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Estereotipos sobre los científicos

Tópicos y estereotipos sobre los científicos en el cine


Por Jordi Bozzo Mulet *.- Todo el mundo es consciente de que la Ciencia afecta directamente a muchísimos aspectos de la vida cotidiana de las personas, y sin embargo la realidad de la Ciencia y de quienes actúan en su nombre, los científicos, resultan ser grandes desconocidos para el público. La imagen que de los científicos se tiene está habitualmente basada en tópicos y estereotipos, casi siempre falsos, que a menudo han sido divulgados y popularizados por el cine, al que poco le importa deformar la realidad si el resultado redunda en favor de la espectacularidad y deslumbre del espectador.
A falta de más información de la que obtienen a través de la pantalla, el público acaba creyendo reales estos estereotipos que con frecuencia ofrecen una imagen de los científicos y sus investigaciones que no es precisamente positiva. En consecuencia, cuando los científicos deben afrontar su relación con el público profano, obtienen recelo y reprobación en lugar de confianza y ánimo.
Probablemente, los propios científicos sean un poco culpables de esta situación por no saber acercarse adecuadamente y más a menudo a la gente de la calle, aunque la verdad sea dicha, bastantes problemas tienen ya en encontrar la financiación para llevar adelante sus investigaciones como para considerar prioritaria la cuestión de cuidar su imagen ante la opinión pública. Para ilustrar de alguna manera estas ideas falsas o estereotipos que marcan a los científicos, propongo una serie de ejemplos, junto con argumentos que los desmienten y aclaran. Advierto que no soy un auténtico cinéfilo y mi visionado de películas es por ende limitado, por lo que pido disculpas si omito filmes que ofrecerían también ejemplos válidos.
Los científicos trabajan solos
Resulta sorprendente lo arraigada que está esta idea entre el publico, que ha sido profusamente difundida por el cine. Aunque quizá esté superada la imagen del científico esquivo que trabaja sobre malvados proyectos en lugares apartados e insospechados, como fuera el Dr. Frankenstein u otros científicos locos del cine de serie "B", no es menos cierto que entre mucha gente sigue persistiendo la imagen del científico que lleva a cabo avanzadísimas investigaciones completamente en solitario, aún en modernos laboratorios, sin colaboración alguna, o a lo sumo con un "ayudante". Véase si no, en películas como "La mosca" los increíbles experimentos que realiza completamente solito el científico protagonista Dr. Brundle, o incluso en "Blade Runner", donde vemos como un genetista de alto nivel trabaja completamente solo en su laboratorio, como si de un taller artesanal se tratara.
Más ejemplos: en "Star Trek: First Contact" el inventor del Motor de Curvatura -el descubrimiento científico más importante de la humanidad- lo realiza un solo científico, que para peor catadura lo caracterizan de alcohólico y pedante. En la misma serie de "Star Trek" el androide Data, que representa ser el mayor prodigio de la robótica, también fue creado por una sola persona, el Dr. Soong. También resulta poco creíble que HAL, el superordenador de la película "2001 una odisea en el espacio", fuera programado por un único programador, el Dr. Chandra. En la película "El día de Mañana", ésta más moderna, resulta que es únicamente un científico quien se percata del peligro del cambio climático inminente que se avecina, siendo por ello objeto de burla generalizada (este tema de la mofa sobre el científico discordante se trata más ampliamente en el siguiente apartado de este artículo). En definitiva, los ejemplos de científicos que responden al estereotipo de espíritu solitario son muchísimos. Cerraremos la lista citando también al Dr. Emmet Brown de "Regreso al futuro", inventor del fantástico Generador de Fluzo, que permite viajar en el tiempo.
La idea del científico individual, que podría haber sido válida en los siglos XVIII o XIX, es hoy en día impensable por inviable. La investigación científica actual, por mínimo que sea su nivel, requiere de especialización y tecnología, con lo que resulta evidente que para avanzar provechosamente en la investigación se hace del todo imprescindible la intervención de equipos de científicos, e incluso exigiendo la colaboración entre científicos de diferentes disciplinas. Es más, la investigación científica actual ha devenido un fenómeno global, hecho que se potenciará en el futuro hasta límites insospechados. Los científicos saben que el progreso de la Ciencia no puede verse obstaculizado por las fronteras, y por ello los científicos de todo el mundo han acordado utilizar una sola lengua, el inglés, gracias a lo cual los equipos de investigadores de todos los países están en constante comunicación, reuniéndose en congresos, intercambiando ideas y cooperando en proyectos pero también compitiendo y retándose continuamente, siempre en beneficio del avance del conocimiento. En este aspecto, la comunidad científica avanza por encima de políticas y prejuicios.
