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¿Está la maldad escrita en nuestros genes? (I)




¿Es el ADN de Charles Manson diferente de cualquiera de las personas normales? Las últimas investigaciones en genética y neurociencia tratan de resolver el misterio.



Cuando se completó el Proyecto Genoma Humano en 2003, e incluso anteriormente, muchos pensaban que la lectura completa de nuestro ADN daría como resultado la identificación de genes asociados con diversos comportamientos. Hubo incluso quien especuló sobre la posibilidad del gen que determinara la orientación sexual o nuestra forma de ser.

La genética y los últimos avances en epigenética han derribado varios de estos mitos. No se han descubierto genes que directamente provoquen la aparición de enfermedades mentales, por ejemplo, en el caso de psicópatas. Pero la ciencia sigue buscando entender la influencia de la información genética sobre este tipo de comportamientos, teniendo en cuenta siempre la importancia de las condiciones ambientales y otros parámetros como la educación, la cultura o las experiencias vividas durante la infancia.

Ante este escenario tan complejo, ¿hay alguna traza en nuestro ADN que indique algún signo de maldad?¿Qué diferencia hay entre los genes de un asesino psicópata y una persona normal? Es importante que entendamos que no existen respuestas definitivas a estas cuestiones, ya que las enfermedades psiquiátricas son realmente complejas como para identificar un determinado gen candidato.


La pista de la serotonina

El problema en la determinación de un gen específico relacionado con comportamientos psicópatas está en que debemos analizar una gran cantidad de genomas de una población enorme. Solo así podríamos (estadísticamente hablando) relacionar la presencia de una mutación con los rasgos violentos comunes de los psicópatas.

Sin embargo, desde hace tiempo se relaciona la aparición de comportamientos psicópatas con los niveles de serotonina. En particular, este neurotransmisor funciona como mensajero químico en nuestro sistema nervioso, y se ha especulado sobre su importancia en la regulación de la temperatura corporal, el humor, la ira o el apetito.

Un estudio publicado en 2007 en la revista Journal of Neuroscience relacionaba los bajos niveles de serotonina en dos zonas del cerebro (nucleus accumbens y córtex prefrontal) en ratas con comportamientos violentos y psicópatas en estos animales.

Además, en roedores se había observado que existía una expresión más baja de los genes que codifican para los receptores de serotonina en el córtex prefrontal, en particular en aquellos individuos que se mostraban más agresivos tras consumir alcohol. Estos dos resultados indicaban que tras la pista de la serotonina se podían esconder muchos de los secretos de los comportamientos psicópatas de asesinos en serie, tales como el famoso Charles Manson.
Los psicópatas y su menor respuesta emocional

Como comentábamos antes, las enfermedades psiquiátricas presentan una complejidad enorme para ser estudiadas. Sin embargo, algunas de las características de estos psicópatas son bien conocidas por todos, como es el caso de la menor respuesta emocional que presentan.

Por este motivo, otro trabajo de investigación, publicado en la revista Neuroscience and biobehavioral reviews, volvía a incidir en la relación entre el transportador proteico de la serotonina con posibles acciones violentas y/o agresivas.

En particular, el estudio profundizaba en la caracterización de algún tipo de cambio en el ADN del gen que codifica para este transportador. Hasta ahora, se conocía que el alelo de mayor tamaño estaba relacionado con el estrés, la ansiedad o la depresión en individuos. Pero hallazgos recientes sobre la existencia de otro alelo de menor tamaño apuntaban a su influencia en el desarrollo de respuestas emocionales muy reducidas, un comportamiento muy típico de los psicópatas.

A día de hoy, no existe una respuesta definitiva sobre la existencia de comportamientos psicópatas, violentos y agresivos y su relación con nuestros genes. Pero cada vez son más las investigaciones, como estas que resumían hace un tiempo en The Telegraph, las que buscan resolver estos interrogantes. ¿Dará alguna vez la ciencia con la solución a este complejo rompecabezas de la psiquiatría, la neurociencia y la genética?
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