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Estado Islamico y PKK: Guerra y Revolución en Oriente Medio



Guerra y Revolución en Oriente Medio


Por Jorge Ricardo Ottino, miembro de la Juventud Guevarista de Argentina, que durante el ultimo año pudo conocer la realidad de la lucha del pueblo kurdo y los pueblos de Oriente Medio en Kurdistán, Turquìa, Iraq y Siria.

En la actualidad hay tres grandes conflictos armados que ganan especial lugar en los medios de comunicación, y podemos decir que son los más candentes en el mundo, estos son la guerra civil de Ucrania, el conflicto Palestino-Israelí y la guerra civil Siria que también se ha desplazado a Iraq en los últimos meses.



Los tres conflictos tienen claves en común y están necesariamente vinculados a los problemas de las grandes potencias del mundo y la liberación de los oprimidos. Nadie ignora que existe una creciente disputa mundial entre el bloque imperialista tradicional -Estados Unidos, Europa y Japón- y las potencias imperialistas ascendentes -China y Rusia, fundamentalmente-. Los grandes intereses económicos, geopolíticos y militares de esta disputa, son los que en los tres casos envenenan como un cáncer a las sociedades que sufren la guerra, y son las que no permiten que los pueblos encuentren una salida pacífica y democrática, y vivan sumidos en la guerra, los bombardeos y el terrorismo: el más bestial de los productos humanos.
Mientras en Ucrania la disputa Oriente-Occidente es más patente, y hay muy pocos sectores que respondan a los intereses del pueblo y los trabajadores, en los otros dos casos, ambos del Oriente Medio, la prepotencia imperialista contra los pueblos ha levantado grandes protestas y manifestaciones. Ha sido grande la solidaridad de los pueblos del mundo con el pueblo Palestino, pero no así con el caso de las guerras de Siria e Iraq.
Hay medios populares que han llegado a manifestar que lo de los kurdos yezidíes, contra quienes el grupo terrorista Estado Islámico está llevando a cabo un genocidio de los peores de la historia, y su sufrimiento eran una especie de invento norteamericano para intervenir militarmente, y tapar mediáticamente la masacre que el Estado Terrorista y Fascistoide de Israel lleva adelante contra los Palestinos.
No podemos caer en pretender una competencia entre los pueblos agredidos, para ver quien sufre más, acusando al otro de chivo expiatorio de su propio sufrimiento.
En esto también juega un fuerte papel el desconocimiento y grave desinformación que juegan los ‘medios de comunicación’ (empresas de noticias) que hoy día son más bien un apéndice ideológico de los aparatos militares de las grandes potencias.

Entre esa desinformación y confusión nos hablan del “Mundo Árabe”, del “Mundo Islámico” y de matanzas por religión. Lo cierto es que en Oriente Medio no hay solo miembros de la nación árabe, también hay kurdos, armenios, turcomanos, asirios, caldeos, hebreos, persas, y tantas otras naciones, y entre los islámicos, tanto sunitas como chiitas, también está repleto de cristianos, yezidíes, judíos, alevitas, zaratustrianos, laicos, ortodoxos y drusos, por nombrar algunos.
Es la trampa del nacionalismo que occidente le impuso a oriente la que nos hace tropezar: luego del fin del Imperio Otomano -al finalizar la Primera Guerra Mundial-, Francia, Inglaterra y las otras potencias capitalistas impusieron un modelo de construcción de Estado-Nación totalmente alejado de la realidad de los pueblos, del mismo modo que las fronteras ficticias de América Latina. Así fomentaron el nacionalismo árabe, persa, turco, y nacieron las políticas nacionalistas de genocidio y limpieza étnica, que comenzaron con el Genocidio Armenio y Kurdo, por parte de los estados de Turquía, y también de Iraq, Irán y Siria, en el segundo caso.
El Judaísmo y el nacionalismo judío, en la historia de la civilización se desparramaron por todo el mundo, apoyando a muchos Estados-Naciones, y podemos decir que el primer nacionalismo del mundo, fue el nacionalismo judío. Fueron los judíos, durante la Segunda Guerra Mundial, las principales víctimas de ese nacionalismo, cuando esa ideología burguesa se encarnó en la maquinaria militar Nazi (nacionalista alemana).
La política de Occidente para ‘resolver’ la cuestión Judía, fue la de inventar el Estado de Israel en medio de Palestina. Y mientras masacraban grandes cantidades de judíos no nacionalistas, árabes, cristianos, ateos, y pueblos de la región, a la vez el imperialismo, como sistema mundial, ponía sus esfuerzos en desarrollar un enemigo nacionalista árabe para Israel. Fue en esa sintonía que los servicios secretos de ese país fomentaron el surgimiento de grupos como Hamas, con el objetivo de liquidar a los marxistas del Frente Popular de Liberación Palestina (FPLP), que apuntaban a unificar a todos los sectores populares, sin diferencia de credos ni etnias, en una lucha antiimperialista y por el socialismo. Era un enemigo muy peligroso para Israel, quien encuentra mucho más sencillo luchar contra nacionalistas que niegan su existencia y derechos, lo cual les otorga todo el crédito para cometer los más viles asesinatos y masacres, tratando de legitimarse en una política de autodefensa.