Es posible que esta idea del científico que trabaja solo se haya visto favorecida entre el público profano por el hecho de que cuando científicos de renombre presentan sus trabajos en público, parecen ser ellos los responsables únicos y exclusivos de la investigación que divulgan, cuando en realidad son sólo la cabeza visible del equipo que llevan detrás. También cabría considerar la tendencia que suelen tener los medios de comunicación y las personas en general a personalizar y centralizar en un solo individuo cualquier responsabilidad de acción, éxito o fracaso. En cualquier caso, convendría que empezara a arraigar entre el público la idea de la investigación científica como ejemplo de labor de equipo, por encima de individualidades.
Los científicos desprecian a sus colegas que proponen teorías extravagantes
El cine ha divulgado a menudo la imagen del científico que es objeto de chanza por parte de sus colegas al proponer ideas o teorías poco o nada convencionales, a menudo con el agravante de sufrir escarnio y humillación pública. Vean si no cómo dejan en ridículo al arqueólogo de "Stargate" o al Profesor Brainard de "Un sabio en las nubes", abandonados al ridículo por sus teorías o supuestos inventos "imposibles". Eso sí, al final siempre resultan tener la razón y salen triunfantes. Los charlatanes han sacado buen provecho de este estereotipo del científico cuando intentan colar sus invenciones como "teorías revolucionarias rechazadas por la ortodoxia científica".
Debe quedar absolutamente claro que jamás un científico se burlará de las propuestas de un colega rival. Para un profesional de la Ciencia no es difícil distinguir una teoría innovadora u original de simples majaderías, por más extraña que ésta sea. Es bien conocida la frase del premio Nobel Niels Bohr dirigida a un joven físico: "Su teoría es descabellada, pero no lo suficiente para ser cierta". Sobran los comentarios. Me viene asimismo a la memoria el caso del astrofísico Sir Fred Hoyle, que alcanzó gran prestigio al desarrollar el modelo de reacciones termonucleares en las estrellas. Pues bien, con posterioridad, Fred Hoyle se atrevió a desafiar a la Cosmología mayormente aceptada al proponer un modelo alternativo al Big Bang en el que la materia se crea continuamente. Asimismo y en otro campo científico, Hoyle se erigió en defensor de la panspermia, postulando que los cometas y otros cuerpos helados del sistema solar son portadores y difusores de organismos vivos, en clara oposición a los modelos aceptados entre astrónomos y biólogos, que otorgan a estos astros tan sólo un papel de portadores de moléculas orgánicas. Aun siendo extravagantes y no aceptadas por la inmensa mayoría de especialistas, las teorías de Fred Hoyle son tratadas con el mayor respeto.

Los científicos hacen sus descubrimientos como producto de la inspiración o la genialidad
No es cierto, o no exactamente como se piensa. Este estereotipo tiene mucho que ver con el del científico solitario, y es normal que en el cine resulte más atractivo presentar historias de científicos genios que de científicos "currantes", pero la realidad es que los casos de inspiración y de idea genial se dan sólo excepcionalmente en la Ciencia actual. La elaboración de una teoría científica o el descubrimiento de algo nuevo es fruto del trabajo constante, y no sólo de una sola persona o del equipo de investigadores, sino también de los centenares o miles de científicos que trabajan y han trabajado durante años en el mismo campo, en todo el mundo. Podríamos compararlo a la construcción de un inmenso rompecabezas o "puzzle", en el que hay que buscar, encontrar y ensamblar las piezas. El conocimiento del Universo lo construyen poco a poco miles de equipos de científicos en todo el mundo aportando el resultado de sus investigaciones, valiosas por pequeñas que sean, que constituyen las piezas del rompecabezas de la Ciencia. También hace falta conjuntar las piezas, tarea que no es fácil, y a veces alguien consigue ensamblar algunas que ponen de relieve un aspecto clave del rompecabezas, lo que diríamos una "Teoría" o "Descubrimiento" importante, pero está claro que el trabajo previo, oscuro y casi anónimo, de quien ha aportado las piezas previas, es tan decisivo como el propio ensamblaje.
