veces os ha pasado que habéis ido a vuestro centro comercial favorito a comprar esa licuadora que estaba en oferta en la sección de electrodomésticos cuando, de repente, algo parecido a una pequeña bomba atómica ha estallado en tu interior: te estás cagando.

En ese momento, tu única opción es salir corriendo al lavabo del centro comercial y disponerte a crear la Tercera Guerra Mundial en miniatura desplegada por completo a través de tu recto… pero entonces abres el lavabo y todo se te viene abajo.



Lo que te encuentras, la estampa en la que se dibuja el inodoro es absolutamente lamentable y nauseabunda: parece que alguien más vino por la licuadora en oferta y la noche anterior, al igual que tú, también se atiborró a burritos y chilli picante.

Es entonces cuando coges varias tiras de papel para colocarlas en la taza y, de forma patética y lamentable (lamen-mesa para los que no sepan inglés), y te sientas encima para, tú también, contribuir un poco a ese caos que, en el fondo, es de lo más armónico.




Pero es que, según ha demostrado la ciencia esto de poner un poco de papel alrededor de la taza, lejos de ayudar a mitigar el ataque de bacterias hacia tus nalgas, lo que podría hacer es empeorarlo todavía más… ¿A qué se debe esto? ¿Cómo puede ser que más sea menos?

La explicación es tan simple como compleja: los diseñadores de asientos de inodoro, en su infinita sabiduría, idearon estos artefactos para evitar en la mayor medida posible que las bacterias se adhiriesen a la superficie del mismo y cumplen esta función de forma bastante correcta desde entonces.



El problema viene cuando, al ponerle papel, creamos una superficie a la que las bacterias le encanta engancharse… tirando así por los suelos el trabajo de cientos de 100tifikos que, a lo largo de los siglos, han intentado mantener a nuestro pompis lejos de cualquier mal.


Pero es que el papel ni siquiera debe estar en contacto con el asiento para contagiarse: cada vez que utilizamos el inodoro, partículas y bacterias se liberan al aire y se enganchan, con todo el cariño del mundo, a ese rollo de papel que, ignorante de él, cuelga de la pared del cuarto de baño.



Es decir, que si lo que quieres es evitar las bacterias… lo mejor es dejar de lado ese papel, ya que lo que estarás haciendo es duplicar o triplicar la cantidad de bacterias que, potencialmente, pueden afectar a tu organismo.

Lo mejor que puedes hacer es poner clínex que lleves encima o llevarte tu propio papel higiénico… te lo advertimos: tu trasero está en juego.


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