Muchas veces se ha victimizado al Estado de Israel por recibir bombazos indiscriminados de Hamas en plena ciudad, y también se han victimizado por el Holocausto, pero nunca los intelectuales judíos se han autocriticado de haber fomentado el nacionalismo por el mundo, con lo que desataron los odios de otras naciones, que hoy nos lleva a conflictos extendidos en el mundo, que solo sirven a los grandes contratistas de armas, y grandes empresas, y solo producen muerte, masacres y genocidios.
Con el surgimiento de la llamada ‘primavera árabe’, muchos pueblos de Oriente Medio salieron a dar la lucha democrática y popular contra regímenes nacionalistas dictatoriales y monárquicos. Ante la falta de organizaciones políticas que desde una perspectiva socialista guíen la lucha popular, esas rebeliones fueron fácilmente apagadas, pero el imperialismo aprovechó la situación para fomentar la guerra y destrucción; se montaron sobre la situación insurreccional financiando, apoyando y diseñando grupos terroristas paramilitares con agentes secretos de las potencias, terroristas de toda laya, y lumpenes criminales sacados de las peores cárceles de mundo.
Así la represión del gobierno de Al Assad en Siria, se transformó en una guerra civil, y enseguida, sobre esa situación, apareció la guerra sucia terrorista, con apoyo de Europa, Estados Unidos, y sobre todo las potencias regionales más reaccionarias y fascistas: los reinos de Arabia Saudita, Qatar y Jordania, y el Estado fascistoide de Turquía.
En Siria, al igual que en Turquía, Iraq e Irán, hay mucha población kurda, el pueblo kurdo es un pueblo milenario de la Mesopotamia, que en los últimos doscientos años ha sido sistemáticamente masacrado por las potencias imperialistas y las potencias regionales nacionalistas. Una y otra vez fueron agredidos por Saddam Hussein, los Al Assad, por el Estado Turco, por el régimen del Sha en Irán, y también por el de la ‘Revolución Islámica’. La principal fuerza del pueblo kurdo está formada por el PKK -Partido de los Trabajadores de Kurdistán-, un poderoso movimiento revolucionario de hombres y mujeres que luchan por el socialismo comunitario y se proponen no un estado propio, sino la vida en común con otras naciones, etnias y credos, con autonomías democráticas. Basándose en las diferencias y riquezas de los pueblos, lograr la unidad contra el imperialismo y los jeques feudales del Oriente Medio.
Es en el norte de Siria donde, ante la confrontación entre los nacionalistas terroristas islámicos, y el gobierno autoritario nacionalista, decidieron dar lugar a su propia Revolución Confederal, así han constituido una fuerza guerrillera de 60.000 personas y luchan fundamentalmente contra el Estado Islámico de Iraq y Siria, que fue fomentado como fuerza contrarrevolucionaria para derrotar al pueblo kurdo.
Hace ya dos años que resisten heroicamente, sin casi ninguna solidaridad internacional, que no sea de sus hermanos kurdos y pueblos aledaños. Esa fue la guerra que entre junio y agosto se extendió a Iraq. Allí también los nacionalistas kurdos hicieron parte del juego, retirando sus posiciones y permitiendo el avance de los barbaros cortadores de cabezas y violadores en masa de mujeres. Una vez más fue el PKK quien bajó de las montañas, con unos 5.000 guerrilleros para defender las ciudades y el pueblo kurdo de Iraq.