Naturalmente, la inspiración y la intuición que guía el camino a seguir influye en el resultado final, pero inspiración sin trabajo y estudio previo no produce resultados positivos. El concepto de "idea genial" puede llegar, pero lo hará tras una labor tenaz, muchos fracasos y decepciones, revisión del trabajo hecho, vuelta a empezar, y tras no pocas "falsas inspiraciones". Incluso Newton, quizá el más grande genio de la Ciencia que la humanidad ha concebido, afirmó honestamente que "Si he llegado tan alto, es porque he ido sobre hombros de gigantes", haciendo referencia a su Teoría de la Gravitación, que no hubiera sido posible sin los trabajos de ilustres predecesores como Kepler, Tycho o Copérnico.
Este falso concepto de que la inspiración produce los descubrimientos científicos, es la causa de que personas sin la formación adecuada se atrevan a postular las más absurdas teorías, creyéndose haber recibido una "inspiración" o "iluminación". Estos personajes son rechazados por la comunidad científica sin detenerse a prestarles más atención, y por ello se enfurecen y claman a la opinión pública sobre la cerrazón y cuán obtusos son los "científicos oficiales", que se niegan a admitir la "evidencia" que ellos solos han "descubierto". Se hacen pasar ante el público por modernos Galileos, humillados ante la Inquisición de la "ciencia oficial", cuando en realidad, Ciencia sólo hay una, y fue precisamente Galileo quien sentó las bases del llamado Método Científico moderno, el cual ellos ahora ignoran, consciente o inconscientemente. El método científico no es más que la aplicación del sentido común en la obtención del conocimiento: observar, experimentar, medir escrupulosamente, analizar de manera objetiva, y sacar conclusiones de acuerdo con lo observado. Realmente no es fácil para el profano distinguir al charlatán del auténtico científico; el charlatán lo sabe, y se aprovecha de ello, algunos de manera maliciosa y otros por su propia ignorancia.
Los científicos creen en sus teorías como actos de fe
Relacionado con el punto anterior, existe una concepción claramente errónea sobre el modo en que se conciben las hipótesis y teorías científicas, de manera que la creencia en ellas parece ser un acto de fe. El hecho de que un científico hable normalmente de "creer" o "no creer" en una teoría, puede parecer a una persona ajena a los entresijos del mundo de la Ciencia que las teorías científicas se elaboran a base de especulaciones y suposiciones. Bien lejos de la realidad, como ya se ha dicho, una teoría se elabora en base a la observación, experimentación y deducción, y el avance del conocimiento permite que nuevos datos la redefinan o le den un nuevo enfoque. Normalmente, hasta que no se tienen suficientes conocimientos que expliquen un hecho observable, puede existir controversia entre diferentes teorías que intenten explicarlo, y entre los científicos partidarios y detractores de las mismas, pero se trata sólo de un fenómeno temporal, hasta que nuevos descubrimientos favorezcan una u otra versión y las discusiones desaparezcan.
A este respecto y retomando el tema cinéfilo, resulta patético y científicamente vergonzoso el papelón que le toca representar a Jodie Foster al final de la película "Contact", en la cual encarna a la científico protagonista que, después de vivir una experiencia extraña en el aparato teletransportador, acaba suplicando y llorando ante sus colegas que le crean ante el escepticismo que despierta la descripción de su experiencia. Jamás un científico habría reaccionado de tal modo ridículo, sino que consciente de la dificultad de probar lo sucedido, se habría puesto inmediatamente a investigar el fenómeno. Desconozco si en la novela homónima de Carl Sagan, en la cual está parcialmente basada la película, sucede algo similar.
Por otro lado, esta mala interpretación sobre la "creencia" en teorías científicas es aprovechada por los charlatanes, e incluso organizaciones con peso social, para equiparar "teorías" acientíficas a teorías establecidas siguiendo la metodología científica. Un ejemplo claro y muy grave lo encontramos en el auge del llamado Creacionismo en los EEUU, teoría que defiende que la creación del mundo tuvo lugar en tiempos bíblicos, es decir, hace unos pocos miles de años. En algunos estados el Creacionismo ha logrado equipararse legalmente a la Teoría de la Evolución, sin más base que el pretender que el creer en una o en otra se debe a un acto de fe. Una mayor cultura científica de las personas permitiría que casos como este nunca llegaran a suceder. Los científicos son unos irresponsables.