Obama aprovechó el momento para ordenar bombardeos y volver a entrar a fuego y sangre en Oriente Medio, pero el pueblo de la región sabe muy bien que es la guerrilla revolucionaria y socialista quien realmente está enfrentando al monstruo terrorista y al imperialismo al mismo tiempo.
Creemos que la lucha que se da en Palestina como en Siria e Iraq, tienen un mismo sentido. Contra los estados capitalistas y las fuerzas nacionalistas genocidas, no hay otra forma de vencer que con los presupuestos del socialismo y de la vida en paz y democracia de las grandes mayorías.
Las tendencias nacionalistas en América Latina, una y otra vez han caído en el error de soportar a los tiranos y dictadores, cuando tienen un conflicto con el Imperialismo. Es la misma tragedia que hemos vivido en Latinoamérica con las limitaciones de los nacionalismos que acaban por aliarse al imperialismo en lugar de combatirlo, pues prefieren compartir una parte de las ganancias de la explotación de los pueblos en lugar de arriesgarse a perder sus excedentes y privilegios a manos del pueblo organizado y en lucha por el socialismo.
La diferencia radical es que en Palestina hoy las fuerzas revolucionarias y socialistas han sido destruidas por el nacionalismo árabe e israelí, mientras que en Kurdistán (en particular norte de Siria e Iraq) el movimiento revolucionario socialista más poderoso del mundo, cuenta con miles de hermanos y hermanas armados y dispuestos a dar la vida por defender su tierra, su pueblo, y afirman que ‘Insistir en el Socialismo es insistir en la Humanidad’.
En el mundo hay naciones oprimidas y naciones opresoras, nacionalidades oprimidas y nacionalidades opresoras. De los opresores surgen las guerras imperialistas, de los oprimidos surgen dos alternativas, una funcional: el nacionalismo de resistencia, y una revolucionaria: el socialismo internacionalista. La primera ve la guerra como un problema de banderas, dioses y lenguajes. La segunda afirma con el Che Guevara que ‘es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres’.
En los tres casos, con Ucrania, se expresan fuertes tendencias nacionalistas que impiden a los pueblos tomar un camino de liberación definitiva. No es algo ajeno a nuestras propias luchas políticas en Nuestra América, donde las limitaciones de las corrientes nacionalistas se dejan ver también como lo que son: los representantes ideológicos de la clase dominante local, que hace tiempo dejó de enfrentar al enemigo imperialista -aunque tenga diferencias- y ha decidido gobernar en comunidad de intereses. Así llegamos a la paradoja de que los socialistas, históricamente internacionalistas, representamos los intereses nacionales, mientras los nacionalistas, ideología del capitalismo para las capas medias y populares, acaban por ser los verdaderos representantes de los monopolios extranjeros.

Por esto es importante organizar la solidaridad con el Pueblo Palestino, condenar al Genocidio de Israel, y luchar por la ruptura de relaciones diplomáticas, económicas y militares. Ademas de insistir en la libertad a Ahmad Saadat, líder del FPLP, preso en Israel.
Así como comenzar a desarrollar la solidaridad con el Movimiento de Liberación Kurdo, exigiendo la libertad a su Presidente Abdullah Ocalan, preso en Turquía. Pues el PKK combate al terrorismo, y no debe estar en la lista de organizaciones terroristas. Y se debe exigir la ruptura de relaciones diplomáticas, económicas y militares con Turquía y las monarquías fascistas que financian el terrorismo.
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