Es éste otro tópico ridículo potenciado por el cine hasta la saciedad. Véase, por ejemplo, en "El enigma de otro mundo" o su versión actualizada "La cosa", y también en "Parque Jurásico", cómo los científicos son unos inconscientes, cuales niños que no saben del "peligro" que conlleva manipular algo tan delicado como es su propia investigación. La negligencia de los científicos queda en evidencia cuando las consecuencias de su investigación, siempre nefastas, se les escapan de las manos y hay que sacarles del apuro. Se considera a los científicos inteligentes pero a la vez negligentes, a los que las personas de la calle deben vigilar para que no cometan locuras. Estos detalles pueden percibirse claramente en la opinión pública, observando cómo todo el mundo se atreve a criticar a los científicos, del daño que causan, de la insensatez de sus acciones. La ignorancia sobre la realidad de la Ciencia y los científicos genera un "miedo a lo desconocido" que provoca que hallazgos que deben repercutir en el bien de la humanidad sean mirados con desconfianza, como por ejemplo pueden ser, por estar de actualidad, la clonación o la manipulación genética.
Es habitual escuchar como gente completamente lega se atreve a despotricar contra el trabajo de los científicos e incluso al propio médico, llegando al caso de aleccionarle sobre cómo debe realizar su trabajo. Resulta, además, chocante porque la actitud ante otros profesionales es completamente distinta. Nadie osa dar lecciones al mecánico que nos repara el coche o al técnico que nos arregla la televisión ya que sabemos, aunque sea mínimamente, lo complejos que son los aparatos y lo mucho que hay que saber para conocerlos y repararlos. Sin embargo, como la mayoría de personas no posee un ápice de cultura científica, no son capaces de valorar el disparate que cometen cuando reprochan a un científico la validez de su trabajo. Naturalmente que el científico en su trabajo no es inmune a la comisión de errores, olvidos e incluso de fraude, pero el trabajo de un profesional científico sólo puede rebatirlo otro científico utilizando sus mismas armas, es decir, datos de su investigación. De hecho, la competencia entre los equipos de investigadores existe como en cualquier otro ámbito profesional, y es dura. Es parte del trabajo del científico el poner en evidencia los errores cometidos por otros, y ello constituye una de las pautas clave para el avance de la Ciencia. Seria deseable que la sociedad contemplara al científico como un profesional más y perdiera así sus recelos. Un científico obtiene prestigio a través de la publicación de libros.
Aspecto éste más sutil pero no menos decisivo, que evidencia el desconocimiento del mundo científico por parte de los profanos. También aquí el cine aporta su granito de arena en no ofrecer una imagen real de la divulgación del conocimiento científico, pero en este caso, mas bien por desconocimiento que intencionadamente. Véase por ejemplo "Parque Jurásico" o "La Esfera", en que los científicos protagonistas son conocidos por otros científicos porque han leído sus libros. La realidad es distinta. Un científico se da a conocer y obtiene su prestigio a través de la publicación de artículos en revistas científicas, y la publicación de libros viene por añadidura, cuando se tiene ya una reputación.

Pero lo cierto es que muy poca gente profana sabe lo que son las revistas científicas. Se trata de publicaciones a las que los científicos envían el resultado de sus investigaciones, en las que los trabajos son sometidos a una revisión y valoración por parte de especialistas que determinarán la trascendencia, validez y calidad del trabajo presentado, siendo en consecuencia aceptado o rechazado para su publicación. Podemos citar como revistas de máximo prestigio la norteamericana Science o la europea Nature, ambas de ámbito multidisciplinar. En ellas, sólo los trabajos de relevancia científica extrema serán aceptados para publicar, tras pasar un escrupuloso proceso de revisión. Sin duda la suprema satisfacción de un científico es ver algún día publicadas sus investigaciones en sus páginas, pero si no es así, tampoco son la única opción válida, ya que existen multitud de publicaciones más especializadas que son también prestigiosas en sus propias disciplinas, por poner unos pocos ejemplos, citaremos Lancet, Cell, Physical Review Letters, Astronomy & Astrophysics, y un largo etcétera. Estas publicaciones no están normalmente al alcance del público en general, ya que se adquieren por suscripción, o bien se pueden consultar en bibliotecas especializadas. Sin embargo, existen otras publicaciones de amplia difusión que se hacen eco de las investigaciones científicas más relevantes aparecidas en esas revistas, como son por ejemplo, en el aspecto multidisciplinar, "Scientific American" y "La Recherche", o sus versiones traducidas a diversos idiomas (en castellano, "Investigación y Ciencia" y "Mundo Científico", respectivamente).
Tras conocer la realidad de lo que son las publicaciones científicas, cabe decir que en la publicación de libros no existe proceso de revisión y selección, quedando a merced de la honestidad del autor la veracidad de los contenidos publicados. Queda pues patente que cualquier charlatán puede publicar libros de pseudociencia si es capaz de convencer al editor de turno. Por ello, es habitual que los charlatanes pseudocientíficos presuman de "curriculum" de libros escritos en vez de artículos publicados en revistas científicas de prestigio.
Los científicos se reservan el conocimiento para ellos mismos
Típico estereotipo del científico en el cine, y absolutamente falso, al menos como suele imaginar la gente. Retomamos el ejemplo del Dr. Frankenstein, y también se da el caso en "La isla del Dr. Moreau", en el Dr. Xavier de "El hombre de rayos X en los ojos", y un largo etc. Como el del artista, el trabajo del científico no tiene sentido si no es dado a conocer, y cuanto más impacto y repercusión tenga, mayor es la satisfacción obtenida. Obviamente, si un científico no publica sus trabajos, es imposible que alcance ningún prestigio y si no tiene una mínima reputación ante la comunidad científica, nunca llegará a tener credibilidad. Un científico siempre aspira a que el resultado de sus investigaciones sean la referencia para sus colegas, y si llega a serlo para las futuras generaciones de científicos, el logro es máximo.
Es cierto, sin embargo, que buena parte de la investigación científica está financiada por la empresa privada, por lo que existen claras motivaciones económicas que determinan la orientación de las investigaciones en esos casos. Es posible y de hecho ocurre, que en ellas se destaquen los resultados favorables cuando se publican, y se minimicen o silencien los resultados desfavorables. Pero la Ciencia es la misma para todos y la competencia entre las propias empresas existe y es implacable. Lo que a unos les puede interesar ocultar, a otros les interesará poner en evidencia. No obstante, entre la gente siempre afloran rumores sobre acuerdos más o menos secretos entre multinacionales, o incluso estados, para no revelar conocimientos por intereses comunes que suelen ser económicos. Es imposible a priori desmentir la existencia de tales pactos, aunque por su complejidad intrínseca y la gran cantidad de personas que resultarían implicadas, científicos y no científicos, los hace realmente improbables, o al menos para garantizar la confidencialidad a medio y largo plazo de los mismos. Consideración aparte merece la investigación que pueda llevar a cabo la industria militar de los estados poderosos del mundo, ya que está concebida en ese sentido, el secreto, tomando las medidas necesarias para garantizarlo.
En definitiva y como conclusión, podemos aseverar que a pesar de que la mayoría de las personas sigue con interés el avance de la Ciencia y en cierto modo admira a los científicos que desarrollan las investigaciones que permiten ese avance, existe un gran desconocimiento del científico profesional y su trabajo. El papel del cine ha favorecido y sigue favoreciendo los citados estereotipos del científico y aunque sería deseable que ello se subsanara en el futuro, no parece que las perspectivas sean favorables. Se aprecia cada vez más una espantosa falta de documentación científica, y también cultural, en la presentación de las películas. Se prima la espectacularidad en detrimento de la coherencia y la sensatez, aunque con ello se digan barbaridades, se falsee la realidad y se encasille en estereotipos a colectivos como los científicos. Quizá se realice un paso decisivo en este sentido cuando la cultura científica forme parte de la cultura real, ya que desgraciadamente, hoy día la palabra Cultura sigue siendo sinónimo de cultura de letras.
Jordi Bozzo Mulet.- Es Doctor en Biología, investigador en la Fundació Clínic del Hospital Clínic de Barcelona, redactor en la editorial científico-médica Prous Science, miembro de Aster Agrupación Astronómica de Barcelona, entidad de la que ha sido presidente y es profesor de Exobiología.
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